Capítulo 9

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El sábado casi al anochecer, Candy regresó a la Casa Magnolia después de haber pasado una tarde muy amena con sus amigos.

Dos personas ocupaban su mente:

Primero, el tío William. Le preocupaba lo que Archie había dicho acerca de su estado de salud y posible cercanía a la muerte, le pedía a Dios que lo dejara vivir el tiempo suficiente para poder agradecerle por todo lo que había hecho por ella, ¿dónde estaría de no haber sido por él?... En México muy posiblemente, trabajando de sol a sol y en condiciones precarias.

Segundo, pensaba en Albert. Se preguntaba, ¿cómo serían las cosas ahora que ella regresara al departamento?, después de todo se había despedido de ella esa misma mañana con un beso en los labios y ahora ¿qué pasaría? De solo pensar en las posibilidades se le contraía el estómago.

Candy llegó a la Casa Magnolia y no vio luz en el departamento, pasaban de las siete de la tarde y había pensado que Albert ya estaría en casa para entonces, ¿tal vez ya había regresado a trabajar al restaurante?... Abrió la puerta y Poupée salió de repente de su escondite, saltando a sus brazos de inmediato.

ー¡Poupée!, ¿has estado sola todo este tiempo?, cuanto lo siento, espero que al menos hayas salido a pasear un poco. Ven conmigo, esperemos a Albert leyendo en el sillón.

******

William había pasado la tarde también en la mansión Ardlay. Después de terminar de platicar con la tía Elroy, él y George habían charlado un poco más en la oficina al mismo tiempo que revisaban unos papeles importantes. William le dio más detalles de cómo quería que fuera el automóvil que le había pedido conseguir y después, se había retirado a su recámara mientras George hacía más llamadas a los talleres mecánicos de la zona.

«Hubiera sido mucho más fácil que William tomara simplemente uno de los autos que ya tiene en la mansión, a que me haga conseguirle uno barato y apenas en servicio», pensaba George.

Una vez en su recámara, William había repasado sus pertenencias y había encontrado en su caja fuerte parte de su correspondencia personal, la cual aún no había leído; imaginaba que George las había colectado y salvaguardado durante el tiempo que él estuvo desaparecido. La mayoría de la correspondencia era de Candy y de sus sobrinos, todas dirigidas al tío William, y debajo del puñado de cartas pudo ver un paquete en forma de libro, envuelto cuidadosamente en un papel blanco, y sobre él una nota que decía:

Por favor, entreguen este diario al señor William A. Ardlay

Inmediatamente reconoció la escritura de Candy y lentamente lo desenvolvió. Era el diario que él mismo escogió para ella cuando la había enviado al Colegio San Pablo, solo que ahora incluso las letras doradas con su nombre estaban ligeramente desgastadas. Dudaba si debía leerlo o si quería hacerlo, pero al releer la nota entendió que si Candy se lo había enviado, era precisamente porque ella quería que lo leyera, ¿tal vez había escrito algo especialmente para él (el tío William) ahí dentro? ¿O tal vez hacía mención de su amigo "Albert" en alguna de sus páginas?

Lo hojeó ligeramente y decidió leer pedazos de aquí y de allá, en ese instante no tenía tiempo de leerlo completo, tal vez sería bueno enviarlo a la caja fuerte de su oficina en el Banco de Chicago, estaba seguro de que terminaría pasando mucho más tiempo ahí que en la mansión. Pero aprovecharía el tiempo que tuviera antes de regresar al departamento para leer un poco, así que saliendo a la veranda se sentó en una de las sillas y subió sus pies sobre la mesita frente a ella. Le encantaba la vista que tenía del bosque, del lago y al parecer no tenía que temer ser descubierto, no veía que Candy, Archie, Annie o Patty siguieran aún del otro lado.

Siempre te esperéDonde viven las historias. Descúbrelo ahora