Mi cabeza dolía, no podía resistirlo más, escuchaba voces a mi alrededor que me molestaban mucho mas que el silencio. Abrí los ojos acostumbrándome a la poca luz de el cuarto en el que me encontraba. Moví mis brazos, pero no pude.
Me encontraba atada a una silla en el centro de una habitación oscura, la cual solo era iluminada por una luz en el techo que hacía efecto foco encima de mí.
Tiré de mis manos para intentar soltarme sin ningún resultado, solo dañaba cada vez más mis muñecas y la fuerza que tenía en esos momentos sería gastada para nada. Realmente estaba bien presa a ese mobiliario, incluso mis pies se encontraban atados a las patas de la misma. Tenía marcas por todas las partes de mi cuerpo que se encontraban denudas, como si alguien me hubiera arrojado de lo alto de un barranco.
Agarré con mis manos el reposa brazos el cual me impedía cualquier movimiento de estas.
Dejé caer mi cabeza hacia atrás, centrando mi vista de nuevo en la luz que se encontraba sobre mí, tan blanca que dañaba mis ojos, pero trasmitía mucha paz en mí.
El sonido de unos pies siendo arrastrados por el piso a mis espaldas me hizo girar la cabeza, había una gran mancha negra recorriendo las paredes de un lado a otro, los pies estaban descalzos y malgastados. Se sentó en el rincón derecho en frente de mí y se sentó sin decir nada, solo había silencio mezclado con unas voces en la lejanía de diferentes personas.
Debajo de su manga sacó algo, algo que no pude ver a simple vista, se sacó de encima el saco de encima suyo y lo colocó al lado de sus pies. Un ruido seco me hizo poner mi atención en la sub luz que prendió, la cual me dio a entender que tenía entre sus manos una caja de cerillas.
Mi atención solo iba a ese montón negro en el que una pequeña llama de la cerilla iluminaba un poco su pecho desnudo. Un hombre escuálido se encontraba ahí. A simple vista podía ver la falta de alimentación e higiene a simple vista. Lo que no llega a mi comprensión es como no podía quitar la vista de él.
Un momento de incertidumbre cogió el objeto prendido y lo arrojó a la manta negra que se había quitado anteriormente. Prendió como si le hubiera echado gasolina previamente. Tuve visión de su rostro, lo recordaba muy bien; era el semblante del hombre que disparé siendo niña, el papá trasportó hasta el sótano con mamá.
Su cara era tan familiar en la casa del abuelo y de la madre de mi madre, se encontraba en muchos cuadros. Su habitación, recuerdo que se encontraba cerrada con llave, la cual la tenía la mujer de mi abuelo. Conseguí entrar una vez, no estuve más que unos segundo en los cuales pude saber su nombre, antes de que esa mujer me agarrara del brazo y me arrastrara fuera de la habitación.
— Matheo.- el hombre levantó la vista de la enorme hoguera que se estaba formando en la habitación y la colocó en la mía.
La mitad de su rostro no existía, solo podía ver una calavera. Se levantó de la esquina.
Fascinante.
Es lo único que puedo pensar de ello.
Se encontraba estático viéndome, era mutuo, yo no podía quitar mi mirada de él, su rostro se había vuelto negro, algo imposible, porque las llamas de la habitación la iluminaban por su completo.
Elevó sutilmente su pierna para y comenzó a caminar en mi dirección, pasando por encima de la manta en llamas. No se inmutó, pasó como si nada, acercándose cada vez a mí.
Unos sonidos fuera lo hizo detenerse y ver a la puerta. Vi a la puerta lentamente, algo se aceraba y lo sabía. Matheo había desaparecido, parpadeé muchas veces para asegurarme de que no se encontraba ahí. Un rayo de luz me cegó; cuando abrí los ojos toda la habitación estaba iluminada, se podía leer perfectamente por todas las paredes la misma frase, con un tono rojo, apesta un olor a sangre fresca que me perfora las fosas nasales, pero no me inmuté.

ESTÁS LEYENDO
PINTURAS ROJAS
Mystery / ThrillerFui la niña más feliz, hasta que me di cuenta de que toda mi infancia era una mentira. Mamá finge ser feliz, pero hay algo que no quiere confesar y eso... No me importa. Siempre he estado en mi mundo, me han dado igual los estudios e incluso mi futu...