Ahí estaba yo, tirada en el piso, en frente del mismísimo Noah Manders y sin poder decir ni una palabra. No podía ponerme a gritar como una fan desquiciada, aunque eso es lo que de verdad necesitaba hacer, así que decidí actuar con normalidad o por lo menos, actuar lo más normal y tranquilamente posible. Traté de olvidar en ese momento todas las veces que había soñado con conocerlo, cada una de las noches que me dormí pensando en él y en lo imposible que era para mí la idea de alguna vez tenerlo en frente. Pero ahí estábamos.
Lo miré: estaba sentado en el piso pero no parecía haberse golpeado nada. De hecho, se veía como si se hubiera sentado a propósito en el medio de la calle solo a descansar. Yo, por mi parte, daba una imagen bastante diferente. Él se quedó mirándome preocupado, con una expresión de culpa en su rostro. Después de unos segundos, de repente, empezó a juntar mis cosas del suelo sin levantarse.
- No, no, no te hagas problema. Fue mi culpa, no estaba prestando atención, perdón. - le dije y quise levantarme a juntar mis cosas pero el dolor en mi tobillo me lo impidió.
- No, yo te ayudo. ¿Estás bien? - me dijo mirándome a los ojos. Sus ojos me impresionaban, eran hermosos. El color azul que tenían era un poco difícil de explicar: eran mucho más oscuros que un cielo despejado pero igual de profundos e intensos que un tono suave de mar.
- Sí, sí, gracias. - Le dije, perdida en su mirada.
Por unos segundos, nos quedamos los dos sentados en el suelo como si fuera lo más normal, mirándonos. Lo más extraño fue que no me sentía para nada incómoda, y eso es algo que no me suele pasar. Mi familia y las personas que me conocen siempre dicen que soy muy tímida. Tienen razón: me cuesta estar alrededor de personas, más que nada en grupos grandes. Mi voz no alcanza niveles muy altos y muchas veces solo tengo ganas de desaparecer y de estar sola.
- Soy Noah, mucho gusto. - Me dijo con una sonrisa. Extendió su mano y yo la estreché con nerviosismo.
- Brianna, un placer.
- Creo que tendríamos que levantarnos. - Se paró con mis carpetas en una mano y la otra extendida para ayudarme a levantar, sin soltarse después del contacto de nuestra presentación. El problema era que yo no podía: en cuanto intentaba moverme mi tobillo me daba una descarga eléctrica que no solo me dolía muchísimo sino que además no me dejaba moverme del suelo.
- ¿Segura que estás bien?
- No, creo que no. - Sonreí pero el dolor atacó mi tobillo de nuevo. Él me ayudó a levantarme y rodeó mi cintura con uno de sus brazos.
- Vamos, te voy a llevar al hospital para que te revisen.
- No, en serio, ya hiciste demasiado, yo voy sola. Muchas gracias.
- ¿Crees que te voy a dejar después de haberte tirado al suelo y tal vez haberte roto un pie? Ni lo sueñes.
- No hace falta, en serio.
- No lo vas a lograr. - Sonreí. Él me devolvió la sonrisa y sacó su teléfono para mandar un mensaje, tipeó rápido, casi sin mirar la pantalla, y de repente el sonido clásico de un mensaje enviado llegó a mis oídos.
- Ya nos vienen a buscar.
- Gracias, en serio.
- No hay nada para agradecer. Además, quiero ayudarte. Ya sabes lo que dicen por ahí: tal vez nos encontramos por alguna razón.
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Apareciste como un sueño.
FanfictionBrianna es una chica argentina con un gran sueño: conocer Londres. Su sueño se cumple cuando gana una beca en su instituto y tiene como recompensa un viaje de estudios de tres meses a la ciudad de sus sueños. Allí conoce a Noah, un chico que queda h...
