Abrí los ojos con dificultad, alcanzando a ver la hermosa luna llena bañando con su brillo la cubierta del barco.
A mi lado estaba el agujero que había dejado mi cuerpo tras recibir el golpe del sujeto gigantesco que acompañaba a Miss.
Lo vi abrir aún más la madera del barco con su cuerpo, de un salto, siguiéndome.
Me levanté con dificultad, adolorido por batallas anteriores y por el golpe brutal que acababa de recibir. Me sentía como si un camión me hubiese pasado por encima.
El aire olía a madera rota y pólvora. El barco crujía con cada movimiento del gigante, como si estuviera a punto de partirse en dos.
El tipo me observaba sin moverse, con esos ojos encendidos que no conocían la compasión.
—A ti... parece que te gustaba Mortal Kombat, ¿eh? —bromeé, tosiendo sangre por la potencia del golpe.
El tipo soltó una risa grave; aparentemente entendió el chiste. Le duró poco. Su rostro cambió y empezó a avanzar, lento, decidido.
Intenté ponerme en guardia, pero mis piernas temblaban más que la cubierta bajo nosotros.
No sentía el brazo izquierdo. Solo el sabor metálico de la sangre llenándome la boca.
—Alois, mantén la calma. Respira y pelea con técnica. No puedes ganarle con fuerza bruta.
Midna podía notar mi nerviosismo; quizá ella también estaba aterrada de ese monstruo.
Recogí mi espada del suelo, que había caído justo detrás de mí. Respiré hondo, cerré los ojos y me dejé caer de rodillas.
Midna gritó mi nombre aterrada, pero su voz se fue desvaneciendo a medida que mi concentración crecía.
Me levanté de golpe y lancé un corte directo a su cuello. El gigante atrapó la espada con sus dedos.
Sin soltarla, giré mi cuerpo y le propiné una patada al rostro y otra al brazo, logrando que la hoja se deslizara y le cortara la palma.
Antes de que tocara el suelo, el general me golpeó con tal fuerza que me levantó en el aire, rompiendo el mástil mayor con mi cuerpo. Caí sobre las velas horizontales.
Intenté incorporarme, pero apenas pude arrodillarme. Desde ahí lo vi correr con una furia brutal, quebrando los mástiles del barco uno tras otro.
Caí junto a las velas. Mi cuerpo estaba al límite; apenas podía respirar. Solo me quedaban un par de golpes antes de colapsar.
El general parecía disfrutarlo. Jugaba conmigo, como un gato con su presa.
—No voy a matarte —gruñó con una voz ronca y profunda—. Pero mi señora sí que va a terminar con esa chica.
—Zoe es bastante fuerte. Yo estaría preocupado por la loca esa si fuese tú —respondí, intentando sonar valiente.
—El rey entenderá si solo llevo tu cadáver destrozado.
Corrió otra vez contra mí, buscando atraparme. Pero pude ver a través de su intención.
Midna entendió mi plan: reforzó mi espada con un hechizo que aumentó el filo de la espada, pero apenas logré rebanarle los dedos índice y anular, arrancándole un anillo justo antes de que me golpeara y me lanzara contra el castillo de proa.
Algo cambió en ese instante. El aire se volvió más liviano, como si una carga invisible se hubiese disuelto.
El general se detuvo, furioso. Miró su mano, notó lo que faltaba… y de pronto, comenzó a reducir su tamaño. Su cuerpo se desinflaba, como si el poder se escapara de él.
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Battlefox
FantasiEstaba muriendo solo, atrapado en su propio cuerpo. Despertó en un mundo que solo respeta la fuerza. Alois no busca ser héroe. Busca volverse tan peligroso que nadie vuelva a decidir por él. A su lado viaja Midna, un hada que lo sigue por voluntad p...
