ーTe ves hermosa, como siempre ーle dijo William, al oído.
ーMuchas gracias ーcontestó ella, un poco ruborizadaー. Tú también te ves muy guapo.
ーGracias. ¿Cómo te sientes?
ーFeliz de poder reunirme con personas tan queridas para mí y a quienes hacía tanto que no veía... pero también muy nerviosa.
ーNo te preocupes, todo saldrá bien. Estarás estupenda y yo estaré a tu lado, y si por algún motivo tengo que ausentarme, ya le pedí a George que no te deje sola.
ーLo vi un poco cansado, ¿se siente bien?
ーNo le he preguntado, ¿qué notaste?
ーNo sé, me pareció que no era el de siempre, espero que no se esté enfermando ーdijo ella, un poco preocupada.
ーGeorge nunca se enferma, de seguro solo está cansado por tanto viaje. Vamos Candy ーle dijo, ofreciéndole su brazoー, me han pedido que corte el listón para dar comienzo a la inauguración.
ー¿Y crees que sea bien visto que me lleves del brazo?
ー¿Y por qué no iba a ser bien visto? Eres parte de la familia Ardlay, no hay motivo por el cual puedan pensar algo más.
ーEso espero... la tía abuela nos lo advirtió muchas veces.
ーCréeme que no lo he olvidado.
William y Candy se acercaron a los anfitriones, a quienes Candy hizo una pequeña reverencia para después saludarlos con suma cortesía:
ーBuenas noches señores Lagan, les estoy profundamente agradecida por su invitación, es un honor asistir a la inauguración de un hotel tan magnífico como este.
ーEl gusto es nuestro, ¿señorita...?
ーCandy... soy Candice White Ardlay, señor Lagan.
Tanto Raymond como Sara se quedaron mudos, tratando de comprender lo que la dama frente a ellos les decía. Se habían dado cuenta de que William llevaba del brazo a una señorita de la alta sociedad y pensaron que era una invitada más, pero nunca les pasó por la mente que pudiera ser Candy.
De alguna forma siempre habían reconocido que Candy tenía gracia. Pero ahora viéndola ahí atrayendo miradas por doquier, con su figura, vestir y elegancia, tan distinta a como ellos la recordaban aún y cuando la habían visto apenas unos meses atrás en el memorial de Stear en Lakewood, les costaba trabajo internalizar que se trataba de la misma persona que algún día enviaron a dormir al establo.
Eliza y Neal parecían aún no haber llegado, solo esperaban que ninguno hiciera una escena frente a todos los invitados cuando reconocieran a Candy... si es que la podían reconocer.
ーCandice... discúlpanos por favor, por un momento no te reconocimos ーdijo el señor Laganー. Es un gusto que puedas acompañarnos, ¿verdad Sara?
ーPor supuesto... Bienvenida ーcontestó Sara casi entre dientes, mientras se forzaba a sonreírle amablemente.
ー¿William, estás listo para hacer los honores? ーle preguntó Raymond.
ーClaro, cuando tú me digas.
Raymond le entregó una de las tijeras a William, mientras él soltaba del brazo a Candy para acercarse a donde estaba el listón conmemorativo. George de inmediato se acercó a su lado para no dejarla sola, y ambos se unieron a la vasta concurrencia.
Todos los invitados se habían reunido en la parte exterior del hotel, parados sobre una enorme alfombra roja. En lo alto de las escaleras que enmarcaban la entrada principal, estaba ya preparado un grueso listón de raso rojo, frente al cual se colocaron William y Raymond. El segundo se dirigió a los invitados diciendo:
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Siempre te esperé
Fanfiction¿Qué pasaría si Candy le confiesa su amor a un Albert recién recuperado? Albert ha sido el salvador de Candy en más de una ocasión, aunque ella solo recuerda una de esas veces. Años después de esto, durante la Primera Guerra Mundial, Albert sufre un...
