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— ¿Cómo está?

Preguntó Sesshomaru inquieto. El doctor Takemaru, se acomodó los lentes sobre su tabique nasal y hojeó rápidamente los resultados de los exámenes que se le practicaron a Kagome.

— Se encuentra en un estado de desnutrición crónica y eso está afectando el desarrollo de el embrión.

Contestó el doctor Takemaru profesionalmente, sin embargo no ignoró el rostro perplejo y confuso de su superior.

— ¿Embrión? ¿Kagome está embarazada?

Takemaru asintió.

— Así es. Según los análisis realizados, tiene dos meses de gestación.

¿Dos meses? ¿Dos putos meses? ¿Sería posible que...? Kagome estuvo dos meses desaparecida... Un día después de que ambos estuvieron juntos y no se protegieron, ella fue capturada por Inuyasha. 

Sesshomaru se agarró su melena plateada con ambas manos. La noticia lo hizo sentirse aún más culpable.

— Estará bajo un estricto cuidado y se le aplicarán vitaminas minerales para que su cuerpo se hidrate.

— Está bien Takemaru. Haz todo lo que esté en tus manos.

Takemaru nuevamente asintió y se marchó.

Sesshomaru se sentó en una banca para pacientes. La noticia le había caído como un balde de agua fría ¿Inuyasha lo sabría? ¿Qué pasaría ese día cuando regresó al apartamento? Con solo pensarlo su cabeza se volvía un completo caos.

Sango y Miroku habían llegado en cuanto se les comunicó que Kagome había sido encontrada. Ambos  en compañía de Kohaku, el hermano menor de la castaña. Pero debido a la salud delicada de su amiga no pudieron verla. Miroku aprovechó para buscar a Bankotsu y hablar con él. Sango llevó a Kohaku a la cafetería de el hospital y estando allí se encontraron con Rin.

Inuyasha aún se encontraba inconsciente y su padre permanecía en la habitación todo el tiempo que le era posible.

La noticia corrió por toda la ciudad como pan caliente, siendo los Taisho la crema innata, los medios de comunicación social se aglomeraron en las afueras de el hospital, esperando como los buitres para atacar a preguntas al primero que saliera.

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Los días fueron pasando rápidamente. Con tanto ajetreo en el hospital los Taisho no eran consciente de el tiempo que se iba.

Kagura despertó de el coma pero aún no se podía valer por sí misma puesto que permaneció inmóvil por cuatro meses y sus miembros no respondían con facilidad. Le costaba hablar y también mover sus manos y pies.

Inuyasha se recuperaba satisfactoriamente pero las consecuencias de lo ocurrido fueron desastrosas. Se volvió aún más antipático, agresivo, gruñón e intolerable.

Inu no ya se sentía cansado de sus ofensas, de sus reclamos y sobre todo que él siempre le enrostrara que tenía la culpa de lo ocurrido, de lo que sufrió desde su niñez. Le gritaba que por su culpa su madre se había suicidado, porque no supo sobrellevar la carga de todas las emociones que sentía.

Inu no siempre estuvo al pendiente de su otra familia económicamente, de la mujer que permanecía bajo las sombras de aquella esposa petulante y creída.

Inuyasha nació y él no estuvo allí porque era el cumpleaños de su querida"Irasue" cuando Inuyasha fue violado por Naraku en aquella fría noche de invierno, su madre había sido su único consuelo... Recordó como Izayoi entre lágrimas le suplicaba a Inu no para que llegase a verlo al hospital pero él simplemente se negaba.

¿Ahora qué puta pretendía? El estar horas y horas sentado en una jodida silla observando dormir a su hijo, no iba a cambiar las cosas, no iba a regresar el tiempo atrás para poder estar con aquel niño en todos los momentos en los cuales él lo necesitaba... Inuyasha se podría por dentro, el dolor, la rabia lo carcomía como un cáncer terminal.

Inuyasha lo necesitó y nunca estuvo para él. Habían noches en las cuales se dormía en el porche delantero de casa, porque esperaba y esperaba, y al final el sueño le vencía, su padre nunca llegaba.

Su madre lo cargaba y lo llevaba a la habitación, lo arropaba con una sábana tibia y le limpiaba las lágrimas que se habían quedado acumulada en sus ojos ¿Qué hijo se merece una vida así? ¿Qué niño no anhela dormirse sobre el regazo de su padre? ¿Qué niño no desea que su padre lo acurruque y le lea un cuento hasta que se quede dormido? Inuyasha era uno de esos tantos niños que nunca supieron lo que era tener un padre.

— Es por tu bien.

Insistía su progenitor una vez más pero Inuyasha se negaba. No era aquél tonto niño que lloraba por un patético padre, no, ahora era todo un hombre y tomaba sus propias decisiones. Era su vida.

— Y yo ya dejé claro que no quiero. No quiero que te metas en mi vida. No ahora Inu no, ahora ya no te necesito.

— Sabes perfectamente que necesitas ayuda psicológica. Debes desahogar todo lo que llevas dentro.

Inuyasha arqueó ambas cejas y se burló de las palabras de su padre.

— ¿Desahogar? ¿Realmente quieres saber todo lo que pienso de ti Inu no? ¡Ja! Ya no vale la pena.

La habitación se llenó de un aire tenso y frío. Inuyasha mantenía su mirada hacia la ventana e Inu no permanencia apoyado en el marco de la puerta. Día y noche hablaba con él y se tenía que tragar todas las palabras hirientes que su hijo le profesaba... Se las merecía, no le llevaría la contraria.

En lo que sí no estaba de acuerdo es en que no aceptara ayuda de un profesional. Inuyasha debía de arrojar todo aquello que no le permitía ser feliz, ser un joven alegre, liberarse de el pasado... De un doloroso pasado.

— ¿Sabes que Sesshomaru tomará acciones legales en contra de ti?

Inuyasha se encogió de hombros. Su mirada triste se posó unos instantes en el rostro de su padre y luego vio nuevamente hacia la ventana.

— No me importa lo que ese imbécil haga.

— Ese imbécil como le llamas está siendo lo bastante comprensivo contigo. El daño que le causaste a Kagome casi la mata.

— No me hables de esa maldita zorra.

— Solo es una mujer enamorada.

Inuyasha arqueó una ceja ¿Enamorada? Qué patético.

— ¿Entonces tú también eres patético por amar a Jakotsu?

El rostro de Inuyasha palideció al instante. Un grueso nudo se formó en su garganta y sintió un escalofrío que le recorrió la espina dorsal... Su padre lo sabía.

Tóxico (Terminado) Donde viven las historias. Descúbrelo ahora