Me miro al espejo, llevo puesto un smoking hecho a la medida de un negro satinado con mancuernillas doradas, hoy es el día; hoy. En muchas ocasiones imaginé este día, yo portando un elegante traje, Arquímedes y mi mamá ayudándome con los últimos detalles, mi prima Daniela sería la organizadora, entraría para decirme que ya es hora. Me imaginaba caminando por los corredores de madera, mi padre estaría esperándome, pasaría su brazo por debajo del mío, mi madre haría lo mismo y caminaríamos juntos, como familia. El sacerdote esperaría debajo de un arco de girasoles y gardenias, las sillas blancas se extenderían por la alta audiencia, todo el mundo asistiría, amigos, conocidos o extraños, todos serían testigos, cualquiera podría acercarse a ver, a verlo a él.
La puerta de mi habitación se abre, trayéndome de regreso al presente, es Ulises, también va vestido con un traje elegante, su cara ha sido de preocupación todo el día. Cuauhtémoc se fue ayer por la tarde, horas después de que lo mandara a la mierda de manera literal y le arrojara encima el collar que me había obsequiado un día antes, me había quedado con el piano pero sólo porque se quedó olvidado dentro de la camioneta, en cuanto lo vi me llenó de nostalgia, recordé las veces que enseñé a Cuauhtémoc a tocar el piano, a sentir sus dedos con los míos, a cantar para él, escribir canciones para él, recordar eso me enfureció aún más, lo tomé y lo tiré a la basura sin más. No mucho después llegó el señor Macías para rendir cuentas, Ulises salió aprisa de la casa, me miraba desconcertado, creo que en el interior estaba esperando que hubiera huido con Cuauhtémoc, yo también lo esperaba pero esta no es esa película, aquí no hay redención, no hay un nosotros. Porque antes esta Anastasia y después estará mi hijo, no le fallare a él, no dejare que le rompan el corazón.
—¿Qué estás haciendo Aristóteles?
—¿Qué? ¿Está mal el nudo de la corbata?
Ulises entorna los ojos y se acerca a mí, sus manos tocan mi corbata, primero la aprietan con fuerza, luego la deshacen.
—Me refiero a la boda.
—Ulises, basta, por favor. No ahora —digo, quitándomelo de encima.
—Pero si no habrá tiempo después.
Me dejo caer en la silla de madera al lado del espejo, me he imaginado tantas veces este momento pero nunca lo imaginé así.
—¿Y Temo?
Su nombre me raspa los oídos, mis manos se cierran en perfectos puños pero el corazón se me arruga.
—Se fue.
—Ari...
—¿Qué Ulises? ¿Me echaras en cara por qué no hui con él? ¿Es que nadie me escucha? Voy a hacer esto, tengo que hacerlo.
Oculto la cara entre mis manos, le he fallado, a todos: mi madre, Arquímedes, Cuauhtémoc y ahora a Ulises. Me gustaría poder ocultar el dolor.
—¿Qué pasó entre ustedes?
—Nada. Le dije que no podía quedarse y es verdad, este no es un lugar seguro para él.
—Me refiero a antes.
«Antes».
—¿Por qué huiste?
—Ya te lo dije hace mucho, Ulises. No pude quedarme después de lo que pasó en el concierto.
—No. No es todo. Tuvo que haber una razón superior.
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La Promesa
FanfictionLa historia de Cuauhtémoc López y su novio, Aristóteles Córcega, terminó en Huautulco, cuando Aristóteles cerró con un beso la decisión de seguir a Cuauhtémoc hasta la Ciudad de México. ¿Pero qué pasó después? ¿Qué sigue en la historia de ARISTEMO...
