Me encontraba al frente de casa. No me había movido durante varios minutos. Todo seguía igual. Todo a como yo lo recordaba, menos por las cintas de policía, las cuales recorrían todas las entradas y salidas de la casa.
Los faros de los coches iluminaban el lugar. No se encontraba nadie en las calles a estas horas de la noche. Mi móvil no había dejado de sonar desde que abandoné la casa de mamá. No me molesté ni en ver quién era el responsable de tantas llamadas.
Me acerqué lentamente a la puerta arrancando las cintas de la entrada. El pomo se encontraba cerrado. Rodeé la casa viendo el piso de arriba. Lo recordaba más grande, aunque sería comprensible al tener un cuerpo más diminuto.
El patio trasero, igual que el delantero, se encontraba lleno de cintas, incluso se habían roto el gnomo favorito de papá; el del gorro azul.
La puerta trasera se encontraba destrozada por la humedad. Agarré el pomo girándolo sutilmente; a pesar de encontrarse también atrancada, con un poco de fuerza conseguí abrirla.
La cocina estaba totalmente ordenada, aunque algunas de las cosas se encontraban fuera de sus cajones. Me dirigí al salón, el lugar dónde pasaba la mayor parte de mi día. El olor a humedad se hacía abundante en el aire.
El teléfono móvil me facilitaba la vista gracias a la linterna. Como en la cocina, había papeles por todos lados; me dio un pinchazo en la cabeza, tan fuerte que me tuve que apoyar en la pared. Mi ojo empezó a temblar, provocando que tuviera que rascarme de manera compulsiva.
Decidí grabar la situación, no me sé el porqué, pero empecé a ver a todos lados.
A pocos metros se encontraba la puerta de mi habitación, unas letras enormes con mi primer nombre lo confirmaban. Abrí lentamente la puerta, con el móvil puesto en el pecho. Las marcas de mi estatura a lo largo de los años seguían ahí, en el marco de la puerta. Todo se encontraba ordenado, menos mis cuadernos y mi mesilla de noche.
Pasé mis manos por las hojas sueltas: "Arte Seven Voltaire". Ese nombre se encontraba e todas las hojas, llenas de ejercicios.
Mi dedo recorrió la silueta de la 'A', recordando las horas que me pasé escribiendo todas esas hojas que me han hecho ser inteligente. Detrás de algunas cajas con mis lápices de colores se encontraba una foto incrustada en un cuadro de corcho.
Papá la colocó ahí, una foto de ambos de pie en el salón. Él estaba agachado colocando sus manos en mis hombros. Aparentemente parecía un hombre joven. Ahora que la veo entiendo unas palabras que creía que eran mentira. Confirmo el parecido de ambos.
Desincrusté la chincheta y guardé la foto en el bolsillo de mi chaqueta. Grababa a todos lados como si fuera aparecer algo o alguien.
Me dejé caer en el suelo con la espalda apoyada en el colchón. Observé el techo, como cada mota de polvo viajaba por la habitación.
Algo dentro de mí empezó a relajarse, no sé el porqué, pero empecé a reírme sin más. Mi tono cada vez se volvía más alto. Nada me causaba gracia, nunca me había pasado. Nunca había sentido esta sensación por dentro de mi pecho.
¿Me estaré volviendo loca?
No, nunca lo estuve. Ella me hizo creer lo contrario, Nora y su madre me han echo volverme una loca.
He estado hablando todo el rato, pero sin ningún tipo de control, no me acuerdo apenas de las palabras que he empleado. Desde el momento en el que el chico confirmó toda mi vida, algo en mi cabeza ya no es igual. Siento un terrible malestar que me hace querer gritar, pero mi voz no llega a mi garganta.
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PINTURAS ROJAS
Mystery / ThrillerFui la niña más feliz, hasta que me di cuenta de que toda mi infancia era una mentira. Mamá finge ser feliz, pero hay algo que no quiere confesar y eso... No me importa. Siempre he estado en mi mundo, me han dado igual los estudios e incluso mi futu...
