Capítulo 22

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ー¿Un paquete... de parte de quién es?

Candy regresaba de su trabajo en la Clínica Feliz cuando vio un enorme paquete recargado en la puerta de su departamento y se acercó... ¿quién podría estar enviándole correspondencia? Su curiosidad era demasiada y lo tomó en sus manos, el paquete aunque grande en dimensiones no era demasiado pesado, ¿qué podía ser?... Así que sin más, lo acercó a ella y leyó el remitente

Señorita Candice W. Ardlay

En el frente solo estaba su nombre y su dirección, pero esa letra, esa letra le parecía conocida, ¡y al darle vuelta a la caja lo vio!... Su nombre, el que había pronunciado inumerables veces durante  esos últimos meses tanto dormida como despierta, acompañado de llanto, nostalgia, anhelo...

ー¡Albert, es de parte de Albert!! Y lo envía desde Rockstown, pero no está escrita la dirección completa, ¿en dónde está Rockstown?

Candy ni siquiera abrió la puerta del departamento, ahí mismo en el pasillo con manos temblorosas, le desató el cordón de yute a toda prisa y desenvolvió el paquete de su papel de estraza, sacando de dentro una hermosa caja proveniente de lo que era obviamente una fina boutique. De pronto decidió que no quería sacar lo que hubiera ahí adentro en ese pasillo, en donde los vecinos pudieran observarla, así que abrió la puerta y recogiendo el cordón, el papel y la caja entró a su departamento y se dirigió al sillón.

Observó la caja unos segundos más, pasando sus manos por su suave y brillosa superficie, la abrió con sumo cuidado y fue pelando poco a poco, capas y capas de papel de seda impreso en patrones de flores de colores pastel e hilos dorados, hasta que por fin llegó a su contenido, se quedó sin aliento y estiró sus manos para acercarlo a ella.

Era un abrigo de primavera hermoso y de finísima calidad, sus dedos podían sentirlo y no solo eso, era de su color preferido. ¿Cómo era posible que Albert pudiera permitirse pagar por ese lujo?, un abrigo así tendría que costar al menos más de la mitad de lo que su salario anterior de lavaplatos le había pagado por mes. Pero al sacar la nota de la caja y leerla, todas sus preguntas se esfumaron y toda esa angustia que había sentido desde su partida se le embotó en su cara en forma de ilusión sonrojada:

Candy,

Un regalo adelantado para la primavera.

Pensando en ti donde quiera que estoy...

Albert.

«¡Albert! ¿De verdad me extrañas tanto como yo a ti?... Iré a buscarte a este Rockstown, donde sea que esté. Espero que estés ahí, no te vayas por favor, espérame».

Sin pensarlo más, Candy salió de inmediato a la estación de tren, tenía que investigar en dónde estaba ese tal Rockstown y planear su viaje, no podía esperar más. ¡Podría ver a Albert!... ¿Tal vez podría convencerlo de regresar? Le hacía falta, necesitaba respirar de nuevo.

Patrick la seguía de cerca, tenía indicaciones explícitas de reportarle a su jefe cualquier movimiento de la señorita Candy con respecto a un paquete que recibiría, especialmente si se trataba de algún viaje o alguna visita a la estación de tren para comprar un boleto. Y parte de sus indicaciones era que él también debía de comprar un boleto en el mismo tren hacia el mismo destino, seguir todos sus movimientos y asegurarse de su seguridad.

********

Después de una noche de gran expectativa y poco sueño, Candy despertó temprano y se arregló. Por fin desarrugó el vestido que había comprado para el día de Acción de Gracias y que no había podido usar, y sobre él se vistió el abrigo de primavera, a pesar de que aún faltaban unas semanas para que comenzara oficialmente y aún caían ligeras nevadas. Candy quería que cuando Albert la viera pudiera darse cuenta de que apreciaba su regalo, y que ella tal como la nota de él lo insinuaba, también pensaba en él continuamente y lo extrañaba.

Siempre te esperéDonde viven las historias. Descúbrelo ahora