Han pasado dos semanas desde que Alois cayó dormido.
---
Abrí los ojos con un sobresalto.
El techo era desconocido, el aire olía a madera vieja y un poco a polvo. La luz se colaba perezosa entre las cortinas, bañando una figura sentada junto a mi cama: Zoe, con la cabeza apoyada en el colchón, dormida. Su respiración era irregular, como si ni siquiera al dormir lograra descansar.
Intenté incorporarme, el cuerpo me respondió con un grito. Un dolor insoportable atravesó cada músculo, como si algo dentro de mí se hubiese roto y tratado de volver a pegarse a la fuerza. Mi quejido bastó para que ella y Midna despertaran.
—¿¡Alois!? —Midna voló hacia mi rostro, sus ojos casi al borde de las lágrimas—. ¡Finalmente despertaste!
Zoe levantó la cabeza. Tenía ojeras profundas, un hombro vendado y la mirada perdida.
Me observaba, pero no parecía feliz.
—Parece que... finalmente despiertas —murmuró.
—Lo estoy, pero... ¿qué ocurrió?
—¿No recuerdas lo que pasó? —preguntó Midna.
Negué con lentitud.
Zoe cruzó los brazos.
—¿Desde qué parte no recuerdas? ¿Desde antes de la pelea o desde que despedazaste a esa mujer?
—¿Que yo hice qué...?
Midna alzó la voz.
—Fue brutal. Usaste la habilidad de Enzo y te volviste loco. Golpeabas tan fuerte como ella, pero eras puro instinto, como una bestia acorralada.
Zoe bajó la mirada.
—La mataste, Alois. Luego me atacaste a mí cuando intenté hacerte entrar en razón.
Se quitó la venda del hombro.
Una marca de mordida deformaba su piel. Mis ojos se abrieron de par en par; el aire se me fue del cuerpo. No recordaba nada, solo destellos… rabia, calor, oscuridad.
—¿De verdad no recuerdas nada? —preguntó ella.
—Un poco… —dije con la voz quebrada—. Creo que recuerdo cómo me sentía.
—¿Y qué sentías?
---
Para cuando me desmayé, ya no era yo.
Solo quedaba furia.
Podría haber destruido al mundo entero y habría sonreído haciéndolo.
Cada golpe, cada grito, me liberaba.
Y en medio de todo, una ola de placer me atravesó… como si por fin hubiera soltado todo lo que me pesaba.
---
—Supongo que… me sentía bien —dije—. Como si el cuerpo se moviese solo.
Zoe soltó una risa breve, sin alegría.
—Me alegra que lo disfrutaras, pero no vuelvas a hacerlo. No mientras esté cerca. No es una habilidad que puedas controlar.
—Zoe, yo solo…
—No. Tuvimos suerte de que Enzo interviniera. Quizás la próxima vez yo no la tenga.
Me quedé en silencio. Saber que una fuerza tan grande dormía dentro de mí, pero que podía volverme un peligro para los demás, me afligia.
Ella debió notarlo, porque sin aviso se inclinó hacia mí y me mordió en el hombro.
ESTÁS LEYENDO
Battlefox
FantasyEstaba muriendo solo, atrapado en su propio cuerpo. Despertó en un mundo que solo respeta la fuerza. Alois no busca ser héroe. Busca volverse tan peligroso que nadie vuelva a decidir por él. A su lado viaja Midna, un hada que lo sigue por voluntad p...
