twenty

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La brisa le acaricia el rostro, casi incitándole a entrar aún más rápido en el agua.

Corre al encuentro de las olas, que ahora chocan frenéticamente contra sus tobillos, los cuales agradecen el frescor de ésta.

Sonríe casi sin querer, denotando nuevamente que está justo en el lugar al que pertenece su corazón. Camina, sintiendo bajo sus plantas de los pies el tacto de la arena, que juguetea provocándole un cosquilleo bastante agradable, mientras continúa hundiéndose ligeramente debido a su peso, como si el suelo le invitara a vivir para siempre con él.

Deposita la tabla en el agua y se monta sobre ella, como si su peso fuera tan ligero como el de una pluma, e incluso, al punto que parece que su cuerpo encaja a la perfección en aquella superficie, permitiéndole el movimiento a pesar de que es complicado buscar un buen punto de gravedad.

Comienza a remar con los brazos, alejándose más de la costa a cada brazada que da. Las olas le golpean la cara, pero este hecho le hace sentirse más pleno, no le molesta en absoluto. Su pelo se ha comenzado a mojar y los mechones rubios húmedos ahora caen con ligereza sobre su frente, haciendo que su vista se disturbe un poco, pero no es como si eso le importara.

Al fin y al cabo no necesita los ojos para surfear.

No pasa mucho tiempo hasta que se pone de pie, notando cómo el aire fresco se cuela por cada uno de sus poros, proporcionándole una libertad inmensa, la única que le hace sentir vivo de verdad.

Hace diversos movimientos para lograr mantenerse en pie, tratando de fundirse en uno con las olas que hacen que pueda cabalgar con elegancia.

El agua es su forma de vida, nunca lo ha negado, y tampoco tuvo dudas de ellos en ninguna ocasión. Es como si hubiera nacido para nadar, para bucear y saltar sobre las olas, sin que nada más pueda importar.

De pronto no se siente como antes, alguien ha llegado.

Sonríe al tener claro de quién se trata, como siempre, el peliblanco está estudiando cada uno de sus movimientos, no es como si necesitara verlo para saber lo que está haciendo.

A fin de cuentas, Yoongi tenía esa rutina.

Tras salir del trabajo, le gustaba pasarse para mirarle mientras surfeaba. Taehyung se había quejado más de una vez por este hecho, pero al mayor no le importaban sus berrinches.

Por mucho que el rubio le decía que no le viera mientras estaba en el agua, el contrario siempre le rebatía con el mismo argumento.

—¿Cómo puedes privar a la persona que te quiere de verte hacer lo que más te gusta? Brillas como nunca antes has brillado cuando estás en el mar, y eso que tú siempre has deslumbrado ante mis ojos. 

Es alucinante la capacidad que tiene el chico para hacerle sentir dichoso con cada palabra que dice.

Y es que, su segundo lugar favorito en el mundo, es entre los brazos de Min Yoongi.

Conoció al muchacho un día en el bar en el que poco después empezó a trabajar haciendo pequeñas actuaciones. La suya no fue una historia digamos, de película.

Al peliblanco no le hacía gracia la idea de Taehyung trabajando en el lugar, más bien porque creía que era el típico chico guapo que no tiene nada de cerebro y ni siquiera tiene talento ni voz para cantar.

Se mostró muy reacio ante la invitación de éste a escucharle recitar una canción, y se quedó embelesado con tan sólo escuchar la introducción de ésta.

Sí, Taehyung fue consciente de que parecía que el chico gruñón que estaba molesto con su presencia, se había quedado hechizado desde el primer minuto escuchándole.

Desde ese entonces, Yoongi fue abriéndose, pasaron alguna que otra noche hablando de asuntos personales entre copas y comidas deliciosas, incluso hicieron suya una madrugada, en la que se la pasaron con el karaoke del establecimiento.

Luego el rubio no tardó en notar el brillo que surgía en los ojos del contrario cuando se encontraban a una escasa distancia, ni tampoco obvió el latir desbocado de su corazón en esos instantes.

Era como si el tiempo se parara cuando los dos estaban solos.

Y sí, un día tras una de sus actuaciones, Yoongi insistió en pasar un rato juntos y estuvieron en la playa. En ese momento, cuando las miradas de ambos comenzaron, los dos fueron conscientes de lo que querían el uno del otro, que era algo simple y a la vez complejo, se querían en su totalidad.

Todas sus primeras veces fueron hermosas, incluso su primer beso, aunque fue demasiado torpe a su parecer.

Su hyung ya había salido con alguna que otra persona, mujeres sorprendentemente, pero él ni siquiera había estado interesado en alguien hasta ese entonces, bueno sí, tal vez en un amigo de su hermano, pero eso era más bien un amor platónico que jamás sería correspondido.

Aún suspira cuando escucha el nombre de Jaehyun, pero no es como si fuera a cambiar a su bolita hermosa por ese dios del Olimpo.

Yoongi es y siempre será la persona más especial que ha tenido el honor de conocer.

Sus pensamientos se ordenan al fin en su cabeza, agarra la tabla cuando da por concluida una de sus sesiones matutinas de surf y sale al encuentro del chico que ocupa la mayor parte del espacio de su corazón.

—Oh, ¿ya? Creía que pasarías más tiempo en el agua. —El rubio deja la tabla en la arena y se lanza sobre él, sin importarle el hecho de mojarle y rebozarle por la superficie arenosa en el acto.

—Esa era la idea, pero no me culpes por querer estar contigo también. —Sonríe antes de darle un besito esquimal, después ambas bocas uniéndose en un bonito encuentro, que ambos esperaban fervientemente.

—Oye... Ayer te noté extraño en el escenario. Iba a decírtelo, pero luego no te encontré. ¿Pasó algo? —Taehyung se colocó sobre él, posicionándose de manera cómoda.

—Bueno, supongo que sí. Me encontré nuevamente con Jungkook, ya sabes... Mi amigo de la infancia. —El contrario le había escuchado hablar muchas veces de él, pero no todas le hicieron mucha gracia.

—¿Ha vuelto? —Éste asintió en respuesta. —¿Hablásteis? —El rubio volvió a hacer un gesto afirmativo. —¿Crees que ha cambiado desde lo que pasó?

—Creo que algunas de sus ideas discrepan en demasía con las mías, pero no voy a parar hasta hacerle ver mi mundo desde mi perspectiva. Al menos creo que merezco que entienda mis sentimientos de una buena forma. —El contrario le propició un tierno beso en la frente, acariciándole los cabellos despeinados acto seguido.

—Ten cuidado, ¿vale? No quiero que estés triste nunca más. —Taehyung sonrió mientras miraba al chico que mantenía los ojos fijos en los suyos, cerrando la distancia después nuevamente con un beso.

Definitivamente, esta vez las cosas no sucederían de esa manera.

Tenía un buen presentimiento.


SUMMER PARADISE🏝 ••KookV••Donde viven las historias. Descúbrelo ahora