Dejaron el Crimson y se encaminaron hacia la galería. Graham no dijo una sola palabra en todo el viaje.
-¿Estás bien?- preguntó Damon apartando la vista del camino por un momento.
No pudo ver la sonrisa de Graham pero sintió su mano rozando su rodilla y eso fue suficiente para comprender que se encontraba a gusto. Una extraña mezcla de emoción, miedo, gratitud e incertidumbre se debatía en su interior. En ese momento y como pocas veces en su vida, Graham se sentía afortunado. Aún si el final de lo que sea que hubiese entre los dos se le aparecía como algo seguro e inevitable.
Llegaron y Damon abrió las puertas invitándolo a pasar. Graham avanzó pero se detuvo casi temeroso antes de trasponer la entrada. Su anfitrión le tendió la mano.
-Vamos, entra- dijo guiñándole el ojo e invitándolo a pasar con una inclinación de cabeza.
Graham se aferró a su mano y traspasó la puerta. En ese momento volvía a sentirse como aquel jovencito que deslumbrado, atravesaba las puertas del Ritz por primera vez.
Sin soltar su mano, Damon lo guió por las salas hasta llegar al espacio en que estaban expuestas sus propias obras. Esas que le hubiese gustado ver cuando sin atreverse a entrar, merodeaba fuera de la galería atisbando en su interior. Una sonrisa inmensa y radiante, como Damon jamás había visto en él, iluminó su rostro.
-Las has puesto...en la sala principal...- murmuró atónito.
-Creí que tus obras debían tener en la galería el mismo sitio que tú tienes en mi vida.
Graham sonrió y sintió a Damon a sus espaldas, estrechándolo. Sin los reparos que siempre parecían cohibirlo en público, tomó sus manos y se dejó reconfortar por su abrazo, por los besos suaves que se multiplicaban alrededor de su cuello.
De repente, vio hacia el costado y divisó a alguien.
-¡Damon!- gritó sobresaltado- ¡Tu secretaria! Seguro nos ha visto...- dijo mortificado.
-No lo dudo- respondió Damon con tranquilidad, resistiéndose a los intentos de deshacer su abrazo- ¡Eh, Kate! ¡Buenos días!
-¡Buenos días, señor Albarn!- respondió la mujer sonriendo y saludándolo con la mano en alto.
-¿Ves que no es tan difícil?- susurró a su oído- Te la presentaré más tarde. Está encantada con tu trabajo.
Llegado el mediodía, Damon le propuso pasar por el apartamento a buscar algunas de sus cosas.
-Si deseas venir conmigo a casa, claro...
Era la segunda oportunidad de negarse y escapar así del laberinto del que más tarde le costaría salir. Pero en ese momento, no podría haberse rehusado. Prefería vivir con el recuerdo de sus días juntos antes que preguntándose cómo hubiese sido estar con él ese tiempo.
-Me haces el hombre más feliz- dijo Damon.
Llegaron a casa de Damon. La amplia propiedad de dos plantas había cambiado mucho desde que meses atrás, él y Alex dieran los primeros pasos destinados a convertirla en un hogar.
Graham entró cargando su maleta. Por segunda vez en ese día, volvía a sentirse como aquel chiquillo de 17 años atemorizado frente a un mundo desconocido. Y es que casi una década más tarde, algunas cosas no habían cambiado para él. Jamás había intimado con alguien que no fuese un cliente ni había tenido ocasión de usar lo mucho que sabía para su propio placer.
Abrazó la maleta contra su pecho, como si de un escudo se tratase y siguió a Damon en su recorrida por la casa.
-Este es mi cuarto- anunció despojándolo gentilmente de su carga- puedes dormir aquí si lo deseas...si prefieres más privacidad puedes tomar este- dijo abriendo la puerta de otra habitación.
Se miraron y reinó un tenso silencio. Sus años de experiencia escudriñando el deseo ajeno y ocultando el propio le dejaron saber que Damon estaba ansioso. Casi tanto como él. Aún así, acababa de darle la tercera oportunidad de salir de la encrucijada que representaba su cercanía. Solo bastaba con elegir el cuarto correcto para imponer la distancia que lo ayudaría a olvidar cuando todo terminara entre los dos.
La pausa se prolongaba.
-Iré a preparar café...- dijo el dueño de casa, evitando presionarlo con su presencia.
-Espera...- respondió tomándolo por el brazo- puedes...puedes dejar mi maleta allí...- dijo señalando la habitación de Damon.
-¿Seguro?- preguntó casi sorprendido.
-Quiero dormir contigo...- dijo en voz muy baja pero sin desviar la mirada.
Damon entró al cuarto y dejó la maleta. Por un instante, Graham se arrepintió de su elección. Pensó que la dicha de hoy sería el sufrimiento de mañana...pero no le importó. En ese momento y por primera vez en su vida estaba exactamente donde y con quien deseaba estar. Y también por primera vez, sintió que tenía el derecho de experimentarlo, de probar el gusto del amor...o lo que sea que fuese el lazo que los unía. De nada servía engañarse diciéndose que estaba allí porque había sido contratado para ello. Pudo irse en más de una ocasión, pero no lo hizo. Volvió a considerar las posibles consecuencias de su elección y supo que estaba dispuesto a pagar por ellas. Pero ahora, no se permitiría pensar en mañana. Se dijo que el futuro se ocuparía de sí mismo. A fin de cuentas, a cada día le basta con su propia pena. Y a él...a él le bastaba con saber que sus días con Damon acabarían de una forma u otra.
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El Cliente
Fanfiction¿Qué harías por amor? Esa es la pregunta que Damon y Graham deberán responder y responderse en medio de los avatares que supone una relación inconveniente. -Los capítulos que incluyan contenido adulto serán debidamente señalizados al inicio de cada...
