Capítulo 6

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Ese fin de semana, ambos trabajaron en casa de Damon. En tiempo record, reinó el orden, aparecieron muebles y "la madriguera" -tal y como Alex la llamaba- se convirtió en algo razonablemente parecido a un hogar. Damon odió el proceso de principio a fin pero quedó encantado con el resultado. No hubiese podido hacerlo sin la resolución de su amigo.

-Gracias, Alex. De verdad...creo que nunca hubiese terminado de hacerlo por mi cuenta. Últimamente...todo me resulta abrumador.

Alex palmeó su hombro. Le costaba reconocer a su amigo en ese hombre abatido que caminaba con la espalda encorvada. Damon siempre había sido enérgico y aguerrido pero el divorcio y sin duda el engaño de su flamante esposa habían mellado su personalidad hasta extremos que pocos hubiesen imaginado.

-Descuida, Damon. Para eso estamos los amigos. Debiste acudir a mí o a alguno de nosotros mucho antes.

-Lo sé...

-Casi lo olvido- dijo Alex súbitamente- traje algo para ti.

Se acercó al reluciente perchero, hurgó en su chaqueta y tomó un sobre que alcanzó a Damon.

-Lo prometido es deuda. Ahí lo tienes. Ya eres miembro del Crimson.

La noticia dibujó una inmensa sonrisa en el rostro de Damon. Por alguna razón, no había dejado de pensar en ese joven durante los dos días posteriores a su encuentro. Había sido testigo de sus habilidades y apenas conocía un esbozo de su trabajo. Parecía prometedor...pero él mismo era conciente de que no había mayores razones para tamaño entusiasmo hacia un artista inédito del que no sabía casi nada...excepto que parecía tener más éxito en las artes amatorias que en las plásticas. Se preguntó si Alex se habría percatado de todo aquello y no tardó en hallar la respuesta.

-Ahora podrás contactar a Graham...o ir a fumar puros- dijo su amigo socarronamente.

-Supongo que si no está muy ocupado...- respondió tratando de restar importancia al asunto.

-Siempre lo está. Pero puedes verlo en el salón en sus ratos libres.

-Iré en cuanto pueda- dijo Damon con displicencia, intentando disimular su inexplicable ansiedad por verlo otra vez.

-Si la memoria no me engaña, los lunes no está disponible. Digo...en caso que quieras ir mañana mismo- dijo Alex sonriente.

Pero Damon tenía otros planes. De hecho, apenas tuvo la membresía en sus manos, supo que se apersonaría ese mismo día. Tan pronto como Alex se fuera, se encaminaría hacia allá. Y así lo hizo.

Para cuando llegó, Graham no estaba en el salón. Se acomodó en la barra del bar, ordenó un trago y esperó. Debió pasar cerca de una hora cuando un hombre salió de una de las habitaciones. Un rato después la misma puerta se abrió y Graham se dejó ver. Lucía muy pálido, quizá algo cansado. Una sonrisa melancólica ocultaba el hastío que siempre experimentaba a esas horas. Damon reparó en la dulce expresión de su rostro y no pudo evitar pensar que frente a ella pocos adivinarían su oficio.

Se puso de pie y Graham notó su presencia antes de que tuviese ocasión de llamarlo por su nombre.

-¡Damon!- dijo acercándose.

Lo besó en la mejilla y Damon se sintió extrañamente reconfortado por su proximidad. Alex estaba en lo cierto, él no era intimidante.

Había tomado una ducha y su cabello aún estaba húmedo. El narcótico aroma de su piel envolvía a Damon como una invisible telaraña. Por un momento, se sintió mareado.

-¿Has venido con Alex?- preguntó con su voz suave.

-No, vine solo. Necesitaba hablar contigo.

-¿Qué puedo hacer por ti, Damon?

Tal vez fueran las circunstancias o el lugar pero Damon creía oír una insinuación en cada una de sus palabras.

No tuvo que explicar demasiado. Por su conversación previa, sabía muchas cosas. Desde su divorcio hasta la galería que regenteaba. Oyó hasta el final la propuesta y sus ojos se iluminaron. Todo rastro de las fatigas de la noche pareció desaparecer. A Damon se le antojó que lucía radiante. Pero pronto bajó la vista al suelo. Parecía avergonzado y por un instante, creyó que declinaría su oferta.

-No es una promesa- continuó- pero el retrato que improvisaste el otro día fue tan bueno que creí que sería interesante ver más de tu trabajo...si estás dispuesto, claro...

-¡Oh, sí! Sí lo estoy. Y te lo agradezco. Debería alcanzarte una carpeta. Podría llevarla mañana mismo adonde tú digas...o podrías venir conmigo a casa y llevártela. Terminaré en un rato.

-Te espero, entonces- dijo Damon, intentando persuadirse de que no tenía mayor interés en conocer su casa- imagino que debes dormir durante el día.

-¿De verdad no te importa esperar?

-Claro que no. De hecho, pensaba ir a fumar abajo.

-Qué amable eres- dijo Graham sonriendo- Gracias, Damon. Te veré abajo.


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