CAPÍTULO 8

581 19 0
                                    

Nathaniel

No me iba a quedar de brazos cruzados esperando que vayan a por lo que es mío, así que me decidí en buscarla y mostrarle que yo soy todo lo que debe anhelar.

La busqué por todo el instituto, hasta que di con que estaba hablando con el baboso del profesor de educación física, la miraba con otras intenciones, pero no dejaría que siquiera la tocará.

Y no solo por ella, sino por mi orgullo. No dejaría que nadie tocará lo que ya dije que será para mí.

Ella se despidió de él y entró a los vestuarios.

Samantha

«Nathaniel» Me volteó y me beso agarrándome de la cintura, me tenía ansias y yo a él también, es mi cura para olvidarme del mal trago del casamiento, sus besos son como calmantes, aunque no apaciguan a mi diabla interior.

Paramos al dejar de respirar.

—Toda mía —aseguró con posesividad.

—Deja de competir con alguien que no está ni clasificado.

—No compito, te afirmó lo que tienes que saber.

—Yo nunca seré tuya —le mordí el labio inferior.

—¿Segura? Estás en los brazos de tu depredador y quieres tener más cerca —pasea sus dedos por mis labios dejándome con la piel erizada. —Para devorarte entera.

—Puedo estar para dos polvos, pero después no eres más que... Polvo.

Carcajeó y me agarró de la nuca adjuntándome a él.

—Por eso me encantas —me mira a los ojos. —Eres mujer difícil y me prendes cada vez que mueves esa boca.

—Así como soy, es por lo que no me dejó de cualquiera —me acerqué más a sus labios.

—Pero sí te prendes de este cualquiera —me susurró sobre mis labios haciendo que me diera un cosquilleo con su simple aliento pasando por ellos.

No resistí y me lancé a besarlo, estaba harta de que me calentará de esta manera y no llegara a más. Las ganas y la fuerza de voluntad tiene un límite que ya sobrepasó, lo quería dentro de mí y ahora.

Me dio besos en el cuello, que acababan en mordidas dejando pequeñas marcas sobre él, después volvía a mi boca para besarme de una forma brusca, su mano paso a quitarme el tirante del top, pero paró al escuchar un ruido.

Entró la limpiadora y nos escondimos en la taquilla, me reí por la situación y él me cubrió la boca con su mano. Me subí el top y me quedé callada centrada en el ruido de afuera.

Cuando escuchamos que cerró la puerta, salimos y cogí lo que necesitaba para irme de ahí con él.

Al salir lo miré y puse mis brazos sobre su cuello.

—Eres tanta tentación y tanta complicación.

—El momento se dará cuando se deba —dije segura, pero en el fondo molesta.

—Cuando este infierno salga a la luz y no aguante más, quemando de por medio...

—Con tal de conseguir lo que los pensamientos callan y los deseos llaman —añadí a lo que iba a decir.

—Sí o cuando no pueda más y entre a tu casa, mientras te folló con tu novio al lado.

Nathaniel

Llamé a Logan para que prendiera rumbo hasta mi casa, era uno de mis mejores amigos de la infancia, y para mí como si fuese un hermano.

—Pero sinceramente, ¿Sientes algo por ella?

—Siento la rabia de no poder follarla a cada hora, las veinticuatro horas del día de los siete días a la semana.

—Ten cuidado hermano, ella es peligrosa —me advirtió. —Tú sabes como son, bonitas por fuera y podridas por dentro, solo se aprovechará de tu cabeza, y créeme que la de arriba poco le interesa.

—Los dos somos iguales y vivimos en el mismo infierno, si busca quemarme se hundirá conmigo en las llamas.

—Nathan debes controlarlo, su novio...

—Su novio es Alexander —le seguí el hilo. —Lo sé y como también sé que nunca ha tenido lo que tanto presume tener, ambas cosas serán mías.

—Pero tú nunca has querido el trabajo de tu padre.

—Por ello se lo dejé al imbécil de Taylor —bufé. —Si se interpondrá o buscará de sus influencias para alejar lo que viene siendo mío, se verá la verdad conmigo.

—Suenas más como un enamorado psicópata.

—Enamorado de esas curvas y esa cara de bellaca, de eso sí.

—Estás avisado hermano.

Me levanté a por la botella de agua.

—¿Vas a ir? —me pregunta.

—¿A qué?

—Los Borris van a dar un discurso en su finca con personas importantes, quieren invitar al máximo de público adinerado, entre altas edades, con el fin de que les convenzan en apoyar la ciudad monetariamente.

—¿Cómo te has enterado de eso?

—Leo las noticias y supongo que deberías ir.

—No me interesa escuchar sus discursos llenos de diálogos de lo moral cuando ni ellos la tienen —bebí un trago de la botella.

—Lo más seguro es que este Alexander.

—¿Y a mí qué?

—Pues que eso significa que Samantha también.

—No lo había visto de esa forma —me puse a pensar. —Pero no iré solo.

—¿La vas a invitar?

—A ella ya la habrán invitado, vienes tú.

—¿Qué yo voy a qué? —se sorprendió.

—Al evento.

—¿Qué hago yo ahí?

—Conocer gente, beber y escupir su vino de mierda cuando hablen —le di ejemplos. —Me da igual lo que harás, pero te necesitó para lo que haré.

—No me líes en tus asuntos para dañar a tu enemigo.

—Voy a darles la mejor noche que hayan tenido —ignoré su queja.

—Nathan...

—A cada integrante, exceptuando otros que querrán sacarse los oídos.

Amar hasta quemarDonde viven las historias. Descúbrelo ahora