Corrí hacia el primero que vi y lo golpeé con todas mis fuerzas.
Mientras caía, una flecha me atravesó el cuello: un dolor infernal. Me la arranqué y la herida se cerró en un instante.
Al verme así, la mayoría de esos sujetos huyeron como ratas.
Ahora me tocaba a mí hacerlos sentir dolor.
—¡Midna! —grité.
—¡Megáli óthisi! —respondió ella.
En cuanto pronunció la palabra, sentí que podía moverme con una facilidad enorme. Salté entre los techos de adobe siguiéndolos, me lancé sobre el primero que encontré y lo tumbé; lo golpeé hasta que dejó de moverse. Los seguí, los cazé uno por uno hasta que no quedó ninguno en pie.
Cuando terminé, regresé con mi maestro con una calma que me sorprendió incluso a mí. Al salir de la ciudad, el cielo ya se estaba tiñendo de noche.
Volvimos al bar de Charlotte; el ambiente estaba tenso, la gente asustada. Habían corrido rumores de que un vampiro rondaba muy cerca del pueblo y todos temían ser devorados. Un vampiro era un ser devastadoramente poderoso; no cualquiera se atrevía a enfrentarlo.
Al entrar, encontré a Zoe lista para la misión: ballesta que disparaba estacas de madera, collar de ajos, daga de plata y una cruz enorme colgando del pecho.
Me quité lo que quedaba de la armadura y se la entregué a mi maestro; me quedé solo con la espada. Llevaba la misma camiseta y pantalón que él me había regalado.
—¿Qué haces? —preguntó Zoe.
—Es lo que queda de la armadura vieja de Enzo... aunque no creo volver a necesitar una—respondió Alois, seco.
—Pero te matará de un golpe si no la usas.
—Ahora soy inmortal, así que nunca más la necesitaré.
Zoe me miró, incrédula.
—…¿qué?
Le mostré la palma, me hice un pequeño corte y lo cerré al instante. No es que no sintiera dolor —lo sentí—; pero después de tanto sufrimiento en tan poco tiempo, aquello no era nada.
Zoe estuvo a punto de soltar la ballesta de la impresión.
—¿¡Cómo hiciste es—?
—Vamos por esa perra. —Corté su pregunta.
—¿Tu maestro no viene? —preguntó Zoe, aún ajustándose el collar de ajos.
—No. Dice que esto es asunto mío y que no intervendrá.
—Ya veo…
Mientras corríamos hacia el castillo, Midna se sentía callada e incluso, pensativa.
—Tu cuerpo… se siente diferente.
—Lo sé. —Respondí—. Ahora que soy inmortal, ¿qué notas distinto en mí?
—Una enorme cantidad de maná recorre tu cuerpo —dijo Midna, concisa—. Es… extraño, no se siente como si fuese tuyo pero está ahí.
Asentí, sin añadir más.
Era medianoche cuando llegamos al castillo. Entramos sigilosos y avanzamos hasta el centro. Entonces las luces se encendieron y la vampiresa se mostró.
—¿Mmh? —dijo—. No esperaba que vinieras.
Me acerqué decidido a terminar con ella.
—Lo diré solo una vez: acabaré con tu vida aquí y ahora.
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Battlefox
FantasiEstaba muriendo solo, atrapado en su propio cuerpo. Despertó en un mundo que solo respeta la fuerza. Alois no busca ser héroe. Busca volverse tan peligroso que nadie vuelva a decidir por él. A su lado viaja Midna, un hada que lo sigue por voluntad p...
