Samantha
Ya era la tercera noche que tenía el mismo sueño húmedo con el portento de ese maldito, me tiene tocándome a cada rato, ya que no lo veo desde hace días, me ha descontrolado y el no poder cabalgarlo me ponía las hormonas como adolescente desquiciada.
Mi respiración se agita de solo pensar en cada momento que hemos tenido, mi casa, la fiesta, mi sofá, el gimnasio y mi cuerpo pide tenerlo, el sentir su erección en mi entrepierna al besarme solo me encendía más.
Y de solo pensar lo prohibido y lo llamativo que es hace que llegué a un estado de enferma sexual, pero no puedo estar así por más días, me niego.
Si él se va, necesitó jugar con otro, así que ese será el plan de hoy.
Me perfumé y me puse un jersey de hombros descubiertos verde con unos pantalones negros, para luego peinarme y bajar las escaleras.
—Buenos días, rompecorazones —me abrió la puerta del coche.
Entré sin decir nada.
—Sé que odias hablar tan temprano, pero notó algo raro en tu rostro, estás más seria de lo normal, ¿Estás enferma?
—Lo estoy —afirmé.
—¿Qué te ocurre? —me miró preocupada.
—Estoy enferma de ganas de sexo.
—Me habías asustado idiota —dio un suspiro. —Ve con Alexander.
—No, con él no.
—¿Nathaniel?
—No está en la ciudad.
—¿Y qué piensas hacer?
—Creo que haré justicia a mi apodo.
—¿Y eso quiere decir? —preguntó curiosa.
—Ya te contaré o mejor dicho ya lo escucharás —esbocé una sonrisa.
Julieth fue directamente a clase, por lo que yo seguí mi camino dejando el rastro de las pisadas de un súcubo a punto de explotar por no encontrar su presa.
Pero para mi favorable día, me encontré al pobre cervatillo de Daniel.
Nathaniel
Había vuelto de mi viaje fuera de la ciudad, necesitaba un tiempo para mí, pero acabé bebiendo pensando en lo loco que estoy por tocarla y con el miedo a mensajearle.
La quiero para mí y a la vez la quiero alejada de mí, porque no la quiero más a ella que en mi cama.
Me quedé mirando el décimo mensaje de la loca de Amalia, no paraba de hablarme desde que desaparecí, pues perdió mi pista, a la única que avisé fue a Samantha.
Se hizo la desinteresada, pero estuvo alegrándome las noches con fotos que me estuvo mandando, lo mío no es el sexting, pero había momentos que quería coger un vuelo y robármela para romperla en el baño del avión.
—Daniel está jugando con tu juguete.
—¿Qué estás diciendo? —lo miré extrañado.
—Opina con tus propios ojos.
Miré hacia donde me señalaba John con la cabeza, y la escena hizo que fuese hasta donde ella estaba.
—¿Ahora acosas a menores?
—¿Nathaniel? —se apartó de encima a Daniel para mirarme. —¿No estabas de viaje?
—Y lo estaba, pero aquí estoy y veo que te la estabas pasando muy bien —intentaba disimularlo sin embargo mi tono en el fondo se notaba áspero.
—Esto... —intentó explicarse.
—¿Explicación? Dásela a tu novio.
—Bro... —me miró con cara de circunstancias.
—Toda tuya —mentí y Samantha se me quedó mirando a los ojos, confundida por mi respuesta.
Pasé por el lado de Daniel y le di un golpe en el hombro mientras me acercaba a su oído.
—Estás muerto —le susurré y sonreí yéndome del lugar.
No mentía cuando decía que la quería para mí y aún ocultándolo me lleno de rabia tragada por mi orgullo.
Logan me esperó a la salida del instituto, teníamos que ir a hacer un par de tareas con esto de la cena de los Borris.
—He visto toda la escena de Samantha, te dije que es un gran peligro.
—El juego aún no ha terminado y cuando dije que la iba a tener es porque la voy a tener.
—Deja de ser tan inmaduro y mándala a la mierda, tienes muchas más.
—Sí, pero no la tengo a ella, aún no.
—A la chica del hijo de tu contrincante —dijo en un tono burlesco.
—No por mucho tiempo estará con él, se puede estar comiendo la boca con miles, que a mí me va a dedicar sus mejores gemidos, guárdate mis palabras.
—Un estúpido juego en el que demuestras la soberbia que tienes, y ella no es tan fácil como todas.
—Eso solo hace que me den más ganas de ir a por ella.
—Estás jugando con sentimientos, al final acabará mal.
—No juego con cosas que no existen, ni por mi parte, ni por la de ella.
—Tienes sentimientos, no eres un puto robot y cuando lo descubras se desatará esa llama dentro de ti.
—Una llama llena de deseo y placer, me parece bien.
Me miró y negó repetidas veces con la cabeza.
Sé muy bien lo que digo, y aunque conlleve llevarme a quién sea por delante, la quiero para mí únicamente.
Volvimos de hacer las compras necesarias, para volver a la entrada del instituto, dónde tenía pensado arreglar un par de problemas con mi querido amigo Daniel. Pero nada que aparecía.
—¿Qué tienes pensado? ¿Pegarle?
—No me interesa pegar a un niño, solo hablaré con él.
—¿Y qué buscas que haga? ¿Qué te pida perdón por liarse con la tía que se lía con todos?
—No busco eso.
—¡Amorcito! —escuché una voz desde lejos.
—¿Qué diablos? —se giró Logan.
—Amalia.
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Amar hasta quemar
Romance~"Á𝔪𝔞𝔪𝔢 𝔥𝔞𝔰𝔱𝔞 𝔮𝔲𝔢𝔪𝔞𝔯𝔫𝔬𝔰 𝔢𝔫 𝔢𝔩 𝔦𝔫𝔣𝔦𝔢𝔯𝔫𝔬". Los polos opuestos se atraen, pero los que arden y juegan en el mismo nivel se desean hasta permaneciendo en el infierno. ¿Quién dice que los que son de la misma astilla no combi...