Advertencia: Este capítulo incluye contenido adulto.
Así comenzó su estadía junto a Damon. Y como no se trataba estrictamente de trabajo, Graham se permitió romper algunas reglas.
Una noche lluviosa se sentaron a ver películas. Damon lo estrechó contra sí y Graham, que jamás había hecho algo tan simple como eso, se revolvía en su asiento sin encontrar una postura que lo hiciera sentir cómodo. Fue su compañero quien lo arrellanó a su lado en el sofá, estrechándolo otra vez, plantando besos en su cabello y su cuello, vislumbrando con asombro que ese muchacho que tanto había vivido era incapaz de reconocer algunos de los más elementales gestos del amor.
Repentinamente, Graham entrelazó sus dedos con los suyos. Era una iniciativa sorprendente para alguien que fuera del dormitorio y sus faenas, no se permitía atrevimientos ni libertades en el trato cotidiano pues como resultaba obvio, no sabía hacerlo. Damon besó su mejilla.
-Parece que por fin se te ha ido el enojo que trajiste al llegar...
-No era enojo...nunca lo fue...- dijo casi escondiendo el rostro.
Lucía adorable, como el primer día que lo vio, conversando con aquel oficial. Respetando los límites que con tanta claridad había establecido, Damon cubrió de besos su cabello, cuello y mejilla, evitando con cuidado rozar sus labios.
-¿Te rindes?- preguntaba haciéndole cosquillas- ¿Pasaremos en paz estas semanas?
Graham reía. De repente, giró su cabeza y pasando su mano por detrás de la nuca de Damon atrajo hacia sí su rostro. Lo miró un instante antes de obsequiarle ese beso que siempre había eludido. Sus labios que parecían sellados se abrieron lentamente para ceder paso a los embates de la lengua de Damon que saboreaba despacio la humedad de su boca. Luego de compensarlo por todo cuanto le había negado, Graham alejó apenas su rostro. Lo miró con esa sonrisa lasciva que a veces asomaba a su boca casi como un resabio de su oficio y viéndolo a los ojos, respondió.
-Paz es justamente lo que no pienso darte estas semanas- dijo echándose con avidez sobre Damon.
Graham tenía una extraordinaria habilidad para excitarlo. Parecía haber descubierto todo cuanto le apetecía en muy poco tiempo. Comprendía y anticipaba los deseos de Damon como nadie lo había hecho antes. Pensó...no pudo no pensar que sería un talento conferido por su trabajo. Que podría replicarlo con cualquier hombre y que tal vez hasta fuese una de las razones tras su exitosa "carrera". Sintió algo vagamente semejante a los celos y decidió no pensar. De cualquier forma, era difícil hacerlo con la diestra mano de Graham acariciando su entrepierna, haciendo maravillas con la rígida evidencia de su pasión.
-Te quiero...- murmuró Damon entre sonidos guturales.
Graham se interrumpió y lo miró de lleno.
-Si me quieres...ven y tómame...- y salió corriendo a la espera de ser alcanzado por Damon cuya carrera se dificultaba a causa de las consecuencias impuestas por la pericia de Graham.
Aún así, lo alcanzó...o probablemente se dejó alcanzar cuando lo creyó oportuno. En ocasiones, Damon creía que cada uno de sus actos estaba ensayado y calculado, como debían estarlo cada noche en el Crimson. Otra vez prefirió no pensar en los impenetrables sentimientos de Graham, siempre más proclive a encender su pasión que a corresponder a su amor.
-Pagarás por esto...- dijo tomándolo férreamente por la cintura y arrastrándolo hasta el dormitorio.
Allí olvidaron el frío de la noche. Damon deliraba oyéndolo gritar su nombre hasta que su voz se debilitaba volviéndose un susurro inaudible. Sentía su pecho palpitando bajo su peso, el calor de su vientre irradiando hacia su cuerpo. Gruesas gotas de sudor se deslizaban por su espina dorsal con la misma parsimonia con que se arrastraban las horas de la madrugada.
El amanecer los encontró entregados al mismo furor con que habían mitigado el frío. Arrodillado frente al respaldo de la cama, Graham golpeaba la pared con la palma de su mano. Hubiese dado alaridos de placer si su voz no se hubiese extinguido unas horas antes. Tras él y también de rodillas, Damon embestía y masturbaba al mismo tiempo. Aferrado a su estrecha cintura, lo atraía hacia sí ante cada embate mientras Graham, siempre complaciente, cooperaba quebrando la cintura.
Terminada la faena, Graham se desplomó con la frente sobre la pared. Damon lo tomó por la mandíbula y volvió a recorrer su boca como tantas veces lo había hecho esa noche en la que había ganado el derecho a besarlo. Entonces oyó su ronco susurro.
-Te amo...
Damon quedó inmóvil.
-Dilo otra vez- apremió, intentando convencerse de que había oído lo que oyó.
-Te amo...- y casi tuvo que leer sus labios para comprender.
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El Cliente
Fanfiction¿Qué harías por amor? Esa es la pregunta que Damon y Graham deberán responder y responderse en medio de los avatares que supone una relación inconveniente. -Los capítulos que incluyan contenido adulto serán debidamente señalizados al inicio de cada...
