CAPÍTULO 28

261 16 1
                                    

Nathaniel

—Solo está dormida por unas horitas.

—Cómo le pase algo, ya sea mínimo, te juro que te vas a acordar toda tu miserable vida.

La saqué de ahí a cuestas encontrándome con su moto en la puerta.

Como pude la sostuve entre mis piernas adelante mío y encendí la moto que tenía las llaves puestas. Arranqué mientras con un brazo sostenía su cintura y su espalda recaía sobre mi dejando su cabeza en mi pecho.

—Princesa —le di un beso en la cabeza.

Aceleré hasta llegar a nuestra casa donde la acomodé en la cama.

Comprobé su respiración y latidos, ambos estaban en perfecto estado, en cambio ella no despertaba aún.

Tan bella como una rosa con espinas, como un diamante afilado y como una estrella en la noche. Brilla y siempre brillará. Aunque ya sabía que meterme en esto solo me acarrea problemas, no solamente por ese par de inútiles sino por intentar mantener nuestro fuego intacto sin fugas que hagan que todo acabé en un destrozo.

Me acuerdo de la primera vez que dormimos juntos y actúe bien quitándole el teléfono. Conozco a Amalia y sabía que sería capaz de hacer algo con su movíl tras saber que me estaba acostando con ella.

Borré las imágenes comprometidas que me mandó en aquel viaje, como también las conversaciones subidas de tono. De no haberlo hecho, algo más estaría filtrado en la televisión y acabaría jodiendo la reputación que momentáneamente debo manter intacta.

Aún sigo mordido por el beso que ese porquería le llegó a dar. ¿En qué pensaba cuando se lo permitía? Igualmente ella no volverá a él, sé que tras esa sombra de ir de niña mala que no quiere a nadie, siente más que atracción por mí.

Me quedé el resto de las horas despierto observándola y comprobando a cada momento si seguía teniendo el ritmo cardíaco controlado.

Horas antes de amanecer despertó sofocada mirando a todos lados, fingí que estaba dormido para no mostrarle interés, seguía molesto para ella.

Samantha

La cabeza me tilbaba y la sien me estaba apuñalando, el dolor se sentía al punto de dejarme mareada y con ganas de vomitar. Miré a mi alrededor dándome cuenta de que esa perra me drogó. Nathaniel yacía a mi lado dormido y me levanté sujetándome de lo que podía para correr hacia el baño donde eché todo lo del día anterior.

Me sujete del inodoro y apreté el botón para que se fuera todo. Con fuerza me levanté del suelo y me agarré al lavabo para echarme agua al rostro y limpiarme los dientes con el cepillo que dejó Nathaniel aquí para mí.

Salí volviendo a meterme a la cama, su cuerpo desprendía calor y me moría de ganas por acercarme, pero no lo haré. Ya estuvo dándole calor a otra y hacer eso solo hará que aumente su narcisismo.

Me metí bajo las sábanas sintiendo como estaba a mi espalda, respiré hondo y mi cuerpo actuó sin yo querer moviendo mi trasero hacía él, encajandolo cerca de su pantalón. Su bulto estaba maltratando mi parte trasera, sabiendo que aunque estuviera fingiendo dormir, seguía activo para lo que fuera.

Movió su cuerpo como si estuviera durmiendo y se apegó más a mí. No nos tocábamos con las manos, pero se sentía como si mi vagina estuviera en llamas por su pene.

Pasaron los minutos y no podía dormir de esta forma, así que me volteé quedando nariz con nariz respirando nuestro mismo aire. Su perfume de Paco Rabanne se mezclaba con el mío de Dior en el aire.

Amar hasta quemarDonde viven las historias. Descúbrelo ahora