Capítulo 25

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Esa noche, Damon y su flamante socio visitaron el Crimson.

-Es imposible que ninguno de los muchachos sepa nada- repetía Alex.

-Graham no tenía amigos...- respondió Damon desanimado.

-No tienen que ser amigos para hablar...si alguien sabe algo, lo descubriremos.

Llegaron al club y Alex se recluyó con su favorito de siempre, Stuart. Aunque esa noche no sólo iba en busca de placer...

Como de costumbre, Damon permaneció taciturno, sentado en la barra del bar.

-¡Ciao, bello!- escuchó la voz de Fabio a sus espaldas.

Era el muchacho italiano que vio la primera noche que visitó el club, el de los grandes ojos verdes. El mismo que siempre le daba conversación, en especial desde que lo encontraba tan apenado. El que enviaba dinero a su madre y pagaba los estudios de sus hermanos pequeños. Ese que de algún modo misterioso parecía entender su pena, quizá porque los dos cargaban el peso de la ausencia de aquellos a los que amaban. Fabio tenía un buen corazón y aunque guardaba silencio, se compadecía de él.

Intentó animarlo con bromas sobre temas triviales. Pero fue inútil. Damon alzó de repente la vista y lo vio de lleno. Sus ojos vidriosos le lanzaron una mirada de súplica y de sus labios salió un pedido desesperado.

-Te lo ruego, Fabio. Dime donde se encuentra. Pagaré lo que sea...

Apremiado, el muchacho apuró su trago.

-No tienes que pagarme nada...si lo supiera...

-Lo sabes- urgió Damon- ¿Cuán grande es este círculo? Todo se sabe, alguien debe haberlo visto...

-¿Lo amas, verdad?- preguntó apartando la vista con discreción.

-Profundamente.

-Damon...- dijo bajando la voz y adoptando una extraña mirada de piedad- ¿Has pensado que...que tal vez sería mejor no saberlo?

-¿Qué insinúas, Fabio? Me asustas...

-No...descuida. No hay nada que temer. Sólo que tal vez...tal vez no quieras saberlo.

-Lo que sea que sepas, quiero saberlo. Te lo ruego Fabio, una vez más.

El italiano suspiró.

-Hace algún tiempo, en pleno verano...un amigo que trabaja en el Ritz y fue compañero de los dos lo ha visto...

-¿Dónde? ¿Dónde?- apremiaba Damon.

-Al parecer...al parecer ahora trabaja por su cuenta, bueno eso cree Steve y por eso está enfadado. Y si no estaba trabajando...pues entonces está con alguien. Es un tipo importante...ahora no recuerdo su nombre. Pero puede que lo conozcas porque también es galerista.

-Está con alguien...- repitió Damon con un hilo de voz.

La sola idea de que pudiese amar a otro lo sumía en un inocultable desasosiego.

-Bueno...no lo sé. No soy yo quien lo ha visto...- respondió Fabio apremiado.

-¿Pero por qué tu compañero supone que podría no ser un cliente? Imagino que debió decírtelo.

El muchacho comenzaba a lamentarse por haber hablado. Pero ya no podía retroceder.

-Él...él los vio...- la pausa se prolongaba y Damon comenzaba a exasperarse.

-¿Qué vio? ¡Habla Fabio, por favor!

-Él los vio besándose...- dijo atropellándose con las palabras- eso...eso es algo que Graham no haría con un cliente. De hecho...recuerdo que...- el muchacho dudaba y su interlocutor volvió a insistir.

-¿Qué? Dilo de una vez...

-Una vez, aquí mismo...un cliente intentó besarlo varias veces. Y Graham se negó a atenderlo...es por eso que...que supone que podría ser...algo más personal.

La mirada de Damon se oscureció de tal modo que Fabio sintió pena. Más de la que ya sentía. Y sólo por eso, se apresuró a añadir.

-Aunque nunca se sabe. En este trabajo, cada acuerdo es distinto y quizá tuvo una buena razón para acceder- dijo tratando de relativizar la severidad de una de las reglas más populares de su oficio y que Graham parecía seguir a rajatabla.

Pero su intento fue en vano. Para ciertos temas, todos los acuerdos eran iguales. Y él lo sabía. "Sólo beso a los que yo amo...y esos no me pagan", Damon recordaba bien sus palabras cuando se había negado a besarlo, la primera noche que compartieron en el Crimson. Y mantuvo su negativa por bastante tiempo. Era un gesto que reservaba para pocos, una pequeña parte de sí mismo que quedaba fuera de toda transacción. Si lo ofrecía, debía tener una razón. Y no era el dinero.

Damon sintió un dolor opresivo apoderándose de su pecho. Recordó la noche de la fiesta. Aquel galerista extranjero que conocía a Graham, ese con que intercambió miradas cómplices, el que se despidió con un "hasta pronto" cargado de deseo. Pensó en el hombre que había comprado su pintura, también él tenía galerías. Pensó en infinidad de opciones hasta caer en la cuenta de que Graham había alternado con infinidad de hombres. Él mismo se lo recordó al dejar la fiesta. Podía volver al salón y hallar a varios dispuestos a irse con él. Aún así, deseaba saberlo.

-¿Quién es el hombre y dónde los vio?- insistió.

-Ya te dije que no recuerdo su nombre...- respondió el italiano cada vez más nervioso.

-¿Von Hartmann?- comenzó a indagar- ¿Sheldrake? ¿Rutherford? ¿Blake?- balbuceó.

-¡Blake! ¡Ese es! Ya lo recuerdo- dijo chasqueando los dedos- los ha visto juntos en Ibiza.

Damon resopló contrariado.

-¿Por qué mientes, Fabio?

-¡No miento!- protestó el muchacho.

-Fabio, tengo contactos en Migraciones. Han chequeado su pasaporte y me consta que no ha dejado el país.

-¿Qué pasaporte han verificado?

-¿A...a qué te refieres?- preguntó aún más confundido.

-Graham viaja con pasaporte alemán...

-¿¡Pasaporte alemán!?

-Nació allá, ¿no lo sabías? Su padre es militar...

-Sabía lo de su padre...

-Pues estaba acantonado allí cuando él nació. En una base aérea, si mal no recuerdo. Eso le da derecho al pasaporte...

Damon se tomó la cabeza con las manos y Fabio continuó.

-Vivió en Alemania hasta casi los 6 años...¿no has notado que habla el idioma sin acento?

Pero ya casi no podía escuchar lo que el muchacho decía. En su mente, sólo trataba de hallar una explicación que justificara la presencia de Graham junto al hombre que se había empeñado en arruinarlo y de hecho, estuvo cerca de hacerlo. ¿Estaba a su lado o trabajaba por su cuenta? Y aún si así fuera, ¿por qué había elegido estar con él? El hombre que no había dudado en humillarlo públicamente, que lo había nombrado apelando a los peores términos.

"¿Por qué, Graham? ¿Por qué?" Se preguntaba en medio de la más honda desazón.

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