CAPÍTULO 7

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Samantha

Me desperté con un terrible dolor de cabeza, ayer parece ser que mi vida se convirtió en una pesadilla.

¡¿Casarme?! Antes lo hago con el idiota de Nathaniel a estar con Alexander toda mi vida.

Me puse ropa deportiva, un conjunto gris y bajé a la cocina, donde estaba el producto de mis pesadillas, Alexander.

—¿Cómo despertaste? Anoche me fui preocupado después de que se fuera el médico.

—Estoy bien, pero eso de casarse —dejé una pausa. —No lo veo.

—No hay nada que ver, está ya planeado.

—No. ¡No!, no quiero casarme contigo.

—¿No me quieres?

—Sabes perfectamente que llevamos mucho tiempo estando juntos sin sentido, no es lo mismo que 4 años atrás.

—Ya no sé quién eres tú y quien soy yo, pero sé que te quiero.

—Alexander, te he engañado miles de veces y lo sabes, ¿Por qué sigues conmigo?

—¿Por qué sigues tú conmigo?

—No lo sé —le dije la verdad.

En parte quería dejar esto desde tiempo antes, pero mi familia tenía miedo por el futuro que tendría sin él, pero me importaba una puta mierda su dinero y su familia.

—Por amor —afirmó, pero no se lo creía ni él.

—¡Esto no es amor!

—Creo que sigues afectada por el desmayo.

—Abre los ojos, desde el fondo de mi corazón a pesar de todo te deseo que seas libre. . . Sin mí.

—No es lo que quiero, y ya vámonos es la hora.

Pero sí es lo que yo quiero.

Bajamos y me cogió de la mano, para luego entrar dentro a la vista de los rumores y toda la gente que nos veía.

Esta relación me parece tan falsa como la de Melanie con Trump, pero el muy idiota no se da cuenta, y en parte me es difícil después de tantos años alejarlo de mí de una vez.

Como siempre las miradas seguían fijas en mí, y los cotilleos aumentaban, ¿Cómo no? Si la alumna sexy está follándose al profesor de prueba.

Seguimos caminando hasta mi taquilla donde a pocos pasos de mí estaban los del club y Nathaniel.

Últimamente se junta mucho con esos imbéciles, pero que decir, otro igual, él se me quedo mirando y su expresión facial cambió al ver con quién iba de la mano.

Mientras tanto, el club como siempre chiflaba y decían la primera gilipollez que pasará por su cabeza.

Alexander era imparcial, casi inexistente, sabía de mi popularidad y le importaba muy poco que la gente me sedujera, pues él mismo sabía que yo jugaba de esa manera, pero se negaba a pensar que no lo quería.

Nathaniel

—¿Qué tal la noche John? —me burlé.

—Devuélveme la puta moto.

—Te dije que hicieras algo.

—Estaba en el baño —se excusó.

—Y yo con tu moto.

—¿Qué ocurre tíos? —llegó Daniel.

—Qué es un tramposo —suelta a hablar John.

—Yo he dicho mis reglas.

Amar hasta quemarDonde viven las historias. Descúbrelo ahora