El olor de la comida de la señora Charlotte por la mañana era tan fuerte y delicioso, que sería capaz de levantar a un muerto.
Yo no lo estaba, pero me había faltado poco. Habían pasado varios días ya y apenas podía levantarme de la cama cojeando, pero el hambre esta vez era más fuerte.
Salí de mi habitación y bajé al comedor de la señora Charlotte, quien me recibió con una sonrisa enorme.
—¡Mi niño! ¿¡Ya puedes levantarte!?
—Eso creo, honestamente la cama cómoda ha sido de mucha ayuda.
—Era lo menos que podía hacer por tí luego de que cuidaras de mi muchachita. Por cierto ¿Tú sabes donde se ha metido?
—Honestamente no la he visto desde que desperté de mi pelea.
—Yo... ya tengo un par de días sin verla. La he entrenado yo, sé que es fuerte... pero aún me preocupa.
—Si llego a verla, la enviaré con usted ¿De acuerdo?
—Cuento contigo.
Ordené unos huevos para mi desayuno y un poco de café, pero al momento de pagar noté algo importante: Me estaba quedando sin dinero.
Sin dinero, con mi armadura destruida y sin espada, mi única opción se reducía... a Enzo.
Tras desayunar salí de camino a la herrería de Angélica donde usualmente también estaba Enzo por el día. Aveces durmiendo, aveces ayudandole o simplemente haciendole compauñia.
Caminé entre las calles y callejones de el mágico pueblo y finalmente llegué a una modesta tienda.
Angélica no era la herrera más famosa de la ciudad, pero sé que su cantidad de clientes estaba aumentando lentamente ya que un famoso herrero de la zona se había retirado.
Entre a la tienda y Enzo estaba atendiendola, talvez Angélica estaba en la forja.
—¿Te has recuperado ya?
Yo asentí con la cabeza y al escuchar la voz de Enzo, Midna salió de mi cuerpo y voló hacia él.
—¡Enzo!
—¡Hola pequeña! —respondió con una enorme sonrisa.
Midna se sentó sobre el cabello de mi maestro.
—¿Que te trae por acá, Alois?
—Quería ver a mi maestro después de mi tiempo en recuperación.
—Llegué a visitarte cuando aún estabas dormido ¿sabes?
—Me lo dijo Midna, sí.
—¿Dónde está mi espada, Alois?
Entre en pánico al recordar que este estaba furioso por perderla.
—M... maestro, sé que cree que yo la rompí, pero...
—Tú la rompiste. Fue el primer obsequio que me dio Angélica, te la confie a tí y tú la rompiste.
—N...no maestro, lo que pasa es que ella tomo la espada con los dedos y...
Enzo golpeó el estante de madera desde donde me estaba hablando y me miró con enojo.
—¡Te enseñé a ser responsable con tu equipo! ¡Era tú espada, no de ella!
Me quedé en silencio y él se dejó caer en la silla de madera que tenía detrás.
—Fuiste a una pelea innecesaria en tu necedad para luego casi morir ahí, y luego casi matar a la chica de las plumas.
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Battlefox
FantasiaEstaba muriendo solo, atrapado en su propio cuerpo. Despertó en un mundo que solo respeta la fuerza. Alois no busca ser héroe. Busca volverse tan peligroso que nadie vuelva a decidir por él. A su lado viaja Midna, un hada que lo sigue por voluntad p...
