Escuchar a Marcela decir: «será más difícil de lo que tú crees», era nada para mí. Supongo que en algún momento pensé que iba a poder sobrellevarlo sin tanto drama; que no sería tan difícil como ella lo planteó. Pero he ahí la primera mentira de todas, la primera de mis estupideces.
La palabra difícil le queda corta a esta situación, al igual que desgarradora o torturadora. Han pasado cuatro semanas, ni siquiera los dos meses de relación, y siento que mi paciencia me ha dejado un muy buen puesto en el cielo.
Lo más seguro, es que, entre ese montón de nubes, existe una silla forrada de tela divina blanca con estrellas, doradas y pequeñas, que caen desde un lugar desconocido y luz angelical... ¡ah! y está a un lado del big boss, Dios. Es más, mis alas estarán pulidas de oro, diamantes y algún tesoro celestial. Esto me lleva a pensar que merezco un premio, ¿qué tal el premio nobel de la paz? No, lo mejor sería que esos líderes ridículos que proclaman la paz inventen un nuevo premio, único y especial, y me lo den cada día. Cada día de esta maldita relación que me tiene el corazón con los mil síntomas del enojo más mínimo.
En resumen: me ha dejado más de diez veces en un mes. Te estarás preguntando: ¿por qué?, yo tampoco lo sé. ¿Estupideces? sí, eso es obvio. También te estarás preguntando: ¿por qué lo soportas? Y tengo muchas respuestas para esa pregunta: a) Porque sé que tiene problemas y dentro de mí hay una combinación entre lástima y curiosidad. b) Soy una masoquista de mierda. c) No lo sé. Lo único que sé, es que, cualquiera de esas opciones me lleva a esto; soportarlo todo con la esperanza de que funcione.
La verdad, no hay mucho que perder. Nunca lo hubo o quizás sí, pero ¿qué he perdido?, ¿falsas personas que aman jugar póker conmigo?, ¿un invasor en mi casa?, ¿enojos impulsivos que me dan dolor de cabeza y no me dejan trabajar bien? Sí, puede ser. Aunque he perdido todo eso, también tengo la esperanza de que la ganancia sea el doble. Quiero, no, mejor dicho, deseo que él termine todo esto de una buena vez y estemos juntos tranquilos; es decir, que él deje de darme tanto problema y yo pueda adivinar su gran secreto, aburrirme de él y luego conseguir a otro.
Sin embargo, ese montón de palabrerías no impiden que me sienta enojada cada vez que sus ofensas aparecen, porque en verdad aparecen y me hacen querer explotar como una bomba en plena guerra mundial. Me provoca querer destruir todo a mi alrededor, sobre todo, a él.
Axel se imagina por donde puede atacarme, cree tener las palabras y el don de hacerme sentir mal, pero lo que no sabe es que en verdad yo soy como una roca y a esta roca todo le resbala. Sus palabras e insultos me dan igual; no me dañan, solo saben hacerme enojar.
He aprendido que es un tipo excesivamente delicado. La última discusión se ocasionó porque estábamos hablando de la distancia y mi error, mi pequeño error, fue decir: "es jodida la distancia" — en serio es jodida — y al final la jodida fui yo porque me bloqueo por varias horas. Otra vez, claro.
No solo eso, Axel realmente ama decir o gritar, suponiendo que por texto se pueda: ¡Ladilla! Así que las cosas siempre terminan en un: "Que ladilla contigo, de pana" y no olvidemos el: ¡coño 'e la madre! Además, le da un toque de: "mereces a alguien mejor que yo. Alguien de tu edad que no esté viviendo en otro país y te pueda dar las cosas que yo no. Mereces salir de fiesta con amistades y por hablar conmigo no sales de casa". Pero eso solo es parte de su drama porque yo no tengo amistades y no me interesa tenerlas. Puedo decir que he disfrutado mi vida en las etapas adecuadas, ¿o qué?, ¿solo iba a ser la niña que se mataba estudiando para reventarle la cabeza a Callum? Por supuesto que no, yo también fui un desastre en todas las libertades posible.
Volviendo al tema, lo que Axel tiene son berrinches de un adulto que se cree niño, porque al día siguiente, o a las horas, aparece diciendo que es un idiota y da por finalizada la relación bajo varias caritas llorando y muchos te quiero — porque yo no merezco esto, según él, y estoy de acuerdo —. Aunque es algo que olvida cuando acepto las cosas y vuelve a enfadarse diciendo que no lo quiero ni un poquito. Lo que él no sabe, es que yo no quiero a nadie, pero él sí me preocupa; él sí llama mi atención por lo extraño que es tenerlo y a la vez no tenerlo. Él llama mi atención de una manera diferente.
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Punta, tacón
Roman d'amourBárbara es una mujer que creció bajo la presión de ser fuerte, majestuosa y perfecta para el mundo exterior. Ella tiene bases muy claras de lo que quiere y de lo que debe hacer, si llegar al éxito ella se propone. Pero se ha olvidado de lo más impor...
