La noche siguiente, Damon se encaminó hacia el club dispuesto a sortear cualquier obstáculo que se antepusiera a su objetivo, incluyendo la fastidiosa lista de espera que hacía prever un notable retraso en sus planes.
Fue recibido por Steve, el hombre que se ocupaba de las reservas y manejaba la agenda de todos los muchachos. Nada escapaba a su control. Damon le comunicó sus propósitos y desde luego, su oferta. Pero encontró una rotunda negativa. De poco sirvió dejarle saber que el dinero no supondría inconveniente alguno.
-¿Hay...hay algún problema?- preguntó con cautela, pensando que quizá el propio Graham había manifestado su voluntad de no cruzarse con él.
-No, no exactamente...- respondió Steve, intentando mantener total discreción acerca de la situación de su pupilo- usted ha dicho que lo necesita a la brevedad y Graham ha tenido que ausentarse.
-Ya veo...- dijo intentando sonsacar un poco más- otro compromiso en el exterior...
-Ha tomado unos días libres...por razones personales- respondió con semblante serio.
Damon supuso que él mismo tendría mucho que ver con las "razones personales" que lo habían apartado de su trabajo y su apretada agenda. Tal vez se alejaría del Crimson hasta hacerle comprender que ni siquiera deseaba verlo allí. Pero Damon no estaba dispuesto a rendirse tan fácilmente. Dejó el club y partió hacia el apartamento de Graham.
Su presencia allí no había sido algo inusual en los últimos meses por lo que el guardia, confiado, lo dejó pasar tras intercambiar el saludo de costumbre. Subió y toco el timbre.
-Damon, vete por favor. No puedo abrir ahora- respondió Graham que lo había visto a través de la cámara de seguridad.
-¿Por qué? ¿Qué sucede?
-Estoy acompañado.
Damon supo que mentía. No tenía familia ni amigos. Jamás había visto a nadie en su casa, ni siquiera el teléfono había sonado en su presencia. Y desde luego, no atendería clientes en su hogar. Era una regla básica de su oficio.
-Graham, por favor. Sólo será un momento. Vine a traerte el cheque de la venta.
-Pásalo bajo la puerta...
-¿Lo dices en serio?
La pregunta y el tono hicieron reflexionar a Graham. Cayó en la cuenta de que no tenía otra opción más que abrirle. Damon se había interesado en su trabajo, expuso su obra, se hizo cargo de una transacción que debió manejar él mismo, evitándole así la vergüenza de cruzarse con alguien que conocía...¿acaso podía dejarlo en la puerta? ¿Podía negarle un momento de su atención?
Tomó coraje y abrió. La visión que se ofreció a Damon lo paralizó.
-¿¡Graham!? Santo cielo, ¿¡qué te ocurrió!?
-Nada...
Damon entró sin esperar a ser invitado. Recorrió con la vista la habitación. Era evidente que no había nadie más. Posó su mirada en la mesa y no pudo dejar de reparar en la gran cantidad de medicamentos que allí se apilaban. Se acercó.
-¡Damon, basta!- gritó Graham tomándolo de un brazo.
Se deshizo de él y caminó hacia la mesa poblada de analgésicos inyectables, antiinflamatorios y vasoconstrictores. No comprendía. Lo había frecuentado durante meses y casi le constaba que no estaba enfermo. Se volvió para mirarlo otra vez. Se veía mortalmente pálido. Hasta donde podía divisar –y no era mucho, pues una bata lo cubría por completo- tenía marcas amoratadas en el cuello y las muñecas. Una sugestiva línea igualmente azulada asomaba en la base de su garganta. Cuando avanzó hacia él, notó que caminaba con dificultad.
ESTÁS LEYENDO
El Cliente
Fanfiction¿Qué harías por amor? Esa es la pregunta que Damon y Graham deberán responder y responderse en medio de los avatares que supone una relación inconveniente. -Los capítulos que incluyan contenido adulto serán debidamente señalizados al inicio de cada...
