El Berserker Más Fuerte

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Aunque nunca me gustó el té, la señora Ishtar era amable… y seguro me golpearía si le decía que para mí sabía a agua hervida.

Estaba reflexionando sobre todo lo que me había contado cuando, desde afuera, se escuchó la voz de Enzo gritando con urgencia.

—¡Alois! ¡Tengo la carne de Ningyo! ¡Vámonos de aquí!

Me levanté de inmediato.

—M-muchas gracias por el té, señorita, pero creo que debo—

—¡Apresúrate, niño! —me cortó Ishtar—. ¡Parece que los siguen!

Salí corriendo. Midna se unió a mí en cuanto crucé la puerta. Enzo apenas se detuvo un par de segundos y me mostró un trozo pequeño de carne cruda.

—¡Cómela!

—¡Está cruda!

Antes de que pudiera negarme, me la metió a la fuerza en la boca. Tragué sin pensar, asqueado. El sabor era horrible, tan intenso que casi me hace vomitar.

—¿¡Te la tragaste!?

—¿Qué era eso? ¿Por qué nos siguen?

—Sirena. Eso te vuelve inmor—

No terminó la frase. De pronto todo se volvió negro, como si alguien hubiera apagado mi mente. Un dolor insoportable me atravesó el cuerpo, peor que cualquier herida que recordara.

Cuando recobré la conciencia, vi a Enzo con una flecha ensangrentada en la mano, mirándome con una mezcla de sorpresa y alivio.

—¡FUNCIONÓ!

Entonces lo entendí: me acababa de regenerar.

—¿Te robaste eso, Enzo?

—A una mafia muy poderosa del subterráneo, sí.

A nuestras espaldas, una multitud de hombres armados avanzaba entre gritos. Llevaban armaduras pesadas, lanzas, espadas y todo tipo de equipo de guerra.

Seguimos corriendo hasta divisar la salida. Enzo iba al frente, pero yo me detuve.

—¿¡Qué haces!? —gritó sin dejar de correr.

—Sigue tú. Yo me encargo de ellos.

Si ahora era inmortal, ya no tenía nada que temer. Por primera vez me sentí lo bastante fuerte como para quedarme a pelear.

Mientras Alois se giraba hacia los perseguidores, Enzo no pudo evitar que los recuerdos lo alcanzaran.

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Estoy esperando a mi madre.
Ella simplemente me dejó aquí y se fue.
No sé cuánto tiempo ha pasado. Tengo hambre y sueño. Solo llevo estas ropas viejas y sucias. Estoy cansado… y tengo miedo.

Supongo que ya no va a regresar. Mamá siempre estaba preocupada o molesta. Quizá se cansó. Quizá se cansó de su molesto hijo.

No puedo evitar llorar al pensar que no la veré nunca más. Esa mujer era cruel… pero aun así la amaba. ¿Ella no me amaba a mí?

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