VEINTIOCHO maratón 5/6

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—Diría que odias lo que estoy haciéndote-
bromeó él.
—No hagas caso.
—Será complicado —
gruñó Jaebum, presionándolo contra su erección.

Un nuevo gemido, esta vez uno muy agudo, que le decía que estaba a punto de llegar al límite.

Lo abrumaba la necesidad de tocarlo, de sentir aquella amplia superficie de piel perfectamente esculpida que era su pecho.

Sus manos abandonaron su rojizo cabello alborotado para descender por su cuerpo y arrancar el Sweater de la prisión de los jeans.

Deslizó las manos por debajo de la prenda y acarició su pecho.

Tenía la piel ardiendo, su dura musculatura parecía de acero.

Jinyoung disfrutaba incitándolo y sentía pinchazos de placer, gélidos y calientes a la vez, taladrándolo más y más a medida que la respiración superficial de Jaebum le inundaba los oídos cuanto más lo masajeaba y acariciaba el.

Sus manos siguieron su libre movimiento, las puntas de los dedos hundiéndose de vez en cuando por debajo de la cintura de sus bóxers para rozar levemente y provocar la piel que había debajo.

Aquellos delicados movimientos que recordaban el cosquilleo de una pluma provocaron un salvaje gruñido masculino.

Jin se dio cuenta de que el deseo de poseerlo estaba desgarrándolo.

Con ganas de equipararse a el, o tal vez de superarlo, los dedos que seguían entre los muslos subieron a su glande y aceleraron sus movimientos.

Jinyoung empezó a perder la conciencia de sí mismo, estaba llevándolo directamente a los abismos del universo conocido.

Su mundo se desvaneció para convertirse en una neblina blanca; sólo existía el aquí, el ahora, la absorbente necesidad de devorar y ser devorado.

Se convulsionó, se arqueó, se estiró, su cuerpo estaba muy cerca, casi estaba allí...
—Dime qué es lo que quieres —dijo él con voz ronca.
—A ti —gimió Jinyoung.

Se desabrochó los pantalones, liberándose por fin.

Estaban ambos al borde del abismo, la frenética necesidad era casi insoportable.

Jinyoung abrió brevemente los ojos para la observar la excitante mirada de Jaebum.

Las manos de él descendieron hasta las caderas de Jinyoung, apretando sus nalgas, separándolas, haciéndolo descender, lentamente y con mucho cuidado, sobre su erección.

La perfección del encaje lo dejó boquiabierto.
La sangre corrió a toda velocidad por la cabeza de Jinyoung cuando él empezó a moverlo hacia arriba y hacia abajo, mientras el lo empujaba también con todas sus fuerzas, una desesperación salvaje apoderándose de ambos.

—Ahora — gritó ávidamente.

Jaebum gruñó, y cayendo arrodillado con Jinyoung pegado aún a su cuerpo como una segunda piel, lo recostó sobre el suelo de la cocina.

Levantó enseguida la cabeza para mirarlo a los ojos y comprobar si era eso lo que el realmente quería.

Y cuando vio que Jinyoung había hablado en serio, se hundió en Él... duro, profundo, enterrándose en su interior tal y como el le había pedido.

Los gritos de liberación de Jinyoung resonando en sus oídos mientras él lo penetraba una y otra vez hasta llevarlo a la cúspide y hacerle perder los sentidos.

Jamás un hombre lo había llevado hasta aquellos extremos.

Jamás se había sentido tan dispuesto a seguir ciegamente el mapa de su propio deseo.

Con la cabeza aún dándole vueltas, alargó la mano para entrelazar sus dedos con los de él.

Una oleada de agradecimiento inundó su rostro y le sonrió.

Luego desconectó, los ojos cerrados y el cuerpo trabajando, entrando y saliendo de el con movimientos rítmicos y expertos que empezaron a hacerse más y más rápidos.

Jinyoung se arqueaba para recibirlo cada vez, estrechaba su abrazo en una danza delirante que sólo podía terminar de una manera.

Llegando finalmente a la explosiva liberación de su clímax provocando un prolongado y estremecedor suspiro en todo su cuerpo, y también en el de Jinyoung, que permanecía tendido y tembloroso debajo de él, agradecido, saciado y tremendamente sorprendido por lo que acababa de suceder.

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