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Cumpleaños

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Cuando terminamos de acomodar junto con mamá todas las cosas en el quincho para el festejo de esta noche, subí nuevamente con Tomi a mi habitación para arreglarme porque en poco tiempo empezarían a llegar todos.

¿Te quedas acá mientras me doy una ducha? Le pregunté al ver que se recostó en mi cama. Levantó la vista de su celular para mirarme y asentir. Si queres poner música o algo sobre mi escritorio está mi notebook y el parlante. Le señalé mientras buscaba ropa en uno de los cajones de mi placard antes de desaparecer en el baño que estaba contiguo a mi cuarto. Una de las ventajas de ser hija única es tener uno propio.

Como me había bañado esta mañana, no iba a lavarme el pelo otra vez así que no me demoré demasiado abajo del agua porque sólo quería sacarme de encima lo que hice durante el día. Me puse crema hidratante en todo el cuerpo y volví a mi habitación.

Lele, recién... Empezó a decirme pero se calló cuando me vio. Mierda. ¿Me lo estás haciendo apropósito?

¿Qué cosa? Entrecerró los ojos de manera acusadora y no pude evitar soltar una risita. Lo único que tenía puesto era un conjunto de bombacha y corpiño de encaje negro. Tengo que esperar que se absorba la crema antes de poder vestirme.

No intentes engañarme porque te conozco. Dijo parándose y no creyendo mi excusa.

¿Qué me ibas a decir?

Sos la peor persona del mundo. Sentenció entre risas, contagiándome. Me estás provocando y sin dudas estás teniendo éxito. Él no sacaba la mirada de todo mi cuerpo y en mi interior sonreí victoriosa. Claramente salí así adrede, por lo que le guiñé un ojo. Odio tener que pedirte esto pero vestite porque si tu papá entra y me ve acá con vos casi en bolas me va a matar.

Busqué entre mi ropa un pantalón negro de cuero y un top rojo de manga larga que dejaba a la vista una pequeña parte de mi panza. Una vez que estuve vestida, me solté el pelo y me lo alisé bajo la atenta mirada de Tomi. Después de eso me maquillé un poco más de lo normal, agregando sombra dorada en mis párpados y un delineado más grueso para destacar mis ojos y enmarcarlos bien. Me calcé con unas botinetas negras con plataformas y tachas y separé un suéter rojo por si más tarde me agarraba frío.

¿Cómo estoy? Le pregunté dando una vuelta.

Me gustaba más cuando saliste del baño. Comentó haciéndose el serio y le dediqué una sonrisa pícara. Estás hermosa.

Vos no estás nada mal tampoco. Dije observando su outfit de arriba a abajo.

Se había puesto el pantalón mostaza que guardaba para ocasiones especiales, un suéter azul y zapatillas a tono. Hizo un giro gracioso parodiando mi vuelta y no pude evitar soltar una carcajada.

¿Malenita? ¿Estás acá?

Sonreí al escuchar a mi abuela buscándome y le respondí en un grito que sí antes de despedirme de Jess, Brad y Kate con quienes estaba hablando por videollamada. Al instante los tacos bajitos de ella retumbaron en la habitación que era como una especie de despacho. Mamá, papá y Tomi se habían quedado en el living charlando cuando yo me alejé para hablar tranquila con mi familia estadounidense.

Feliz cumple, Malenita. Me dijo cuando llegó y me levanté para abrazarla. Ella era una de las personas que más había extrañado cuando estuve en Estados Unidos. Al fin puedo pasar un cumpleaños con vos otra vez.

El poder de un besoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora