Capítulo Cuarenta y Tres - No tengo qué decir.

902 35 1
                                        

La semana se pasó rápido y los chicos no tardaron mucho en llegar. Eramos Niall y yo en una habitación del hotel y Liam, Harry, Zayn y Louis en otra. Sí, teníamos nuestros privilegios. 

Fui dos o tres veces a mi casa en la semana, pero siempre pasaba lo mismo: Mi mamá me hablaba cortante y fría y cenábamos mientras ella miraba la tele. Sé que mi papá le hablado pero al parecer ella no le había prestado atención.

La situación era cada vez más incómoda así que desde que llegaron los chicos no fui más, ellos me hacían olvidarme de todos mis problemas.

Me desperté un martes por la mañana después de un sueño horrible. No lo recordaba muy bien pero la culpa era lo que me había invadido en ese momento. Me vestí, escribí una nota para Niall diciéndole que volvería para el almuerzo, lo besé en la frente mientras dormía y me dirigí a ver a mi madre. 

Sentía el nudo en la garganta hacerse más grande cuanto más cerca estaba de mi casa. Toqué timbre y ella me abrió la puerta.

- Mamá no puedo seguir con esto. - Dije con la voz entrecortada mientras entraba y cerraba la puerta. -  No soporto que no me hables y no voy a dejar a Niall para que lo hagas. Me hace bien estar con él, pero me hace mal que estés así. Me hace muy mal.

Ella sólo se me quedó mirando. No me contestó, no hizo ningún gesto ni pronunció ninguna palabra. Mis lágrimas corrían por mi rostro.

- No vas a decir nada? - Susurré casi para mis adentros.

- No tengo qué decir.

Rompí en llanto, creo que todos los vecinos podrían escucharme. Me senté en la escalera esperando que ella viniera, me abrace y me pida perdón pero eso no pasó. Fue a la cocina y se sentó a ver la televisión como cada vez que cenamos juntas desde que volví de Londres.

Me fui, ya no tenía más nada que hacer, mis intenciones de reconciliarme con mi propia madre se habían desecho en cinco minutos. No dije nada, ni siquiera golpeé la puerta, solo me fui.

Llegué llorando al hotel y me encontré con esos brazos cálidos que siempre estaban para mí cuando los necesitaba.  

Apareciste como un sueño.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora