29. WILD THINGS - PARTE 2

4 0 0
                                        

"Pero tú y yo, somos pioneros, 

hacemos nuestras propias reglas.Nuestro propio espacio, aquí no hay prejuicios.Déjales vender lo que están vendiendo, aquí no hay compradores."


-Wild Things, Alessia Cara-


Salió del aula, sin idea de donde estaba el baño y aun así caminando apresuradamente... Dios santo ¿Qué era aquel lugar, una escuela o el manicomio? Esas tipas eran justo la clase de personas que había esperado encontrar, superficiales y creídas, y aun así no se creía capaz de soportar ni un segundo más con ellas, por dios, había una razón por la que todos sus amigos eran chicos. ¿Todas las personas ahí serían así de insoportables? ¿Regina era así, lo que significaría que tendría que actuar de esa manera? ¡¿Cómo diablos podía pretender ser una persona de la que no conocía nada...?!

...Y entonces chocó con alguien y cayó al suelo, golpeándose fuerte el trasero. Los que estaban en el pasillo rieron disimuladamente. Tanya miró desconcertada a su alrededor.

-¿Estas bien, preciosa?- dijo el chico con el que había chocado, tratando de contener la risa. Tanya lo observó desde abajo, era alto, con el cabello castaño perfectamente peinado y los ojos café claro. Y para mala suerte, le pareció el típico niño rico y consentido lo cual sólo aumentó su irritación.

-¿Te parece que estoy bien?- preguntó Tanya poniéndose de pie, sin una pizca de paciencia- ¡Fíjate por donde andas, pendejo!- soltó sin poder ni querer refrenarse. Notó como todos en el pasillo la miraban. Ahora, si el tipo se hiciera un lado, sería magnífico.

-Pues a mí me parece que sí que estás muy bien- dijo él chico recorriéndola descaradamente con sus ojos claros, sin parecer afectado de alguna manera por el insulto. Dios ¡¿Podía todo el mundo dejarla sola?! Antes de que pudiera contestarle nada al galancín, sonó la campana para inicio de clases. Tanya cerró los ojos a punto de ponerse a llorar del estrés.

-Tú y tu vergonzoso intento de piropo pueden irse a la chingada. - dijo Tanya mirando al chico a los ojos antes de darse la vuelta y lanzarse en dirección al salón. Apenas entró, se dirigió a su asiento al lado de Alexander. Por suerte el profesor entró y las tipas esas se sentaron en sus lugares a cuchichear entre ellas.

-¿Te encuentras bien, Lyubimaya?- preguntó Alexander en susurros mirándola con sus ojos cafés llenos de preocupación, mientras se acercaba más a ella.

-Sí, estoy bien- masculló.

-¿De verdad? Estas pálida... podríamos llamar para que vengan a bus...-

-Bueno, ¿Qué parte de "estoy bien" no entendiste? - masculló Tanya sin poder contenerse más.

El profesor empezó a hablar y los demás alumnos le prestaban atención. Menos Tanya, que miraba los ojos grandes y cálidos de Alexander llenarse de tristeza antes de que él volteara la mirada hacia el frente en silencio, al mismo tiempo que se alejaba de ella y se acomodaba más en su propio asiento.

Tanya soltó un suspiro y dejó caer la cabeza entre las manos. Al diablo con las clases, había cosas más importantes en las que usar su cerebro. Para empezar, averiguar por qué se sentía... como se sentía, porqué de la nada había explotado ¿Qué estaba ocurriendo? Lo había estado manteniendo todo bajo control... ¿Sería por las tipas estúpidas? No, no dañaban a nadie con su frivolidad. ¿O tal vez por el hecho de que tenía que fingir ser algo que era básicamente todo lo que detestaba, por un trato que le había costado literalmente dejar todo lo que quería y esas tipas sólo le habían recordado todo el asunto enseñándole en qué consistía su nuevo mundo y la locura que estaba haciendo? Maldito fuera Yegor Lébedev.

Twisted FateDonde viven las historias. Descúbrelo ahora