Rogar

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Sabía que él había sido el que provocó toda la situación, por lo que no tenía derecho a quejas, pero es que lo estaba matando mediante el tormento dulce y lento. No sabía cuánto más autocontrol podría tener, aunque en esos momentos ya nada le importaba y estaba a punto de ceder.

Todo comenzó cuando él se burló de Makoto en medio de una conversación, diciendo que el castaño no podría hacer que él rogara para ser penetrado; que era mucho más probable que Makoto le rogara por eso que el mismo Sousuke. Y ahí atacó directamente el ego de su novio.

Y ahora estaba pagando las consecuencias.

Makoto lo besaba suave y de forma lenta, deleitándose a conciencia de cada centímetro de su boca, la lengua era pausada en sus movimientos y jugaba lo suficiente con la de Sousuke para volverlo loco, como ya lo estaban haciendo las bolas chinas en su interior. El lado malvado del castaño había salido a flote, su dedo índice estaba inserto en la argolla del juguete sexual y tiraba hacia o lo insertaba según el ritmo del beso, generando una fricción cadente y tortuosa.

Efectivamente Sousuke necesitaba más, su punto G era estimulado, pero no lo suficiente para otorgarle un orgasmo inmediato, sabía que tendría que soportar durante mucho tiempo esa tortura si es que quería correrse sin más, pues Makoto le había prohibido masturbarse.

Makoto, Makoto, su dulce ángel de sonrisa cálida y mirada brillante. Un ángel caído, eso era lo que era en esos momentos; siempre con gesto inocente y una sonrisa pícara que le decía que se merecía todo por lo que estaba pasando. No dejaba de besarlo, de provocarle, de llevarlo hasta el límite y mantenerlo colgando del abismo sin socorrerlo y sin dejarlo caer tampoco. Era un monstruo.

Yamazaki tenía las manos sujetas por encima de su cabeza con una corbata. Su corbata. Se moría de ganas de tocar y ahuecar el trasero de su novio y frotar sus entrepiernas juntas por sobre la ropa, generar fricción hasta que ambos se corrieran gritando. Solo pensaba en eso, en la liberación que estaba tan cerca pero tan lejos.

Tenía que ceder.

—Makoto... por favor —le llamó contra sus labios que seguían hinchados por los mordiscos y chupones.

—¿Por favor qué, Sousuke?

—Lo que sea, haz conmigo lo que quieras, soy tuyo. Ganaste, me rindo.

Una risilla se escuchó por la estancia.

—Oh mi querido Sousuke, ¿acaso recién te vienes a dar cuenta de eso? Todo lo que acabas de decir ya lo sabía.

—Makoto.... —rogó Sousuke con la voz ronca del deseo.

Tachibana se alejó luego de un último mordisco en su labio y de un solo tirón sacó las bolas de diferentes tamaños del interior del moreno, causando que jadeara por la sensación tan explosiva. Makoto se acomodó lo suficiente y entró de una estocada, lo que hizo que Sousuke echara la cabeza hacia tras.

—Ruégame para que me mueva, para que te bese, para que muerda y para que te lleve a ver las estrellas.

—Makoto... —gruñó Sousuke— sabes que me paga... —le faltaba el aliento— pagarás todo esto, ¿no?

—Cada cosa, pero por mientras... ruega para que tenga piedad de ti. 

Kinktober SouMako 2018Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora