Pasaron una larga y agitada noche en el Crimson. La vida oculta que bullía en el último piso nunca cesaba.
Damon despertó pero Graham no estaba a su lado. Se incorporó en la cama, restregando sus ojos encandilados por la luz de la mañana y allí lo vio, sentado en el mismo sitio donde le había regalado tanto placer la noche anterior. Bañado, vestido, arreglado y listo para lo que se le demandara. El rostro sumido en una expresión entre tierna y melancólica, los grandes ojos oscuros clavados en Damon.
-No te oí levantarte...- dijo todavía soñoliento.
-Se supone que así debe ser- respondió con voz suave y fría.
-¿Ah, sí? ¿Es la segunda regla? No besas y te levantas sin hacer ruido...
-No se nos paga sólo por sexo. Se nos paga para marcharnos rápido y en silencio cuando todo termina.
Su férrea obstinación crispaba a Damon. Si sólo accediera a confiar en él, si sólo se permitiera a sí mismo...pero recordó las palabras de Alex y supo que no tendría caso tratar de razonar, ofrecer discursos ni hacer promesas.
-Ven acá- dijo alargando el brazo y ofreciendo su mano.
Graham obedeció y Damon lo instó a sentarse a su lado.
-¿Has notado algo?
-¿Qué cosa?
-Anoche...anoche me explicaste cómo funciona esto. Dijiste algo así como que yo pago y tú haces lo que pida...
-Así es.
-En la noche hemos hecho mucho y...hasta donde recuerdo, yo no te pedí nada...
-No...no comprendo...- respondió confundido.
-Sólo digo que, recordando todo lo que hablamos, yo nunca te pedí nada. Si hasta creo haber dicho que haría todo lo que tú quisieras. ¿No lo recuerdas?
Graham se sintió acorralado. Su prodigiosa memoria trajo a su mente sus palabras y las de Damon y en efecto, "su cliente" jamás le había demandado nada. "Haré lo que a ti te plazca"...y eso habían hecho.
-Todo cuanto sucedió anoche- dijo Damon- fue idea tuya y asumo que ha respondido a tus deseos...sólo espero haberlo hecho bien- sonrió levantándose.
Con sorpresa, se percató de que los roles parecían casi invertidos. El cliente había cumplido todas sus demandas. Damon no había solicitado nada...y él mismo sólo había hecho todo lo que hacía ya mucho tiempo deseaba hacer. Se había excitado trabajando y eso no podía conducir a nada bueno. En evidencia y enfadado consigo mismo preguntó desafiante.
-¿Para qué me dices esto?
-Para que lo tengas en cuenta...- gritó Damon antes de entrar en la ducha.
Graham se dejó caer sobre el sillón tomándose la cabeza entre las manos. Se había delatado, estúpidamente. Suponía que engañaría a Damon con su conducta profesional y distante y sólo se había engañado a sí mismo. Todo el esfuerzo dedicado a mantenerlo a raya, todo el autocontrol al que voluntariamente se había sometido...todo arrojado por la borda en una sola noche. ¿Qué haría ahora? Se preguntó qué caso tendría fingir desinterés y peor aún, cómo lo haría. Y faltaban semanas...a tiempo completo. Se sintió mortalmente asustado. Ni todos sus años en el negocio parecían suficientes para indicarle qué hacer. El escenario se le aparecía como un dilema sin salida. Damon sería su ruina...o él sería la de Damon.
Si seguía pensando en él como hasta ahora, si lo dejaba entrar en su vida, ya no podría continuar siendo el que era. Y si aceptaba sus demandas -y el cielo sabía cuánto deseaba hacerlo- sólo le depararía vergüenza. No, no lo haría. Si en verdad lo quería, no podía hacerlo. Además, ¿cuánto tardaría Damon en reprocharle todo el escarnio que su presencia llevaría a su vida? Graham supo que era imposible, que debía escapar de ese laberinto. Cuanto antes huyera, más rápido olvidaría.
Damon salió del baño y lo encontró con el rostro desencajado.
-Graham...¿estás bien?
-Sí...sólo tengo un poco de frío. Es todo.
Diligente y confiadamente, como si estuviese a habituado hacerlo, como si la proximidad de sus cuerpos no fuese un descubrimiento reciente, Damon se arrodilló frente a él y le ofreció un cálido abrazo. Por un momento, Graham sintió sus angustias desvanecerse. Pensó que el tiempo se detendría allí, congelándolos en un instante en que ambos estarían libres de todo mal.
Damon lo estrechaba con fuerza, frotando su espalda.
-Estás helado...
Graham parecía conducirse con una timidez poco afín a su oficio.
-¿Qué sucede?- dijo Damon acariciando su mejilla- ¿Es porque...es porque vendrás conmigo?
No respondió.
Damon hizo una pausa y soltó un hondo suspiro antes de continuar.
-Graham...tú sabes que he hecho esto porque no me has dejado otra chance de acercarme a ti. Ni siquiera has querido oírme. Tú sabes que no me interesa ser tu cliente...sabes que quiero todo a tu lado y...
Graham posó los dedos sobre su boca, impidiéndole continuar pero Damon tomó su mano, la besó y prosiguió.
-Escúchame- insistió- tú sabes Graham, tú lo sabes todo. Y lo que no sabes, es porque te has negado a oírlo. Pero quiero que entiendas que no busco forzarte a nada y que de hecho, no lo haré. No he pagado para imponer mi voluntad. Y si estás así porque no deseas venir conmigo ahora, debes saber que no tienes que hacerlo. Y si no lo haces tampoco debes reincorporarte al Crimson...serán...unas vacaciones...unos días en los que estaré tranquilo sabiendo que nada malo va a sucederte en manos de nadie- dijo en obvia alusión a los estragos de su último trabajo.
Graham lo miró a los ojos. Hubiese deseado abrazarlo, darle las gracias, llorar sobre su hombro. Nadie había hecho algo así por él nunca. Pero no hizo nada. Continuó observándolo impávido. Sólo su rostro lívido y su respiración acelerada revelaban algo de lo que se agitaba en su interior.
Damon continuó.
-Deseaba que vinieras conmigo a la galería. Que entres por fin, que la conozcas, que veas tus obras expuestas allí.
-Pero...- un atisbo de objeción parecía brotar de sus labios.
-Me niego a consentir que sigas portándote como un paria. Al menos cuando estás conmigo.
-Sólo quería protegerte...- susurró.
-Me protegerás si comprendes de una vez lo que significas para mí. Si entiendes que estoy orgulloso de exhibir tu trabajo y que conocerte...ha sido lo mejor que me sucedió en mucho tiempo.
Graham bajó la vista intentando ocultar las lágrimas que comenzaban a inundar sus ojos. Damon le tomó ambas manos.
-Por eso quiero que vengas conmigo a la galería. Y a casa luego. Pero sólo si tú también lo deseas. No sacaré partido de esto para forzarte a hacer lo que no quieres. ¿Qué dices, Graham? ¿Vendrás conmigo?
Inesperadamente, Damon le daba la oportunidad que buscaba. Podía escapar del laberinto en ese preciso instante, si así lo deseaba. Él mismo estaba enseñándole la salida. Sólo tenía que responder.
Pero cabizbajo, guardó silencio. Y Damon sintió cómo dos gotas cristalinas caían sobre el dorso de su mano. Entonces volvió a estrecharlo, sabiendo que iría con él.
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El Cliente
Fanfiction¿Qué harías por amor? Esa es la pregunta que Damon y Graham deberán responder y responderse en medio de los avatares que supone una relación inconveniente. -Los capítulos que incluyan contenido adulto serán debidamente señalizados al inicio de cada...
