Capítulo Treinta y Siete - Tranquilizarme.

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Cuando su voz me respondió del otro lado del teléfono una ola de paz de me recorrió el cuerpo. Cuántas ganas tenía de verlo y de dormir abrazada a él, cuántas ganas que tenía de no estar ahí en mi casa. Quería volver a Londres, quería volver a lo que era antes, sin tantos problemas. 

- Noah me quiero ir de acá. - Le dije casi susurrando mientras lloraba acostada en la cama de mi cuarto.

- ¿Qué pasa? No, princesa, no llores más.

- Quiero volver a Londres, quiero volver a ser solo nosotros dos saliendo en secreto.

Seguí llorando y él consolándome.

- Escuchame. - me dijo - ¿Querés venir a dormir acá?, ¿eso te haría bien?

- Sí. 

- Entonces voy a buscarte, ¿te parece? Hace poquito me trajeron el auto que alquiló la productora para que use estos días. Puedo estar ahí en diez minutos. 

- Sí, está bien. - le dije. 

- Okay princesa, nos vemos pronto. 

Decidí que me iría a dormir con él por más que mi madre protestara. No estaba como para seguir aguantando sus problemas, cuando para mí todo era lindo sin sus caprichos. Estaba muy enojada, quería alejarme de ella. 

 Al cabo de diez minutos había un auto en la puerta de mi casa. Bajé corriendo las escaleras con las llaves en la mano y un bolso chiquito con mi celular y mi billetera. 

- ¿A dónde vas? - Me gritó mi mamá desde la cocina.

- A disfrutar el poco tiempo que me queda antes de que Noah me olvide para irse de gira.

Cerré la puerta de un portazo. Era común para mí hacer eso. Cada vez que me peleaba muy fuerte con mi mamá, me iba a dormir a la casa de mi papá y volvía a la mañana siguiente a aclarar las cosas tranquilamente, por eso ella ya no se preocupaba cuando me iba así de repente. 

Entré en el auto de Noah y lo primero que hizo él fue rodearme con sus brazos. Me puse a llorar otra vez. En el viaje hasta el hotel, él sostuvo mi mano todo el tiempo y me tranquilizó con sus palabras.

Cuando ya estábamos en la habitación nos recostamos en el sillón y le empecé a contar todo lo que pasó entre lágrimas. Le conté todo lo que mi madre me había dicho con un poco de vergüenza, porque sabía que a él le iba a doler también. Y no quería que se molestara. 

- Amor, sabés que eso no es verdad. - Me dijo mirándome a los ojos. - Nunca podría hacer algo así.

- Lo sé, pero no entiendo como ella puede pensar eso. Como puede creer que me dejaría manipular tanto y cómo piensa que vos sos esa clase de persona.

- Tranquila, ya va a entender todo, solo tiene que acostumbrarse.

Me recosté sobre su pecho mientras me acariciaba el pelo.

- Te amo Noah, no importa lo que me digan.

- Te amo mucho más princesa. - Me dijo antes de besarme la frente.

Nos quedamos dormidos, así de abrazados, y nos despertamos a la mañana siguiente. Después de desayunar, me i una ducha y regresé a mi casa para aclarar las cosas con mi mamá. Ya tenía planeado todo lo que iba a decirle, tenía planeado plantarme frente a ella y pedirle que deje de meterse en mi vida, que ya no era una niña y no tenía derecho alguno para controlarme de la manera en la que lo hacía. Cuando llegué, ella me estaba esperando sentada en la mesa de la cocina. 

Apareciste como un sueño.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora