Nathaniel—Te llamo luego —cuelgo centrando mi vista en la delicia que tengo en frente.
Le mordí y chupé el cuello dejándole marcas visibles, mientras agarraba con ambas manos sus nalgas refregando su cuerpo desnudo contra el mío.
—Nene... —jadeo. —¿Quién te llamo?
Besé sus pechos y bajé dando besos hasta su abdomen.
—Eso no importa ahora.
Le besé los labios de abajo.
—Te he notado tenso, ¿Qué es?
Comencé a chupar y meter tres de mis dedos en su interior.
—¡Ay, dios! —echó la cabeza hacía atrás.
Seguí con mi objetivo, no quería que se distrajera con nadie ni nada, ahora solo importabamos ella y yo.
Julieth
Salí de la habitación del hotel dirigiéndome a la recepción, tenía que revisar algunas llamadas importantes.
—Disculpe, ¿Puede ver si han llamado a mi habitación?
—Dame un par de minutos.
Me quede mirando la pared sin saber con que distraerme, las revistas eran ridículas, no había nadie alrededor y no le pensaba hablar a la recepcionista. Para colmo no he vuelto a saber de Samantha, ni de Logan y lo más grave del asunto. ¿Qué diablos hacía Amalia aquí?
No quiso responder mi pregunta cuando le dije que hacía aquí, solo trataba de hacerse la amable conmigo y no soy tan estúpida como para creerme esa trola.
Sé que es una ex mordida por Nathaniel, pero me aterra a lo que dé su demencia psicópata.
—Aquí hay algo —la miré. —Una llamada de los juzgados de Los Ángeles.
—De acuerdo, hágame el favor de decirme el número que marcó.
Dice una secuencia de números que apunté con un bolígrafo en mi brazo.
—¿Quieres un papel?
Me giré quedando atónita.
—¿Qué haces aquí?
—Espiarte —rié.
Se acercó a la recepcionista que le entregó una llave, me fijé en el número 167; la mía era la 166. ¡Él estaba en frente mía!
Respiré hondo intentando no ponerme nerviosa y olvidando todas las cochinadas que Samantha me enseñó. A mí siempre me ha gustado el romance, pero de vez en cuando le robaba un libro a Samantha y su estilo literario es muy inapropiado por decirlo de alguna forma.
Había miles de historias con vecinos, compañeros de piso, y todo lo relacionado con tener habitaciones cerca para desatar el erotismo.
Y todas esas historias me hacían creer que podrían ocurrir conmigo...
Borré esas ideas absurdas de mi cabeza y verifiqué que el número de mi mano estuviera bien escrito.
—Gracias por el papel —me alejé caminando hacia atrás. —Pero no es necesario.
Sin mirar me giré golpeándome de frente con una planta del hotel, me aparté fingiendo que no ocurrió nada pero mis piernas comenzaron a tambalear cuando sentí una mano sobre mi hombro.
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Amar hasta quemar
Romance~"Á𝔪𝔞𝔪𝔢 𝔥𝔞𝔰𝔱𝔞 𝔮𝔲𝔢𝔪𝔞𝔯𝔫𝔬𝔰 𝔢𝔫 𝔢𝔩 𝔦𝔫𝔣𝔦𝔢𝔯𝔫𝔬". Los polos opuestos se atraen, pero los que arden y juegan en el mismo nivel se desean hasta permaneciendo en el infierno. ¿Quién dice que los que son de la misma astilla no combi...