RENDIDOS
Todo se ha ido.
Sí, se ha desvanecido.
Sin más,
porque hemos querido.
Nos hemos rendido
ante ellos.
Ante los que siempre evitábamos.
Por presión.
Por cobardía.
Por cansancio.
Por falta de espacio.
ALAN
Abro la puerta de mi ático ubicado en la ciudad de Crystall y llego a la conclusión de que no lo he echado nada de menos. Ni una pizca. Aunque noto que he cambiado, que, como había predicho antes de irme a Femtania, ese iba a ser un viaje que me iba a cambiar la vida, pese a no ser como me imaginaba. Pero ante lo desconocido nunca se sabe lo que va a ocurrir, y lo mío con Grace no sé si es una suerte o una desgracia. Supongo que depende del momento y el punto de vista en el que ese pensamiento pase por mi mente, siempre acompañado del estado de ánimo, por supuesto.
Pese a ser de día, lo primero que hago es tirar mi maleta de cualquier manera en mi habitación e ir al salón, donde me pongo a escribir una carta con todos los pensamientos que han surgido en mi mente durante el viaje en autoavión desde Femtania.
Querida Gracepunzel,
Acabo de llegar a mi casa y necesito escribirte porque he estado todo el viaje pensando en todo lo que ha pasado; porque nada de lo que te he confesado antes de irme es suficiente.
Llevo apenas varios minutos entre las cuatro paredes de mi diminuto apartamento y me siento encerrado, pequeño, atrapado. Comparado con las grandes dimensiones de tu castillo, esto no es nada. Además, ubicarme en el centro de Homotania hace que el clima cálido vuelva a formar parte de mi vida rutinaria, al contrario del frío del norte de Femtania, que siempre me recordará a ti a causa de su nieve.
Puede que sea cierto eso que dicen: «Como en casa, en ningún lado», pero en mi caso no es así. Tu desierto hogar, por contradictorio que suene, ha sido más acogedor que en cualquier lugar en el que haya vivido y creo que eso se debe a ti, a tu presencia y a tu personalidad, pese a que intentes mostrar lo contrario.
Por último, Grace, quiero que sepas que no llevo muy bien nada de esto. Hace apenas unas horas estábamos tumbados en la cama de tu habitación, hablando de nuestras vidas, conociendo al otro y riéndonos despreocupadamente. Y ahora todo se ha ido, como si hubiera sido un maldito sueño, aunque, de hecho, lo es.
Cuéntame cualquier cosa con tu perfecta caligrafía pronto,
Alan.
Meto el papel en un sobre y llamo al dron del servicio de mensajería. Pago y en cuestión de segundos aparece uno en mi ventana. Introduzco la carta y veo cómo va alejándose a toda velocidad. En unas horas, quizá mañana, Grace tendrá mi carta en sus manos.
Por suerte, durante un año a partir de la Semana del Permiso dejan que haya envíos entre Femtania y Homotania, por lo que así al menos no perdemos el contacto totalmente.
Podría haberlo hecho en formato digital, proceso que aceleraría la rapidez, haciendo que fuera instantánea, pero eso me parece bastante inhumano. La caligrafía de los ordenadores es perfecta, recta y simple; en cambio, la de las personas muestra muchas cosas, habla de ellas aunque no lo parezca, mostrando su estado de ánimo, su pensamiento o incluso su personalidad.
Sé que la caligrafía de Grace es casi perfecta, pero el simple hecho de recibir algo que ella haya poseído o tocado previamente es suficiente para poder aferrarme al sueño en el que he estado viviendo desde la última semana, pretendiendo así que perdure más en el tiempo.
Finalmente, casi abatido por el cansancio, me ducho y me dirijo a mi habitación para dormir sin intentar pensar demasiado, aunque sea casi inevitable.
ESTÁS LEYENDO
Siete días
RomanceDISPONIBLE EN FÍSICO y eBOOK ¿Siete días son suficientes para que la persona más fría se enamore? Hace cinco siglos el mundo se dividió en dos partes: Homotania, lo que antiguamente era América, donde residen los hombres; y Femtania, antiguamente co...
