Me desperté por el sonido del timbre. Agarré mi celular de la mesita de luz y encendí la pantalla para ver la hora. ¿Quién aparecía en la puerta de mi casa un viernes a las nueve de la mañana? Me encontré con unos cuantos mensajes de whatsapp pero cuando estaba por abrirlos volvió a sonar el timbre. Salí de la cama y mientras bajaba las escaleras me sujeté el pelo en un rodete desprolijo para controlarlo un poco ya que lo tenía todo revuelto.
Del otro lado de la puerta había un chico de unos veinticinco años que me miraba con una ligera sonrisa. Tenía que admitir que era lindo. Rubio, ojos grandes marrones y hoyuelos en las mejillas.
—Buen día. ¿Te desperté? —Me saludó divertido.
Miré mi ropa y me encogí de hombros. Llevaba un pantalón de pijama rosa, pantuflas marrones que simulaban ser una garra y antes de bajar me había puesto el primer buzo que encontré porque hacía frío. Resultó ser uno gris con el dibujo de una boca en el centro que había usado el día anterior. Nada tenía que ver con nada.
—Creo que no hace falta que te responda eso. —Dije refregándome un ojo por la luz del sol, lo que lo hizo reír.— ¿Qué necesitas?
—¿Acá vive... Malena Velasco? —Preguntó leyendo el papel que traía en sus manos.
—Soy yo. —Asintió con una sonrisa y me hizo una seña para que lo espere un segundo.
Buscó algo en el auto que había estacionado en la puerta de mi casa antes de volver a donde estaba yo.
—Es para vos. —Avisó señalando con la vista la bandeja envuelta en papel celofán transparente con tres globos pequeños violetas arriba. Sonreí y lo tomé en mis manos.— Me tenés que firmar acá. —Me pidió alargando una hoja y la lapicera.
—Dame un minuto. —Entré a casa nuevamente y dejé el paquete sobre la mesa del recibidor. Cuando salí me entregó el papel y firmé que me había llegado el envío.— ¿Listo?
—Sí.
—Gracias. —Me despedí pero antes de que pueda cerrar la puerta interpuso el pie impidiéndomelo. Lo miré confundida.— ¿Qué?
—Sos hermosa. —Me dijo con una sonrisa que me contagió.
—¿Siempre sos así de directo? —Asintió.— Gracias. —Repetí pero esta vez por sus palabras.
—Que tengas un lindo día.
—Vos también. —Le respondí antes de cerrar la puerta.
Sonreí una vez más antes de fijar mi mirada en lo que acababa de recibir. Vaya manera de empezar el día. Subí para higienizarme y con mi celular en la mano bajé nuevamente. Sobre la barra de la cocina había dejado mi regalo, por lo que desarmé el paquete.
En la bandeja había un desayuno más que completo: una taza lila, tres sabores de té, una chocolatada, un cartón de jugo, un yogurt, un alfajor, galletitas, dos muffins, un par de bombones de chocolate, cereales, una barra de cereal y algunos caramelos masticables. A pesar de que amo comer, era demasiada comida incluso para mí.
Después de hacer el repaso por todo lo que traía ese desayuno, agarré la tarjeta. Como el texto estaba impreso supuse que quien me había hecho el obsequio se lo había pasado a la empresa que lo armó.
"¡Feliz cumpleaños, hermosa! Espero que con esto empieces tu día de la mejor manera. Te veo más tarde para llenarte de besos. Tu novio (soy Tomi, por las dudas)."
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El poder de un beso
Romantik|| It's the first kiss, it's flawless, really something, it's fearless ||
