En cuanto Castiel tocó el suelo de la casa de Bobby, se vio rodeado. Supuso por sus caras que tenían muchas preguntas que hacerle. Había desaparecido por un día entero, quedándose con Lucifer y sus hijos, y le costó alejarse de esa falsa estabilidad, pero finalmente estaba aquí, enfrentando los verdaderos problemas.
Dean, Sam, Bobby, Gabriel e incluso Crowley estaban allí, juzgándole.
- Cas, ¿Podrías decirnos que demonios está pasando? – Interrogó el rubio.
El ángel se revolvió en su asiento, buscando una respuesta lo más clara y concisa posible, ¿Cómo decirles que no había de que preocuparse?
- Pues Lucifer trajo de vuelta a mis hijos, los cuales creía muertos, y ya todo esta bien. –
- ¿Bien? – Intervino su hermano mayor. – Porque traer a seres que eliminarían el universo de un pensamiento soluciona todos nuestros problemas, ¿No? – Ridiculizó.
- No hables así de mis hijos. – Defendió, cambiando su pasividad por algo un poco más agresivo. – El fin del mundo se acabó. Michael no se atreverá a pisar la tierra y Lucifer prometió detenerse.
El lugar se quedó en silencio, sopesando todo aquello. No creían ni una palabra de Satanás y la inocencia de esos niños era discutible.
- ¿Y que se supone que toca? ¿Dejamos que sean felices por siempre, temiendo que un día se levanten de malas y destruyan todo lo existente? – Gabe era directo pero su hermano menor era peor.
- Jamás te ha importado la tierra, ni yo, ni Lucifer. Yo me encargaré de los niños, ellos no son un peligro si te mantienes alejado. No te metas, Gabriel. – Le amenazó el ángel.
El morocho se levantó de su lugar, dando por terminada la charla.
- Estoy dispuesto a que los conozcan. Después de todo, son mis amigos y quiero que vivan con la tranquilidad de que nada malo pasara. –
Por otro lado, Lucifer no estaba tan de acuerdo con la idea.
- Claro que no, Castiel. No son de fiar esos tipos. –
- Sabes que solo pudieron atraparlos antes porque eran bebés, ahora no existe un peligro real para ellos. – Buscó convencerlo Cas.
Los ojos celestes de Satán escudriñaron al menor. Aún existía esa pequeña astilla de desconfianza entre los dos. ¿Y si Castiel pretendía alejarlos de él? ¿Y si los manipulaban como hicieron con su ángel? Había llegado aquí tan seguro de sí mismo, y ahora era un mundo de desconfianza. Ya no se trataba de su fin. Castiel estaba aquí donde no podía protegerlo todo el tiempo, y sus hijos se unían a esa preocupación constante.
Cas acarició el rostro del rubio, la tersa piel recompuesta que tenía. Su recipiente fue curado por sus hijos, y se había vuelto una preocupación menos. Se dejó hacer por el cálido tacto.
- Nada malo va a pasarnos. – Prometió el ángel de Lucifer.
La verdad, viéndolos conversar entre sí y curioseando todo a su alrededor, el parecido con sus padres era obvio. Jack, mirada confundida y preguntas incomodas, llevaba el cabello rubio y era el mayor. Mientras que su contraparte, Nathan, era todo lo opuesto. Mirada sobradora y escasas, pero no muy inocentes palabras. El parecido físico coincidía con Cas, pero por muy poco era más alto que el ángel.
Estaban sentados frente al escritorio de Bobby, escudriñados desde la cocina por el grupo. El menor encontró una botella de cerveza a medio tomar, analizando el contenido, pero Cas corrió a intervenir cuando estaba a punto de probarlo, arrebatándosela.
- Eso no, Nathan. – El chico arrugó la frente y se cruzó de brazos.
- Este lugar es aburrido, mamá. –
- Quiero dulces. – Pidió Jack, jugando con un pequeño reloj de arena.
Nath observó a su hermano haciendo que la arena color naranja pasara de un lado a otro del recipiente, y el también quería algo así. Le quitó el reloj a su hermano, y Jack no objeto nada, hasta que se dio cuenta de que ya no lo tendría más.
- ¡Mamá! – Llamó. – Nathan me quitó la cosa con arena. – Acusó.
Castiel giró en su lugar, recordando que había uno igual en alguna parte. Le devolvió su reloj a Jack y le dio uno nuevo al menor, de un color diferente.
- Pero me gusta el naranja. – Chilló Nath.
Ser padre, o más bien madre, no era tan fácil como lo imaginó, pero su vida cobraba un sentido diferente. Aunque eran los seres más poderosos del planeta y podían aparecerse todos los relojes de arena del planeta, dependía absolutamente de su madre.
Cuando las cosas se tranquilizaron, y ambos estaban entretenidos siguiendo la arena correr de un lado a otro, Castiel volvió con el grupo de observadores.
- No bromeabas cuando dijiste que eran niños. – Dijo Dean a su lado.
Su apariencia discernía mucho de un infante, pero lo eran.
- Pasaron mucho tiempo dormidos, como yo. – Explicó el ángel. – No han vivido absolutamente nada del mundo.
- No parecen tener tendencias asesinas, – Bromeó Crowley. – Aun.
- Lucifer también parecía totalmente normal al principio. – Recordó Gabe. – No me fio.
- No me interesa tu opinión. – Cerró la discusión Cas. – Dean y Sam son los que tienen que estar seguros.
Mientras estos discutían, Sam y Bobby habían aprovechado para acercarse a los chicos. Dos pares de ojos azules se centraron en ellos, algo incómodo.
- Hola. – Dijo el cazador más joven, levantando la mano.
Los niños copiaron su gesto. Jack sonrió, pero Nath seguía desconfiando de todo ese extraño ambiente.
- Soy Sam, y él es Bobby. – Señalo. - Así que... mellizos, ¿No? – Los hermanos asintieron. - ¿Cuál es el mayor?
- Yo. – Jack levanto su mano orgulloso. - ¿Tienes hermanos también?
- Si, el de camisa a cuadros de allá. – Señalo a Dean. – Yo soy el menor de los dos.
Los chicos voltearon hacia el rubio un par de segundos, chocando con la mirada intensa de Dean, juzgándolos.
- No me gusta él. – Dijo Jack.
- Ni un poco. – Apoyó su hermano menor.
Sam sonrió avergonzado, pero continuo hablando con ellos. Eran amables, educados y no era muy distinto a tratar con Castiel. Pero Luci no les había permitido quedarse por mucho tiempo, temeroso de los Winchester y su sequito.
Los chicos se despidieron alegremente de Sammy, evitando a su hermano y los demás. Como entraron por la puerta, también se irían por ella, esa fue la peor decisión que Cas pudo tomar.
Raphael estaba al otro lado y clavó su daga en Castiel.
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El ángel de Lucifer.
FanfictionCastiel despierta de su eterno sueño, listo para cumplir las órdenes de Lucifer. Es su soldado, su sicario, su ángel. Lustiel
