Samantha
El club de idiotas, es decir, los del baloncesto decidieron hacer una especie de fiesta de celebración de su última jugada. Y cómo no Samantha Browner va a estar ahí. Sé que se mueren por tenerme, ello se demuestra cuando siempre que he participado en sus fiestas, buscaban embaucarme con bebida, pero ni en un coma etílico le doy más de lo que deben tener.
Aunque últimamente están más alejados, los años anteriores se mantenían detrás de mis faldas. No solamente ellos, eso es lo que hizo que mi nombre retumbará y supieran que soy el pecado delicioso exclusivo.
Pecado por estar con alguien y comerme cualquier cosa que me esté en la mira.
Alexander otro idiota, aún recuerdo el día que lloraba viendo cómo se follaba a una de sus putas engañándome por tercera vez en nuestros comienzos de relación. Él no fue un santo y yo no soy menos. La estúpida regla de «No eres mejor si haces lo que te hicieron» y efectivamente no lo soy, de hecho soy peor, ya que yo no me ocultó.
Aunque con Nathaniel no es lo mismo, no quiero que se entere ni él ni ninguno más, es algo nuestro. ¿El qué? No lo sé, pero nadie debe de meter sus narices en ello.
Nathaniel es ese chico irresistible que sabes que te marcará en el alma como si te atropellara con una apisonadora. Pero eso no quita que sea un cabrón, otro igual a Alexander. De hecho creo que se conocen por algo relacionado con eso.
Nunca me contó su historia con él, tampoco me importaba, pero nace la duda de si fue por celos. Ambos son mujeriegos y no me extrañaría que celaran a la misma presa.
Casanova o no, mi plan no cae, lo tendré al dedillopara conseguir darle con un martillo en la coraza de tío no disponible para San Valentín.
Julieth me recogió con su coche y me reparo de arriba abajo mientras Lucía un vestido negro de tirantes mostrando mis atributos.
—Te veo preparada para deslumbrar.
—Entré al auto y le di un beso en la mejilla, para luego repararla a ella.
—Estamos.
—Sí, pero yo no tengo esa magia que tienes tú.
La miré extrañada.
—¿Qué magia? Harry Potter te hizo estragos en la cabeza.
—No Samantha, mírate, eres la tía buena del instituto y yo solo soy la amiga.
—¿Y quién te dice a ti que la amiga no lo sea también? Yo no me junto con gente fea —bromeé haciendo que soltará la risa.
—Asimismo eso no explica el porqué no ser tan querida por los tíos cómo lo haces tú. Pasa tip.
—July, eres preciosa, y ciega. No es que no ligues, es que eres boba y cuando se te lanzan huyes de ello.
—No huyó —me reclama.
—Marcos, tercero de la eso, te dijo que le parecías guapa y lo tiraste a la piscina.
—¡Fue su culpa! Me puse nerviosa y él estaba cerca del borde, así que me tropecé tirándolo al agua conmigo.
Reímos.
—Y aún te puedo nombrar a Charles, Leonard, y muchos más que lo intentaron, pero tu timidez los dificulta. Además de tus sombrías respuestas.
—En cierta parte no me ha interesado nunca enamorarme, pero todavía reflexionó con el príncipe en mi cabeza.
—No, empieces otra vez.
—Solo piénsalo, posible es. Tú tienes a quién te llama princesa.
—¿Y dónde iba a ser la fiesta? —cambió de tema, ya que no quiero ir por ese camino.
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Amar hasta quemar
Romance~"Á𝔪𝔞𝔪𝔢 𝔥𝔞𝔰𝔱𝔞 𝔮𝔲𝔢𝔪𝔞𝔯𝔫𝔬𝔰 𝔢𝔫 𝔢𝔩 𝔦𝔫𝔣𝔦𝔢𝔯𝔫𝔬". Los polos opuestos se atraen, pero los que arden y juegan en el mismo nivel se desean hasta permaneciendo en el infierno. ¿Quién dice que los que son de la misma astilla no combi...