Las cartas corrían de un lado a otro, en un intrincado juego. Milagrosamente, el Truco había calmado cualquier confrontación física entre el cazador y Satanás, convirtiéndolos en simples rivales en un juego de cartas. Aún se odiaban, y en cuanto uno de los dos hiciera ostento de su triunfo, el otro saltaría sobre él a matar o morir.
Pero mientras, mantenían al par de rubios alejados de la planeación. Sam, Bobby, Gabe, Cas y Crowley estaban dispersos por la cocina, al otro lado, discutiendo que hacer con Michael.
- ¿Qué hacemos entonces? Enfrentarlo con el "Paras o te paró" y ya. – Dijo el arcángel. – Me parece estúpido.
- No creo que tengamos muchas más opciones. – Objetó Sam.
- Tuvimos una charla civilizada con él antes, pero Lucifer y yo tememos por los niños. – Añadió el ángel. – No sabemos de qué sea capaz.
- Apuesto que Michael ya nos está esperando. – Dijo el demonio.
- Disparar antes de que él lo haga, me parece lo más conveniente. – Acreditó Bobby, bebiendo su segunda cerveza.
Lucifer dejó sus cartas sobre el escritorio en el que jugaban y se acercó a la disputa.
- No pondré a mis hijos en la línea de fuego. – Sentenció Satán, dando por comprendido que eso no iba a cambiar por nada ni nadie. – Puedo intentar negociar con él en otros términos, pero Nath y Jacky se quedaran lejos.
Nadie objetó, algunos por temor a esa mirada asesina de "No toques a mis bebés", otros por estar de acuerdo con el trato.
Jack y Nathan por fin conocerían el infierno del que tanto les había hablado su padre, eran un montón de nervios y emoción. El infierno se abrió para ellos, y aunque creían estar bastante abajo, escaleras más profundas se abrieron ante ellos. Sonaron algo parecido a campanas a lo lejos, los príncipes del infierno estaban en casa. Algunos demonios dejaron sus puestos para hincarse ante los chicos, avergonzando a Jack y dibujando una sonrisa sobradora en Nath.
No era como los libros contaban. No había tanto fuego, solo algunas antorchas a lo largo de los pasillos. La oscuridad, la incertidumbre de no saber que te observaba desde allí, era mucho peor que el fuego. A lo lejos se escuchaban almas torturadas gritando en agonía, como una eterna melodía. Y el frío de los muros negros, enroscados en complejos laberintos, te notificaban que no saldrías de allí sin perder la cordura.
Lucifer giró a la derecha, seguido por los jóvenes y su madre. Dobles puertas, altas y tremendamente fuertes, talladas en arabescos símbolos, se abrieron. El trono se dejó ver, tan oscuro y tenebroso como el resto del lugar.
Hacia la derecha, se presentaba un pasillo hacia las habitaciones; el de la izquierda, llevaba a la cocina, comedor y demás. Pero si seguías derecho ambos, te darías cuenta de que era un círculo en que todo estaba conectado.
- Hogar, dulce hogar. – Sonrió Satán.
- Genial... - Susurraron los dos jóvenes.
- Aquí se quedaran, bajo supervisión de Gadreel y los demás, y con todas las comodidades. – Informó Lucifer.
Cas estaba demasiado distraído. No había vuelto a ese lugar desde que lo perdieron todo. Aún podían sentir los latidos fuertes de su corazón mientras escapaba por los interminables pasillos, cargando a dos niños indefensos. Rogando que no le encontraran, con el dolor escociéndole las tripas, y la sangre cubriéndole la ropa.
Los niños habían corrido excursionando la nueva "casa" y la pareja se quedó a solas. Las celestes miradas que rehuían, se enfrentaron. Lucifer no estaba tan convencido de la seguridad de sus hijos como aquella vez, y Cas no era tan fuerte para volver a perderlos.
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El ángel de Lucifer.
FanfictionCastiel despierta de su eterno sueño, listo para cumplir las órdenes de Lucifer. Es su soldado, su sicario, su ángel. Lustiel
