Capítulo XXXIV.

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Palacio de Topkapi, 5 de Febrero de 1525.

Catalina Hatun:

Estaba lista para está noche me habian bañado con los mejores aceites, vestía las mejores ropas y tenía un bello maquillaje.

-Estás resplandeciente Catalina.-dijo Mireya.

-Muy pronto, muy pronto Mireya me veras en lo más alto y tú, estarás junto a mi.-asegure a mi amiga.-Sere la Sultana más grande.

-No lo dudo.-dijo para rocear algo de perfume en mis muñecas.

Salí del pequeño cuarto donde me arreglaron.

Está era mi noche, mi momento para brillar y nada lo podría arruinar.

-Recuerda debes ser cortés, al entrar besaras su dobladillo y esperaras para que te dirija la palabra, no hables, no bostezos y no te rasques o seas mal educada es el Sultán.-me decia Mohamed Kilzar.

-Se como comportarme !-hable fuerte.-Me lo has estado diciendo todos el día.

-Repetirlo una vez más no está de más.-me contestó.-Eres afortunada no lo olvides Hatun.

Asenti nuevamente y suspire, hoy era mi noche de gloria.

Asenti nuevamente y suspire, hoy era mi noche de gloria

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-Catalina.-me llamó Feriha.-Suerte.-dijo con cinismo.-Te aseguró que la necesitaras.

Reí.-Gracias Lale...

Al llegar a la entrada de los aposentos había dos guardias que sin hablar abrieron las puertas, respire hondo y entre con la cabeza abajo, mi corazón latía con rapidez estaba realmente nerviosa. Camine hasta estar frente al Sultán y realize el ritual que tanto se me repetía. La mano del hombre en mi barbilla me hizo levantarme.

-¿Cual es tú nombre?.-pregunto con su profunda voz. Sonreí para mi misma.

-Soy Catalina, alteza.

-Catalina es un bello nombre pero te aseguró que mañana por la mañana ya no te llamaras así.

-¿Me dará otro nombre?.-respondí con una sonrisa "inocente".

-Si, pero tendre la noche entera para darte uno apropiado.-lo mire a los ojos. He de admitir que era un hombre muy apuesto de orbes azules y cabello rubio..... Pero no es mi tipo.

-Me alaga con ello mi Sultán.

Sonrió y comenzó a acercar su rostro al mío, contuve las ganas de moderle la cara mientras recordaba mi propósito. Entregaría mi cuerpo para conseguir mi venganza, solo por ello lo hacía.

Nada podría salir mal.

La puerta se abrió de golpe, el Sultán se separó de mi con enojo mientras miraba a un ağa que habia entrado con panico en su rostro.

-¡Ender ağa, ¿Cómo te atreves a entrar así cuándo estoy con mi Harem?!-le gritó.

-¡Su alteza disculpeme pero me enviaron a avisarle que nuestra Haseki Sultan entró en trabajo de parto antes de tiempo!-El hombre se veía asustado.

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