Jaebum dio un nuevo trago a su suju. Lo que le había dicho a ese tal Park Jinyoung era cierto: si por propia voluntad le daba la gana dedicar un tiempo a obras benéficas, lo haría.
Pero estaba segurísimo de que no iba a hacerlo para que un master en ciencias de los negocios, con el último iPhone y familia perfecta, se llenara los bolsillos a costa suya.
Había pasado quince años trabajando para conseguir un equipo ganador en Goyang.
El derecho a hacer lo que quiera, se lo había ganado con creces, y ahora, lo que le quería era ser el mejor en lo que hacía sobre el hielo y pasárselo estupendamente con ello.
A lo mejor JongIn tenía razón: a lo mejor su vida sería más fácil si jugaba siguiendo las reglas de FBR.
Pero a Jaebum no le importaba. Eran sus reglas o no había reglas, nada de "peros", ni nada por el estilo.
Y si a los de FBR no les gustaba, que se jodan.Mira hacia los lados, buscando a la camarera. El servicio de hoy era lentísimo. ¿por qué fueron?.
JongIn, leyendo sus pensamientos, puso los ojos en blanco.
—Enfría un poco los motores, ¿ok? La camarera llegará en un momento.Jaebum se relajó. Era bueno que JongIn supiera siempre lo que le pasaba por la cabeza.
Sobre el hielo, era el extremo derecho que recibía los pases de Jaebum, su velocidad, su fuerza y su dureza eran casi tan legendarias como las de Im.
La prensa deportiva solía referirse a ellos como «Batman y Robín».
Fuera del hielo, Jaebum confiaba en JongIn para explicarle la verdad desnuda y sin reservas; era el único tipo en quien confiaba tácitamente.
Si era demasiado bestia, JongIn se lo hacía saber. Y también le hacía saber cuando pensaba que se estaba pasando un poco disfrutando de la vida nocturna en Goyang.
Felizmente en pareja hace años con Kyungsoo, JongIn pensaba que ya era hora de que Jaebum se deje de tanta fiestas y siente cabeza de una vez.
Cuando Jaebum conoció a Kyungsoo, no fue en tan buenos términos. Jackson se negaba a aceptar la oferta de los Ohio Simon's de un nuevo jugador. Le podrían decir tanto como quisieran que ese era un jugador con buena práctica y grandes técnicas, pero jamás se lo creería. Sólo era un hombre de veinticuatro años, bajito, de piel blanca y ojos marrones. Una Muñeca.
Sin embargo dejó en manos del Capitán la opción final del trámite, estaba convencido de que mientras Im Jaebum esté en sus cabales, jamás aceptaría a alguien así.Pero el capitán vio algo especial en "La muñeca". Do Kyungsoo era muy bueno en los contraataques y pases a distancia, sin contar su provechosa técnica de persuasión.
Y conllevado a todo esto, fue así como tres meses después de su venta oficial, Do Kyungsoo se unió a Los Sicheon Blades. Demostrandole a Wang y él resto del equipo que las apariencias engañan. Claro, sin contar el gran flechazo que le dio a su compañero, eso era pura cursilería.Sin embargo sobre el tema de Jaebum, JongIn siempre conseguia la misma respuesta. «Cuando me retire».
Pero con veintisiete años de edad, en plena forma, y fuerte como un deportista diez años menor que él, daba la impresión de que pasaría aún una década más antes de que el capitán Im se planteara colgar los patines.Si por él fuese, jamás se retiraría. Un día caería muerto sobre el hielo y sus compañeros de equipo se lo llevarían de la pista, con la realeza de un soberano, y luego continuarían jugando.
Porque lo único importante era el hockey, así de sencillo.
O quizá no tan sencillo.
Jaebum había sentido una pequeña punzada de deseo al salir de las duchas y encontrarse con el relacionista público sentado en el banco y soltando su discurso de ánimo.
Era lindo... no hermoso, pero lindo: un poco más pequeño que el , pelo castaño y corto, nariz curbada y unos luminosos ojos color avellana que no parecían perderse detalle.
Enérgico, eso era. Parecía muy enérgico. Pero qué más daba. Park Jinyoung no era su tipo.
Tampoco es que recordara muy bien cuál era su tipo. Llevaba años sin mantener relaciones con un chico. Y esa fue su última relación sería.
La primera vez, cuando aún no jugaba para los Sicheon, con una Stanley Cup bajo el brazo y el puesto de capitán a punto de ser suyo, se había enamorado de tal manera que incluso su juego se había visto afectado.
Aquel año, su equipo no se acercó ni de lejos a las eliminatorias, el chico acabó dejándolo y eso, pensaba tristemente Jaebum, eso fue todo.
Y la segunda vez que entregó su corazón, haría unos cinco años, la relación se fue a pique cuando Jaebum se percató de que a él le importaba más gastarse su dinero que él.
Fue él quien rompió entonces, y el chico ejecutó su venganza explicando a la prensa alguna historia absurda y falsa sobre cómo despotricaba en privado sobre sus compañeros de equipo y sobre todo contándo que Im Jaebum era gay.
Los que lo conocían bien sabían que todo era mentira, exceptuando lo de ser gay cosa que solo algunos sabían, pero aun así, el asunto dañó su credibilidad.
En aquel momento se prometió que no volvería a iniciar una relación en serio hasta que se retirase y mucho menos con un chico, y seguía fiel a su promesa.
Y no era casualidad que desde entonces no se hubiera perdido ni una temporada de eliminatorias, y que hubiese conseguido dos Copas más, prueba positiva de que si quería ganar sobre el hielo no podía permitirse distracciones.
Para él, el hockey era un compromiso a tiempo completo y lo único importante era ganar. Si eso significaba renunciar de momento a una relación estable, que así fuera.Y por eso se concentraba en pasárselo bien, aunque sea con mujeres.
Había descubierto que una de las prebendas de ser un deportista estrella era que las mujeres bellas se arrojaban constantemente en sus brazos.
Ellas se arrojaban y él las recogía, no les prometía nunca más de lo que podía darles, y siempre se aseguraba de que ambas partes salieran del encuentro satisfechas.
A veces añoraba el sexo más formal, con alguna vinculación más, pero descartaba enseguida aquellos sentimientos, consciente de que eran pasajeros.
Lo que le desestabilizaba era tropezarse con alguien como Park Jinyoung, que parecía tenerlo todo.
De hecho, durante todo el trayecto hacia el restaurante, se había visto asaltado por imágenes espontáneas de aquel cuerpecito, pensamientos e imágenes que le hicieron hervir la sangre y sacar humo a la cabeza.
—¿Jaebum?
Pestañeó. La camarera había ido y venido, y había servido ya su salmón a la plancha y la hamburguesa de JongIn.El pequeño comedor de paredes oscuras de Mazon's Grill estaba lleno de clientes habituales, sus voces subían y bajaban con la fácil cadencia de la conversación.
¿Y él dónde había estado? Lejos, en los recovecos de su mente, pensando en...Sacudió la cabeza para despejarse.
—Lo siento. Estaba en el limbo.—
—No me digas. —
JongIn sonrió con malicia antes de llevarse una papa frita a la boca
—.¿Pensando en relaciones públicas?—Jaebum dibujó su famoso semblante ceñudo, el que servía de grave advertencia al equipo rival de que iba en serio.
—Tienes razón.—
—Es lindo.—
—Supongo. La verdad es que ni me di cuenta.—JongIn rió entre dientes.
—Mentiroso. —
Le dio un buen mordisco a la hamburguesa y bebió un trago de Coca-Cola para bajar la comida.
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blAdEs
FanfictionPark Jinyoung es un publicista con la misión de cambiar la imagen de los chicos malos del Hockey: Los Sicheon Blades, campeones de la Stanley Cup. Im Jaebum es un capitán con una misión. Su equipo debe volver a ganar la copa, cueste lo que cueste. °...