12. WAKE ME UP WHEN SEPTEMBER ENDS

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"Mientras mi memoria descansa, pero nunca olvida lo que perdí . Despiértame cuando acabe Septiembre"

 -Wake me up when september ends, Green Day-


Daniel estaba frente la casa de su infancia... No recordaba cómo había llegado ahí.

Todo seguía igual, justo como recordaba. La casa amarilla con un gran jardín y flores de todos los colores bajo las ventanas. La casa de los vecinos y sus coches estacionados. El sonido de los niños jugando en la calle.

Pero Daniel no veía a nadie.

Se acercó al pequeño camino que llevaba hacia la puerta abierta, y al entrar, sintió inmediatamente el olor de la comida de su mamá. Pero en la cocina no había nadie, ni tampoco en la sala donde la televisión estaba encendida y había juguetes regados en el piso.

Una chispa. Un recuerdo de dolor empezó a formarse en la cabeza de Daniel. Pero desapareció tan rápido como había aparecido.

Entonces simplemente lo supo. Ella estaba arriba.

Daniel corrió hacia las escaleras y las subió de dos en dos. Fue rápidamente hacia la puerta de su habitación y abrió de un portazo.

Su cuarto estaba tal como siempre. Pero, hacía muchos años que aquel no era su cuarto, ¿no era cierto...? Una pequeña habitación de color azul marino, que solo podías saber que era de ese color si eras observador ya que las paredes estaban completamente cubiertas de posters de todas sus bandas favoritas. A un lado estaba su escritorio con millones de cosas encima y en un rincón estaban sus guitarras.

La única y gran ventana estaba totalmente abierta y el aire que entraba por ella hacia que las cortinas se mecieran. Y justo debajo de la ventana estaba la cama.

Y en ella se encontraba Tanya.

Parecía completamente dormida, mientras la luz del sol entraba por la ventana arrancando destellos rubios a su cabello castaño.

Daniel se acercó lentamente a la cama sin querer despertarla, y cuando estuvo justo enfrente, se arrodilló hasta quedar a la altura de su cara. Una sensación de terror inexplicable empezó a recorrer a Daniel mientras la observaba... algo estaba mal...

Extendió una mano y acarició ligeramente un mechón morado en su cabello.

Y entonces ella despertó.

-Daniel- dijo sonriente. Él podía ver perfectamente las pecas en su nariz y mejillas, aquellas que conocía de memoria. - Sabia que me encontrarías, te estaba esperando-

De repente Daniel recordó todo. El secuestro. Tanya perdida.

-Tanya, ¿Qué haces aquí?, ¿Dónde estabas? - empezó Daniel, mientras intentaba tocarla...

- ¿De qué hablas?, yo nunca me he ido- dijo ella mientras se inclinaba y lo besaba en la boca.

Lo jaló de la playera hasta que él estuvo encima de ella. Daniel la veía justo debajo de él, mientras apoyaba ambas manos a cada lado de su cabeza, y aquellos ojos que eran exactamente del mismo tono de su cabello le devolvían la mirada.

Daniel sintió el miedo recorrerlo de nuevo...

Pero Tanya lo miraba con una sonrisa tranquila en los labios mientras le acariciaba el cabello que colgaba en mechones negros.

-Tan...- dijo Daniel- No te vayas de nuevo...-

Ella lo observó con ojos llenos de tristeza, mientras dejaba de acariciarle el cabello.

- Solo cierra los ojos- dijo ella suavemente, al mismo tiempo que ella cerraba los suyos.

-Yo...-

Y entonces de la nada Daniel sintió como si todo el mundo diera vueltas y de repente se encontraba de nuevo viendo la fachada de la casa. Pero ahora todo era un caos. El cielo nocturno estaba teñido de rojo y la casa se encontraba sola en medio del desierto. Cenizas caían alrededor de él y la casa donde había vivido de niño, donde estaba Tanya, ardía en llamas.

¡Tanya!

Daniel se sentó de golpe en la cama, asfixiándose y con el cuerpo cubierto de sudor. Miro a su alrededor frenéticamente para verificar que todo había sido un sueño y que no había fuego por ningún lado.

Todo había sido una pesadilla. Un sueño...

Oh no, Daniel se levantó rápidamente de la cama y casi no alcanzó a llegar a la taza antes de devolver violentamente el estómago.

Cuando finalmente las arcadas cesaron, se dejó caer pesadamente en el piso blanco del pequeño baño de su apartamento, recargando la espalda en la pared. A duras penas respiraba, incluso aunque su pulso estuviera disparado, no tenía la fuerza ni para eso.

Todo a su alrededor estaba sumido en la oscuridad, la luz de la luna entraba por la ventana sobre él y lanzaba sombras contra las paredes del baño. Lo único que rompía el silencio de la noche era el sonido de sus propios latidos que nunca había notado que fuera posible escuchar tan fuerte.

Daniel ni siquiera reparaba en que aun llevaba la ropa que había tenido desde el día anterior. O en que no recordaba nada de lo que había hecho en el día. De lo que si era consciente era de que no le importaba. No le importaba nada. Ya no.

Intento respirar profundo para llevar algo de aire a sus pulmones, pero simplemente sentía un nudo formarse en su garganta, asfixiándolo...

Sus ojos lo miraron con dolor mientras antes de salir del camerino...

Daniel pasó ambas manos por su cabello, jalándolo. Sentía que la cabeza le iba a explotar, cortesía de todo el alcohol en su sangre y no se sentía capaz de moverse del lugar donde estaba. Sabía que probablemente debería tomar un baño, no estaba seguro cuando había sido la última vez...

-Te lo juro Daniel- dijo ella entre risas- no me vas a tocar si no entras al agua-

Apretó con fuerza los ojos al recordar, logrando que el dolor de cabeza se intensificara y apoyó la cabeza en ambas manos. Ya no quería, ya no podía.

Todas las noches soñándola... Recordándola... su olor estaba por todas partes...

Él sabía que ya no había nada que hacer, ya lo había hecho todo.

Sabía que ella nunca iba a volver.

Daniel sintió como las náuseas regresaban y se inclinó de nuevo sobre la taza, recargando la frente en la fría cerámica, mientras cerraba los ojos.

Tanya corría sonriente hacia él sobre la orilla del mar, con el atardecer tras de ella.

Daniel gimió de dolor. No sabía cómo parar todo. Ya no quería pensar, ya no quería sentir, ya no quería vivir...

Daniel abrió los ojos.

La luz de la luna lo iluminaba, mientras trabajosamente se ponía de pie. Y con mucho esfuerzo caminó hacia el pequeño cajón donde guardaba sus cosas. Lo abrió y escarbó entre todos los papeles y demás objetos hasta que sintió un pequeño sobre. Una bolsita transparente con polvo blanco adentro.

Daniel ya no pensaba en nada en ese momento, solo sabía que esa era la solución. Eso era lo que lo ayudaría a escapar.

Y mientras buscaba en su billetera por una tarjeta, ignorando la foto que había ahí de ella, y también después cuando se inclinaba sobre aquel polvo blanco para inhalarlo, todavía tenía la sensación de calidez donde ella le había acariciado el cabello, mientras susurraba: Solo cierra los ojos...


.......

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