¿Alguna vez te has involucrado con la mafia? Probablemente no, y espera nunca hacerlo.
Drogas, alcohol, tráfico y muerte es lo único que recibirás de un encuentro con algún mafioso, sobre todo si es de los peores que puedan haber. Pero, ¿por que no...
Zitao tocó la puerta, reteniendo sus lágrimas lo más posible, callando su llanto en lo más profundo de su pecho.
Cuando el alto le abrió no dudó en empujarlo dentro, cerrando la puerta a sus espaldas de inmediato.
—¿Que sucede? ¿Como entraste?.
—Lo intentaron otra vez...—susurro, temblando y mirando a cualquier otro lugar que no fuera el rostro del contrario.—Ellos intentaron llevarme de nuevo allí para hacerlo... Y-Yo... Tuve que huir y... Vine aquí porque yo...
—Shh... Bien, entiendo.—tomó sus brazos, deslizando sus manos con suavidad para suspirar.
Estaban marcados, fuertemente con golpes y marcas rojas de forcejeo, no dudaba que el resto de su cuerpo se encontraba en las mismas condiciones.
Le abrazo con lentitud y suavidad, arrullándolo en su pecho, dejando que el pequeño dejara finalmente salir su llanto contra su cuerpo.
Zitao merecía muchas cosas, pero ninguna de las que estaba recibiendo las merecía.
Suspiró con suavidad, acariciando su plano vientre mirando a la nada.
—¿Se puede entrar?.—giro a la puerta, viendo a Jackson quien había asomado su cabeza tras tocar.—Creo que no.
—No, está bien.—Zitao apenas sonrió, caminando a su cama para colocarse una camisa de vestir, después de todo quería lucir más presentable para los Wang.—¿Sucede algo?.
—Eso te quiero preguntar.—Jackson se acercó, ayudándolo a ponerse la camisa.—Hacia años que no veía estas cicatrices...
—Hacía años que ni siquiera nos veíamos.—ambos se miraron un momento antes de que Jackson bufara divertido, empezando a abotonar la camisa del contrario.
—Tienes razón. Pero jamás pensé verte así.
—¿Así?.
—Tan cambiado.—confesó, arreglando el cuello de su camisa.—Aún recuerdo al chico risueño que siempre sonreía al ver a Yifan. ¿Ahora?.—Jackson resopló divertido, terminando de acomodar su camisa.—Parece que quieres romperle la nariz cada vez que lo ves.
—Tengo razones para querer hacerlo.
—Y no dudo de cada una de ellas.—Jackson dejó sus manos en su cintura, mirándole con calma.—¿Pero no crees que por algo él está aquí?.
—Es por su madre, por no querer volver.
—Sin duda no conoces a Yifan luego de todo este tiempo, son desconocidos el uno para el otro.—Jackson suspiró, moviendo sus hombros en busca de soltar tensión.—Intenta mantener un perfil bajo, buscamos que nadie te mate, Tao.
—No me trates como un niño.
—Para mi, sigues siendo aquel niño.—Jackson le dio un golpecito con su índice al nivel de su vientre. Las mejillas del más delgado enrojecieron y cubrió la zona avergonzando.—Amable y risueño.
—Cállate.
—No me mandes a callar.—jalo su nariz haciéndolo quejarse antes de ambos reír divertidos.
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