Era una tarde tranquila en el restaurante de Charlotte. Los rumores ya corrían por todo el pueblo: una mesera y un aventurero enmascarado habían derrotado a uno de los Generales del Rey Demonio.
Cada versión era más exagerada que la anterior. Algunos hablaban de un héroe con el rostro desfigurado; otros, de un espíritu vengador. Nadie mencionaba mi nombre.
Enzo casi se atraganta cuando se lo contamos.
—Espera… ¿¡cómo que mataron a un General del Rey Demonio!?
—Básicamente —respondí.
—No fue gran cosa —añadió Zoe—. Solo estuvimos a punto de morir… como dos veces.
Charlotte soltó una carcajada y nos rodeó a los dos con los brazos.
—¡Estoy orgullosa de ustedes! Vamos, celebremos, hijos míos.
Algunos días después, la rutina había vuelto. Yo estaba sentado en mi lugar habitual cuando Zoe se acercó con una sonrisa demasiado amable.
—¿Qué tal, Alois? ¿Quieres una taza de café?
La miré con recelo.
—Bien, basta de eso.
—¿De qué hablas?
—De esto. Pasaste de tratarme como basura a tratarme como si de verdad te cayera bien.
Zoe se encogió de hombros.
—Solo estoy siendo amable.
—Has estado rara desde lo del calabozo.
—Entonces… ¿quieres que te trate mal otra vez?
—¡Sí!… O sea, no. Es solo que—
—¿Has visitado el gremio últimamente? —me interrumpió—. Escuché que esta mañana apareció un castillo al oeste del bosque.
Fruncí el ceño.
—¿Un castillo? ¿Por eso está todo el mundo tan agitado?
—¿Quieres ir a echar un vistazo?
Antes de que pudiera responder, ya estaba gritando hacia la cocina:
—¡Mamá! ¿Puedo ir con Alois a ver el castillo?
—¡Diviértete, cielo! —contestó Charlotte sin ni siquiera asomarse.
Zoe se quitó el delantal, se colocó la máscara y salimos juntos.
Por las calles, la gente nos miraba y murmuraba. El rumor del “héroe enmascarado” había crecido tanto que ya casi era una leyenda. Escuchaba fragmentos mientras caminábamos:
«Dicen que aparece donde hay peligro…»
«Dicen que un demonio le comió la cara…»
Si supieran la verdad, probablemente se reirían. Aun así, no podía negar que me gustaba un poco.
El castillo se alzaba sobre una montaña al oeste del bosque. Había aparecido de un día para otro y estaba rodeado de trampas mágicas.
—Tiene una cantidad absurda de protecciones —comentó Midna, que por fin se atrevía a mostrarse delante de Zoe.
—¿No sería más fácil poner una barrera? —preguntó Zoe.
—Una buena barrera necesita un flujo constante de maná. Si no lo hay, se rompe.
Nos tomó un rato cruzar las trampas. Al final nos deslizamos por una ventana.
El interior estaba vacío. Caminamos en silencio hasta llegar a una enorme sala central. Midna bostezó.
—Qué aburrido.
—Puede que lo hayan abandonado —dije.
—Excelente observación —replicó Zoe con sarcasmo—. Si no lo hubieras dicho, jamás se me habría ocurrido... Tú querías que te tratara mal, ¿no?
En ese preciso momento, Midna se tensó.
—Siento una presencia enorme. Es muy peligrosa.
Todas las cortinas cayeron a la vez. La sala quedó a oscuras. Un chasquido iluminó el lugar de golpe.
—¿Quién se atreve a invadir mi castillo?
Una mujer de cabello blanco y vestido rojo apareció en el centro de la sala. Su presencia era aplastante.
—Mi nombre es Alouqua. Soy la Reina Vampira… y la Primera General del Rey Demonio.
Desenvainé la espada por reflejo.
—¿Crees que puedes derrotarme? —preguntó ella, casi divertida.
—Lo haré si es necesario.
—Entonces inténtalo.
Cargué. Esquivé el primer golpe por milagro. Zoe lanzó sus plumas, pero rebotaron sin hacer daño. Alouqua sonrió y, con un movimiento casi perezoso, me golpeó el hombro.
El impacto me mandó volando contra la pared. La hombrera de mi armadura se hizo pedazos. El dolor me nubló la vista.
—¿Qué es esa cosa tan fea y desgastada? —comentó, mirando la armadura rota—. Debes de ser bastante fuerte para usar algo tan ligero… pero yo estoy en otro nivel.
Sabía que tenía razón. Un solo golpe más y estaría muerto. Le pedí a Midna en voz baja que fuera con Zoe y preparara un hechizo de teletransporte.
Mientras el hada se alejaba, me puse de pie tambaleante y la miré.
—Usted es muy fuerte.
—Entonces ¿por qué sigues peleando?
—Para proteger a quienes me importan.
Alouqua negó con la cabeza, casi con lástima.
—Los cementerios están llenos de valientes estúpidos. Y tú no eres valiente.
Se preparó para el siguiente golpe. En ese instante Zoe gritó:
—¡Listo!
Corrí hacia ellas a toda velocidad. Alouqua salió tras de mí como una sombra. Zoe y Midna brillaron al mismo tiempo. En el segundo exacto en que las toqué, el hechizo se activó.
Desaparecimos.
En el restaurante, Enzo y Charlotte bebían en la barra cuando aparecimos de golpe, jadeando y con la cara desencajada.
—¡Una vampiresa! —grité—. ¡La Primera General del Rey Demonio!
Enzo se puso serio de inmediato.
—Oh, no…
¡CONTINUARÁ!
ESTÁS LEYENDO
Battlefox
FantasiaEstaba muriendo solo, atrapado en su propio cuerpo. Despertó en un mundo que solo respeta la fuerza. Alois no busca ser héroe. Busca volverse tan peligroso que nadie vuelva a decidir por él. A su lado viaja Midna, un hada que lo sigue por voluntad p...
