sixteen

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Es domingo por la mañana y, como acostumbra, se despierta temprano, se pone unas zapatillas y una ligera chaqueta, la primera que encuentra en su armario.

No tarda en correr lejos de casa, cogiendo la llave para cuando vuelva, y cerrando con cuidado para no despertar a ninguno de los integrantes de su familia, que permanecen sumidos en el más recóndito sueño.

Corre por la playa, hasta llegar al pie del pequeño acantilado. 

Mira su reloj, aún le queda tiempo.

Sube lo más rápido que sus atléticas piernas le permiten, tomando finalmente asiento en la cumbre de éste, esperando para ver el sol salir.

El momento en el que los rayos comienzan a incidir tímidamente en el mundo, bañándolo lentamente con ternura y haciendo que todo se vea mucho más vivo y lleno de color en cuestión de segundos, simplemente le maravilla.

—Con que aquí es a dónde vienes todas las mañanas ¿eh? —Se gira al escuchar aquella voz tras él. 

—¿Te he despertado? —El contrario niega con la cabeza. —Es pronto, deberías seguir en la cama. 

—¡Mira quién habla! —Dice con tono acusatorio el moreno. —Ésto es muy lindo, yo también quiero verlo. —Refunfuña como si fuera un chico pequeño.

En tales momentos, Taehyung no podía evitar el preguntarse si de verdad él era el menor de ambos.

—Anda, ven aquí hyung. —Extiende la mano, palmeando el hueco a su lado. Sonríe cuando ve cómo el contrario corre a su lado y se acurruca junto a su cuerpo, buscando alguna forma de calentarse, pues ni siquiera ha traído un abrigo decente. —¿Quieres mi chaqueta? Hace frío. —Éste niega acaloradamente.

—¡No me trates tan bien, me hace quedar como un mal hermano mayor! —El, ahora rubio, se hace el sorprendido a modo dramático.

—¡Perdóneme usted! La próxima vez que me hables te voy a escupir en el ojo, ¿te parece correcto? —Taeyong le mira mal.

—¡Esa tampoco es la cuestión! —El más pequeño comienza a empujarle para molestarle y el moreno contraataca como puede. —¡Soy tu hyung, respétame!

—¡No exijas tanto y hazte respetar! —Ambos continúan riendo, haciéndose cosquillas el uno al otro, moviéndose en un intento fallido por esquivar las manos ajenas. 

Pero frenan de golpe cuando notan la prominente luz sobre ellos.

Los dos se quedan pasmados unos segundos, admirando la belleza del paisaje que están contemplando. Por si no era poco, el mar le da un aire perfecto a ese momento, el cual los dos chicos quieren guardar con llave en su memoria.

—¿Ahora entiendes que escapara todas las mañanas del domingo para ver ésto? —Pregunta en voz bajita el rubio, que se ha vuelto a acomodar en el suelo.

—Sí, Taehyungie, ahora lo entiendo. —Murmura, acariciándole la cabecita y sonriendo ladinamente. —Eres todo un detallista eh. —El menor nota cómo su hermano le mira de forma perversa y sus mejillas se encienden.

—¿Cómo es posible que a todo le saques un doble sentido? ¡Ah, no puedo contigo! —Se queja vívidamente, después corriendo lejos del chico que aún sigue sentado y gritándole.

—¡No huyas! —Al final, opta por seguirle, aunque tiene muy claro que no le va a alcanzar.

El rubio corre hacia la playa, mientras el contrario maldice sus, más viejas piernas. Su hermanito siempre ha sido tan activo que le hace parecer un octogenario a su lado. 

Cuando jugaban de pequeños, Taehyung jamás se cansaba, aunque llevaran horas corriendo de lado a lado, él quería seguir por mucho más.

Recuerda el día en el que fueron a la casa de sus tíos para pasar allí unas vacaciones. A pesar de que tardaron en llegar unas ocho horas en coche, el chico tenía ganas de bañarse en la playa, por mucho que fueran las diez de la noche.

Pero ese es un caso aparte.

Taehyung vive por el agua, o el agua vive por Taehyung, no lo tiene bien claro aún.

Jamás ha visto a alguien desenvolviéndose tan bien en ella. 

La mayoría de niños, a tan corta edad, tenían miedo del mar. Es normal, es una masa de agua inmensa a la que le ves el principio pero no el fin. Pero ese estaba muy lejos de ser el caso del niñito al que sus padres adoptaron.

El chiquillo no perdía una oportunidad para meterse al mar. Si había olas gigantescas, él seguía montando unos berrinches impresionantes cuando mamá le decía que no podía entrar, y por el contrario se tomaba un largo baño en la bañera, llena de juguetitos para entretenerse.

En verdad, Taeyong quiere a su hermano con todo su corazón.

Considera que nunca ha conocido a una persona más pura que él. Taehyung es la clase de persona que con su sola presencia, puede iluminar hasta lo más opaco y oscuro.

Y siempre va a ser su hermanito, aunque ahora sea más alto que él y le supere en todos los ámbitos posibles.

—¡Hyung, estás en las nubes! ¿Entramos a desayunar? —Asiente ante la sugerencia y sigue al chico a casa.

Ambos tenían un juego bastante entretenido, aunque no para su madre, que no paraba de quejarse cuando le tocaba recoger las pepitas de la papaya, después de que sus hijos hicieran el súper cañón con ellas para ver hasta dónde llegaban.

—¡Buenos días chicos! —Dice su padre con una sonrisa cuando los ve de embadurnarse hasta las cejas de fruta en la cocina.

—Hola papá. ¿Mamá sigue durmiendo? —El hombre hace un gesto en señal de afirmación. A éstos les falta tiempo para mirarse de forma cómplice, a los hermanos Kim nunca les eran necesarias las palabras para entenderse.

Por lo que corren en dirección al cuarto de la mujer y se lanzan sobre ella, llenándola de besos y abrazos a pesar de sus constantes quejas al respecto.

—Ah... En serio, sois tan molestos... —Sigue retorciéndose en la cama a medida que sus ojos se van abriendo con lentitud. —Mis dos bebés. —Dice finalmente, los chicos riendo ante el cambio de actitud que experimentaba la mujer cada mañana cuando repetían el proceso. 

—Somos el mejor despertador que existe. —Afirma Taehyung, que ya ha encontrado un hueco para su cabeza en el hombro de su madre, la cual le está acariciando el mentón con dulzura. Su padre les observa desde la puerta, riendo levemente para no ser regañado por permitir la intromisión.

—En verdad tendría que pegaros con el coco en la cabeza, pero os quiero demasiado como para hacerlo. —Taeyong les observa sonriente.

Desde que adoptaron a su hermano, habían comenzado a emplear ese método para despertar al último miembro en levantarse de la cama, ¡en una ocasión se lo hicieron a él! En verdad sentía que sus mofletes estaban estallando con la intensidad de los besos de su padre.

De nuevo, aquella costumbre la había formado Taehyung, él jamás se hubiera atrevido a hacer algo así por miedo a ser golpeado, pero claro, ¿quién no lo haría con semejante niño atolondrado a su lado? Habría que estar loco para no intentarlo, de hecho, ese podría ser un buen lema para su hermano.

Y sin más, empieza otra de las mañanas de la familia Kim.

Sin duda, la mejor familia que Taehyung podría haber pedido jamás.



SUMMER PARADISE🏝 ••KookV••Donde viven las historias. Descúbrelo ahora