Samantha
«¡¿Esa es tu nueva puta?!»
Percibió esa frase mi oído, haciendo que me levantará por instinto al saber de qué persona provenía, me acerqué a ella sintiendo como Nathaniel venía detrás.
—¿A quién llamas tú puta?
Amalia llegó con sus zorras a sus espaldas, una alta de rasgos definidos, pelo negro lacio recogido en una coleta y la otra de estatura media con el cabello café oscuro y que aparentaba ser un cachorro mojado. Vestían con faldas cortas de colores chillones, exceptuando a la mediana que llevaba una azul hasta las rodillas.
—Contigo, eres la nueva puta de mi novio —dijo con su maldito tono estridente.
—Ex —le corregí. —Una puta que no busca su atención, como sus zorras. —hice énfasis en la última palabra haciendo que rabiara por dentro.
—Amalia, termina ya de una vez con tus tonterías —intentó relajar las cosas Nathaniel.
—Yo no buscó la atención de él. Él me ama —dice engreída haciendo que ponga una mueca. —Y tú eres su aburrimiento hasta que vuelva a mí.
Nathaniel le mira serio y antes de que respondiera él, lo hice yo.
—Nadie va a volver a ti porque ya se sació de ti—dije haciendo que negara con la cabeza. —Tú eres la real puta aunque escocida, ya que yo soy la que está aquí con él y tú pues con tu bola de piojos detrás de ti.
Respiró hondo y se acercó a mí, haciendo que quiera arrancarle los ojos con las uñas.
—No montemos más escándalos y hablemos tú y yo afuera —dijo con una sonrisa fingida.
Le devolví la sonrisa y le mostré el camino con la mano. Se fue al exterior con su club de zorras y me dispuse a andar toda cabreada, pero Nathaniel me agarró del brazo.
—No vas a salir —dijo serio.
—Sé que tengo que hacer.
Nathaniel
—Pues iré contigo —afirmé.
—No, quédate aquí.
—No pienso dejaros solas, es una maldita trastornada.
—¿Tú no decías que yo estaba loca? Estamos a la par.
—No te compares con la desquiciada de Amalia.
Puso los brazos sobre mi cuello y se acercó a mis labios sin besarme.
—No te preocupes por mí —dijo respirando mi propio aire. —Preocúpate por ella.
—Te dejo 3 minutos y si veo movimientos raros salgo por ti.
Sonríe sobre mis labios y me da un leve beso que hace que ponga mi mano en su nuca extendiendo nuestro contacto. Su malicia me volvía dependiente de morder sus malditos y deliciosos labios.
Se separó y salió fuera con ese aire de destructiva. No era buena idea dejarlas solas, no sé con certeza de lo que será capaz Amalia. Pero Samantha es tan terca que sé que hará lo que quiera, así que le cedí el camino libre sin dejar de observarlas a través de la ventana.
Samantha se acercó más a ellas diciéndole algo a Amalia que hizo que la empujará, me dispuse a levantarme cuando oí el estruendo del golpe que le propinó Samantha.
Caminé en pasos rápidos, dándome tiempo a observar como Amalia antes de que pudiese efectuar un movimiento más, Samantha ya se hallaba arremetiendo otro puñetazo hacía su nariz. Una vez estaba fuera, las separé cogiendo a Samantha de la cintura acercándola a mí para que no diese ningún otro golpe.
Sabía que esto era mala idea, toda la cafetería estaba girada mirando hacia nosotros y las perras de Amalia se mantenían quietas ayudándola a recomponerse.
Samantha
Me acerqué a ella segura de mí misma, no es más que una pulga que picotea a mi perro.
—¿Vas a decir algo? ¿O te has mordido la lengua por mencionar tantas estupideces?
—Estupidez la tuya en pensar que Nathaniel le importas más allá de un mísero polvo por tu cuerpo.
—Gracias por el cumplido. ¿Pero quién dijo que yo quería algo más?
—Venga ya, se te nota a leguas.
—La única que sueña con que él se enamore eres tú —me acerqué a ella. —Pero para tu mala suerte, él antes estará conmigo que contigo.
Me empujó sacándome una sonrisa.
—Para la tuya, no dejaré que una puta de mierda le toqué, una puta que busca cariño en alguien, ya que hasta sus papis la abandonaron.
Mi nariz comenzó a arder, esta perra no tenía nada que decir sobre mi familia y mis asuntos. La rabia que provenía de mi cuerpo hizo que le soltará una palmada en la mejilla con todo mi odio.
Ella me dedicó una mirada llena de furia, sus putas estaban quietas y calladas, no se atrevían a siquiera contemplarme. Antes de que Amalia contraatacará, le di un puñetazo en la nariz haciendo que salga sangre de esta y desequilibrándola.
—Maldita zorra desteñida —logró soltarme algunas palabras con la barbilla temblando.
—Cuidado con volver a mencionar algo sobre mi familia que te dejo sin cara de los golpes que te doy —exclamé agitada.
Me calmé al momento cuando sentí que unos brazos me arrastraban de la cintura atrayéndome a su abdomen mientras me sostenían.
—¿Estás bien? —me giró preocupado haciendo que nuestras miradas se anclaran.
—Perfecta, ella pues... le ha bajado la regla por otros agujeros.
Reí y Nathaniel intentó ocultar su sonrisa formada por la risa tapándose con mi hombro. Giré la cabeza y pude ver cómo atendían a Amalia que ardía de lo cabreada que estaba al vernos.
—A la siguiente dime que querías una rinoplastia sin meter a mi nene —se me escapó eso último, pero solo hizo que se fueran con Amalia chillando de la rabia.
Me volví a voltear hacía Nathaniel, él cuál posó una mano en mi moflete y se acercó a mi oído calentándome la mejilla en el proceso por su aliento suave.
—¿Yo soy tu nene? —susurró divertido.
—Sí, yo tu princesa y tú mi nene.
Ahora soy yo la que se acercó a su oído.
—Pero no te emociones mucho que era solo para calentar el momento —le hablé en el mismo tono.
Se apartó y me miró burlón.
—Calentar..., verbo en presente para ti cuando piensas en mí.
—Mm, qué poético —reí volviendo con él a la cafetería.
Las horas pasaron entre conversaciones y luego lo acerqué a su casa. Se bajó e iba a arrancar pero...
—¿No te vas a despedir?
Lo miré complaciente sonriendo.
—Cierto —me contempló pícaro. —Adiós.
—¡No decía eso! —exclamó cambiándole el rostro, más no me pare, ya que ya había arrancado la moto, yendo a toda velocidad.
Al llegar, subí las escaleras y prendí el grifo de la bañera con el fin de darme un baño de espuma relajante. Me sumergí en el agua al momento de que mi cerebro me recordará los besos que nos dimos después del conflicto en la cafetería. Ese imbécil está adentro de mi maldita cabeza.
«¿Yo soy tu nene?»
No sé ni lo que eres para mí.

ESTÁS LEYENDO
Amar hasta quemar
Romance~"Á𝔪𝔞𝔪𝔢 𝔥𝔞𝔰𝔱𝔞 𝔮𝔲𝔢𝔪𝔞𝔯𝔫𝔬𝔰 𝔢𝔫 𝔢𝔩 𝔦𝔫𝔣𝔦𝔢𝔯𝔫𝔬". Los polos opuestos se atraen, pero los que arden y juegan en el mismo nivel se desean hasta permaneciendo en el infierno. ¿Quién dice que los que son de la misma astilla no combi...