Capítulo 3

607 69 81
                                        

Se adentraron en la zona más exclusiva de Belgravia. Alex estacionó frente a una inmensa casona de cuatro plantas. Un valet vestido de impecable uniforme se acercó presuroso a recibirlos. Saludó a Alex, a quien evidentemente conocía y dedicó a Damon una ligera inclinación de cabeza. Tomó las llaves del auto y se dispuso a aparcarlo en el espacio reservado a los clientes.

Ya en la vereda, Damon divisó la blanca placa de mármol que adornaba la fachada. En ella podía leerse "Crimson Gentlemen's Club". Sintió alivio al comprobar que Alex había cumplido su palabra absteniéndose de llevarlo a algún antro ruidoso. El panorama no se le figuraba tan malo ahora. Un elegante club de caballeros donde podría beber una copa, fumar un puro y tal vez hasta tomar parte en una partida de billar. Entretenido y tranquilo. No era un mal prospecto, después de todo.

-¿No se requiere membresía para entrar?- preguntó Damon algo inquieto.

-No si vienes conmigo- alardeó Alex.

Atravesaron la puerta y el encargado de la recepción los recibió ceremoniosamente. Su trato también puso en evidencia que Alex debía ser un asiduo visitante.

-¿Lo de siempre, señor?

-Sí, Miles. Pero luego. Ahora le mostraré el club a mi amigo.

Tomó del brazo a Damon y lo guió por el lugar enseñándole cada una de sus amenidades. Sala de fumadores, vinoteca, biblioteca, sala de billar y juegos de mesa, restaurante, bar, gimnasio y sauna.

-Este sitio es fabuloso, Alex. No sé cómo se me ha pasado por alto. Creo que iré a fumar un puro...

Pero su amigo lo tomó fuertemente del brazo, impidiendo que se alejara.

-Esta es sólo una parte, Damon- dijo sonriendo con malicia- La más prosaica, por cierto. Aún no has visto ni lo mejor y ni lo más exclusivo del club...y para eso debes entrar conmigo.

¿Qué más podría ofrecer un club de caballeros en pleno corazón de Belgravia? Damon pareció intrigado y se dejó arrastrar hasta el último piso. Apenas identificaron a Alex, el personal de recepción abrió las puertas.

A simple vista no lucía diferente de un bar inmenso y lujoso. Una música suave sonaba de fondo. Damon observó con más detenimiento. Nuevos e intrigantes detalles comenzaron a revelarse ante sus ojos. El sitio parecía provisto de varias salidas o cuando menos estaba rodeado de muchas puertas cuya función le resultaba incierta. A diferencia de las otras salas del club, la concurrencia aquí estaba mayoritariamente compuesta por hombres jóvenes. De su edad e incluso menos. Se preguntó si las normas de la casa incluirían divisiones por franja etaria.

De repente, un detalle no menor llamó su atención. A sólo unos metros de ellos, dos hombres se besaban sin mayores reparos. La imagen no lo escandalizaba pero era sin duda atípica para un club de esas características.

Su asombro no tardaría en profundizarse cuando minutos después un jovencito lánguido de grandes ojos claros y cabello oscuro se acercó directamente a Alex. Sonriendo, le echó sus brazos al cuello y sin más preámbulos lo besó en los labios. Vio con sorpresa cómo su amigo le correspondía con inmenso entusiasmo.

-Cuánto sin verte- dijo el joven- se te extraña...

Alex volvió a besarlo con renovada intensidad.

-Espérame, ¿sí? Estaré contigo en un momento.

El muchacho obedeció y desapareció tras una de las muchas puertas que flanqueaban el salón. Damon observaba la escena boquiabierto y casi tartamudeando balbuceó.

-¿Qué...qué...significa esto, Alex? ¿Esto es...es...

-Un harem- respondió Alex sonriente.

-¡Un burdel, querrás decir!- corrigió Damon azorado.

-Prefiero verlo como un harem- insistió- pero podemos llamarlo burdel si eso te apetece. Uno muy selecto, por cierto.

-No sabía que tú...que tú...eras...gay, Alex...

No tenía sentido. Apenas podía creerlo. Su amigo había satisfecho a más mujeres de las que podía recordar.

-¡No soy gay, Damon!- retrucó Alex bufando- Considérame...un explorador. Alguien que no está dispuesto a limitar sus chances.

Damon se sentía confuso.

-¿Para qué me trajiste aquí?- preguntó fastidiado.

-Es hora de que salgas de tu letargo, Damon. Me pareció buena idea traerte a un sitio en el que no has estado nunca.

-¿¡Cómo te atreves, Alex!? ¿Qué...qué demonios te ha hecho pensar que podría interesarme estar aquí? Yo...yo jamás he estado con un hombre.

-Me lo suponía. Y por eso mismo te traje. Si nada de lo conocido te entusiasma es que ha llegado la hora de probar cosas nuevas, de explorar lo que el mundo tiene para ofrecerte, Damon.

-¿¡Te...te has vuelto loco, Alex!? ¡Ni siquiera me gustan los hombres!

-Damon, por favor. Sólo mira a tu alrededor. Hay suficiente variedad para satisfacer el gusto de cualquiera. Algo tiene que ser de tu agrado.

-¿¡Qué no puedes entender que no me interesan los hombres!?- dijo Damon casi exasperado.

-¿Cómo lo sabes si ni siquiera has probado? ¿No eres tú el que dice "tienes que probarlo todo, al menos una vez"?

Damon enmudeció. Sí, él decía eso. Pero se refería a la comida...

-Alex...- dijo resoplando- Alex...esto es...inaceptable. Es lo más escandaloso que has...

Damon continuaba gesticulando ampulosamente y su amigo lo interrumpió.

-Nos miran, Damon. Parecemos una de esas parejas que vienen aquí cada tanto y no se ponen de acuerdo para hacer un trío- dijo sonriendo- El pacato serías tú, naturalmente.

Damon miró a su alrededor, avergonzado. Nadie reparaba en ellos pero él sintió las miradas de todos clavándose sobre los dos.

-Anda, Damon. Diviértete un poco. Nadie te obliga a intimar con estos muchachos. De hecho, algunos vienen sólo por un masaje o buscando un compañero para cenar...

-Supongo que tú no eres de esos...

-No. Yo vengo por todo. Pero eso no importa. Relájate, Damon. Disfruta del lugar. Si ninguno de estos hermosos jóvenes satisface tu exigente gusto, Phil- dijo apuntando a la barra- prepara los mejores tragos de Londres. Y todos aquí son excelentes conversadores. Por algo es el sitio más exclusivo de la ciudad. Lo que sea que decidas hacer, no te aburrirás. Y ahora discúlpame, Stuart me espera.

Giró sobre sus talones y dejó a Damon solo en el inmenso salón.


El ClienteDonde viven las historias. Descúbrelo ahora