Por la mañana, me levanto empapado en sudor, si las cucarachas habían invadido mi cuerpo por la noche no me enteraría, dormí como una piedra anoche, mi cabeza desvarió un rato pero terminó por callarse, aunque una palabra se quedó flotando en mi mente, la misma con la que despierto esta mañana.
«¿Regresaré?»
Ahora tenía una decisión que tomar, ayer cuando salí del hospital lo único que buscaba era pensar un poco y en esta banca por la noche creo que aclaré mis dudas de más, ahora surgía una nueva interrogante, ¿quería quedarme realmente aquí? ¿Quería ser Aristóteles Córcega, el chico vomita escenarios? A medio día ya hay varias teorías más sobre qué me pasó. Una enfermera dio una declaración, dijo haber entrado a mi habitación, se sorprendió al percatarse de que yo no estaba ahí, sólo mi ropa, lo cual es falso pero supongo que lo hizo a sabiendas del dinero que ganaría por la exclusiva. Alguien más comentó que vio a dos camionetas negras estacionarse detrás del hospital y desaparecer pasado un rato, después se habló de mi desaparición. El hombre del baño dijo haberme vendido su gorra pero su historia no era tan atrevida como las demás así que su testimonio pasó sin gloria. Toda la gente de la ciudad había creído verme, en sus colonias, pidiendo comida, en sus parques, por su trabajo, aunque algunas podrían decir la verdad de haberme visto caminando por ahí, nadie se había acercado a mí. Aún tenía dinero pero no era suficiente para lo que tenía pensado hacer, mi decisión estaba tomada y sabía de alguien que podía ayudarme. Encendí el celular.
Espero fuera de un Oxxo en alguna parte del centro de la ciudad, donde transita poca gente que pudiera identificarme, apestaba a sudor. Cuando encendí mi celular se vio saturado de mensajes de todos mis contactos -excepto Cuauhtémoc, era lógico, yo había bloqueado sus mensajes y llamadas cuando terminamos-. En mis redes, todos preguntaban por mi paradero, nadie sabía dónde me había metido. En la lista de mis contactos busqué el de mi madre y le pedí vernos aquí, no expliqué mucho, sólo que viniera sola y sin decirle a nadie más, con su tarjeta de crédito, dijo que estaría aquí en unas horas.
Camino aquí escuché más de mí en la televisión, cuando pasé por una tienda de electrodomésticos me vi en pantalla, los reporteros estaban consternados, algunos no se tragaban la teoría de mi secuestro y reprochaban mi mala estrategia de publicidad, que crean lo que les venga en gana, me importa una mierda. Creo que visto de otro modo, mi popularidad volvía a estar arriba, después de todo, Aristóteles Córcega desaparecido, era un titulo de recordarse.
—¡Ari! —grita mi madre.
Giro, llevándome un dedo a la boca en señal de silencio, ella corre hacia mí, me rodea con su abrazo, sostiene mi cara entre sus manos y me examina, su rostro es una combinación entre dicha y enojo, supongo que no sabía cómo reaccionar, su hijo había desaparecido todo un día. Comienza a decir muchas cosas a la vez, no puedo seguirle el paso así que la corto.
—Escucha ma, no tenemos mucho tiempo.
—¿Tiempo? —dice espantada—. ¿Alguien te está amenazando hijo?
—No madre. Pero necesito pedirte un favor enorme.
Ella me mira con ojos desencajados.
—¿Qué está pasando hijo? ¿Qué estás haciendo?
«Lo correcto»
—Yo, necesito dinero —ella pone una mueca confundida—. Pero sólo es prestado, te lo devolveré pronto, lo prometo. No puedo usar mis tarjetas.
—¿De qué estás hablando Aristóteles?
Inspiro hondo.
—No voy a volver —ella me mira horrorizada, me hace sentir un monstruo—. Escúchame, no puedo volver; no ahora mamá.
ESTÁS LEYENDO
La Promesa
FanfictionLa historia de Cuauhtémoc López y su novio, Aristóteles Córcega, terminó en Huautulco, cuando Aristóteles cerró con un beso la decisión de seguir a Cuauhtémoc hasta la Ciudad de México. ¿Pero qué pasó después? ¿Qué sigue en la historia de ARISTEMO...
