—Increíble —
suspiró Kim, levantándose, su voz era cuidadosamente cultivada mostrando un tono de desaprobación.
—.Este hombre acabará cayendo muerto un día de éstos de pura glotonería.——Al menos morirá feliz —
apuntó Jinyoung, intentando ignorar el hecho de que su compañero de trabajo estaba mirandole el trasero como si fueran amigos a los que no veía desde hacía tiempo.—¿Quieres ir a comer algo? —
preguntó él, tan tranquilo, acercándose.Jinyoung tuvo que forzar una sonrisa.
—Me encantaría, pero con esto de ser el nuevo tengo que ponerme al día rápidamente. Tal vez en otra ocasión.—Como desees —dijo Kim Junmyeon arrastrando regiamente las palabras, saliendo del despacho de Toro.
«¿Como desees?» pensó Jinyoung, viéndolo alejarse.
«¿Quién se cree éste que es? ¿Un actor de cine? Vaya tipo más pretencioso».Había sido demasiado caritativo al no querer opinar antes de él.
No se había equivocado con la primera impresión: Kim Junmyeon era espeluznante, sin lugar a dudas.En cuanto a Im Jaebum, se alegraba de que Toro fuera consciente de que necesitaría más de un intento para convencer al capitán «Poco Colaborador» de que hiciera un poco de publicidad.
Le preocupaba que su buena reputación se hubiese puesto en su contra, y que Wang esperara que llegara el primer día con la cabellera rojiza de Im colgando del cinturón.
Pero parecía conocer muy bien el reto al que se enfrentaba, un reto que estaba decidido a superar.
Recogió todos sus papeles y se dirigió a su despacho pensando en Im y en cómo conseguir que empezase a jugar según las reglas de FBR.
Cuando Jinyoung llegó a casa eran ya casi las siete... No estaba mal, según los estándares de las relaciones publicas, para un día de trabajo. Sabía que en cuanto empezase «oficialmente» la temporada en octubre, tendría que quedarse a ver partidos en el pabellón, lo que probablemente significaría llegar a casa en torno a la medianoche.
Wang lo quería también en la ruta con el equipo de vez en cuando, simplemente para que se hiciese un poco la idea de lo que era.
Y luego, naturalmente, estaban los torneos de golf benéficos y los partidos de hockey y las subastas y los bailes y las cenas para recaudar fondos que prepararía y a los que asistiría con «los chicos», como Wang orgullosamente llamaba a los jugadores.
Esperaba que llegara pronto el día en que también el pensara en ellos simplemente como los chicos.
Pero por ahora, seguían siendo aún una especie rara y exótica, cuyas costumbres y habitat le resultaban completamente desconocidos.
Abrió la puerta de su apartamento y se vio atacado por una explosión de aire acondicionado gélido, la prueba segura de que su compañera de piso, Jisoo, había regresado de la sesión de búsqueda de localizaciones exteriores en la que había estado trabajando.
Cerró la puerta a sus espaldas y la oyó cantando en la ducha.
Asomó la cabeza en el baño y exclamó en broma:
—¡Ya estoy en casa, cariño!
—¡Salgo en un minuto! —
Grito ella como respuesta, elevando la voz por encima de la cascada de agua.Jinyoung sabía que en el horario de Jisoo, «un minuto» significaba como mínimo diez minutos de tiempo real, de modo que se dirigió al salón, se despojó de su camisa blanca y la dejó caer sobre el respaldo del sofá antes de ir hacia la cocina en busca de una botella de agua.
El y Jisoo llevaban casi cuatro años como compañeros de piso y habían sido compañeros de trabajo durante dos, cuando ambos trabajaban para Gotham.
Jinyoung siempre había considerado a Jisoo como una neoyorquina «de verdad»: nacida y criada en Brooklyn, instruida, con opinión, tolerancia prácticamente cero a las tonterías.
Seguía trabajando como relaciones públicas de la serie.
Los dos ganaban más que suficiente para alquilar un apartamento por su propia cuenta, pero ni la una ni el otro quería hacerlo. ¿Por qué vivir solo cuando puedes vivir con una amiga? Además, ninguno de las dos quería abandonar aquel apartamento.Se trataba de un apartamento de tamaño mediano y dos dormitorios situado en la 40 W Long St, a poco metros de la avenida principal.
Con techos altos, suelos de parqué y una cocina enorme, algo que Jinyoung consideraba un detalle importante, pues le encantaba cocinar... aunque no estuviera mucho en casa para cultivar sus talentos culinarios.
En el salón, situado a un nivel más bajo, había una chimenea enorme de mármol italiano, y una pared de ventanales desde el que se veía el puente de la calle.
Era un lugar estupendo para ver la maratón de Goyang, que Hayley corría cada año.El estilo de decoración era muy ecléctico, una combinación acertada de elementos modernos y antigüedades.
Una reproducción de un cuadro de Picasso colgaba sobre una oxidada jaula victoriana colocada encima de una mesita baja, mientras que el enorme y mullido sofá tapizado en cretona quedaba compensado por un viejo baúl que hacía a veces de mesita para el café.
El televisor estaba escondido en un armario francés antiguo, mientras que el equipo de música quedaba a la vista sobre una vieja mesa procedente de una parroquia que Jisoo había descubierto en un rastro.
En la mesa había siempre flores frescas, una pasión que compartían los dos.
De un modo u otro, todo funcionaba.La habitación favorita de Jinyoung era su dormitorio. Hay que decir que era el más pequeño de los dos, con apenas espacio suficiente para su amada cama con cabezal y pies de madera de ébano, pero estaba encantado de sacrificar el espacio por las puertaventanas que se abrían a una diminuta terraza donde tenía pulcras hileras de macetas de terracota llenas de plantas aromáticas. Melisa, lavanda, albahaca, tomillo, cilantro, orégano, salvia, hinojo.
Cuando se sentía estresado, tomaba algunas hojas, las machacaba entre los dedos y se las llevaba a la nariz, inspirando hondo.
Era una técnica de relajación que su padre le había enseñado, y siempre le funcionaba.
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blAdEs
FanfictionPark Jinyoung es un publicista con la misión de cambiar la imagen de los chicos malos del Hockey: Los Sicheon Blades, campeones de la Stanley Cup. Im Jaebum es un capitán con una misión. Su equipo debe volver a ganar la copa, cueste lo que cueste. °...