Capítulo 9

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Damon llamó a Graham una y otra vez durante una semana. Después de lo sucedido no deseaba aparecer intempestivamente en el club o en su casa. No sin al menos tener una conversación por teléfono. Aún sin quererlo, lo había incomodado demasiado.

Cansado de intentos infructuosos, echó mano a su último recurso. Lo llamaría al Crimson. Era miembro del club y no tendría más opción que atenderlo.

Graham respondió con frialdad y Damon intentó no volver a importunarlo con asuntos personales. Se limitó a hacerle saber que necesitaba contar con su autorización firmada para cerrar la venta de su pintura, tal y como habían acordado en su último encuentro. Era cierto y también era motivo suficiente para volver a verlo.

Por un momento temió que enviase el documento a través de otra persona. Pero pronto recordó que no tenía a nadie. Y en cuanto a Graham...la posibilidad de hacer llegar la autorización a través de un tercero era algo que ni siquiera había considerado. Por las razones que fuesen, Damon había hecho mucho por él y no se mostraría desagradecido. Y sólo por eso, lo citó en un parque cercano a la galería.

Damon llegó puntualmente. Esperó, temiendo que Graham no acudiera pero poco después apareció. Traía una expresión apesadumbrada y la mirada huidiza. Damon no lograba figurarse qué pudo hacer tan mal ni cómo lo había ofendido de ese modo.

-Buenos días, Damon- dijo sin siquiera estrechar su mano u ofrecer el beso en la mejilla con que siempre lo recibía.

-Hola, Graham...- respondió cohibido por su extrema reserva.

Sin demorarse, tomó un sobre de su bolsillo y se lo alcanzó a Damon.

-Aquí tienes el documento que me pediste...

Lo leyó constatando que contaba con todo lo necesario para actuar como apoderado en la venta.

-Parece que todo está en orden...

-Bien, entonces...de verdad te lo agradezco...- dijo ya listo para irse por donde había llegado.

-Graham, espera...- pidió tomándolo del brazo- por favor, necesito hablar contigo.

Se detuvo, sin mirarlo siquiera.

-Ven, sentémonos- dijo señalando una banca de madera.

Tomaron asiento. Graham permanecía cabizbajo, la vista fija en el jugueteo de sus dedos reposando sobre sus rodillas apretadas.

-Graham...- suspiró tomando una de sus manos que por debajo del guante, temblaba- de verdad...de verdad no logro figurarme cómo pude haberte ofendido pero todo indica que lo hice...si es así, te pido que me perdones.

-Está bien, Damon. Olvídalo...

-No puedo. Estás molesto...no has respondido mis llamados y es evidente que estás incómodo a mi lado...

-Olvídalo, Damon. Creo que sobre-reaccioné.

-¿Te molestó...te molestó que te besara?- preguntó tímidamente.

Graham rió.

-Damon...¿hablas en serio?

-He pensado mucho en nuestro último encuentro y no veo...no veo otra razón posible.

-No ignoras que me vendo al mejor postor y de verdad crees que me molestaría porque me besaste...- dijo en un tono muy serio, mirándolo por primera vez.

-No lo sé...- respondió contrariado por un realismo tan crudo como innecesario- yo no pienso en ti en esos términos.

-¿Y en qué términos piensas, Damon?

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