Los rayos de sol se colaban por entre las cortinas de su habitación, esas últimas semanas desde que él se había ido de viaje, nada había logrado levantarla temprano. Si bien lo extrañaba como nunca, Candy siempre había disfrutado el poder dormir un poco más y ahora que se sentía más cansada que de costumbre, era para ella una verdadera delicia el quedarse unos minutos más acurrucada entre las cobijas de su cama.
Desde que Rose Elroy se había unido a sus hermanos para estudiar en el Real Colegio San Pablo, William y Candy habían decidido dejar su propiedad en Mayfair, para mudarse permanentemente a la que hasta entonces había sido solo su residencia de verano, la cual, localizada entre Glasgow y Edimburgo, era poseedora de una hermosa vista del río Avon y les permitía disfrutar de la exuberante naturaleza escocesa. [16]
Aunque los Ardlay seguían utilizando de vez en cuando su villa en Edimburgo, así como otras en diversas localidades de Europa, no habían podido resistir la tentación de comprar esa residencia, con la cual se habían topado casi sin querer durante uno de sus viajes. Para ellos, que preferían la sencillez a la opulencia, el lugar era perfecto: una residencia localizada sobre una colina, a las orillas de un río, con un jardín grande pero no de dimensiones desproporcionadas y con el espacio suficiente para hacer de la propiedad una sumamente elegante, pero a la vez acogedora y sobria.
Las empresas Ardlay-Cornwell-Villers, como se había hecho llamar desde hacía casi una década, habían decidido vender a altos precios algunas de sus subsidiarias en Latinoamérica, reteniendo los negocios en el Reino Unido, Norteamérica y parte de la Europa continental. Archie y su familia continuaban radicando en Chicago, George se había mudado a Londres pero seguía viajando continuamente a Brasil, y el magnate William Albert Ardlay había decidido retirarse parcialmente de su posición en las empresas para disfrutar de su vida familiar, viajando por negocios solo cuando le era totalmente necesario, como en esa ocasión.
Candy no estaba segura si había sido un golpe en su puerta lo que la había despertado, o si simplemente había descansado suficiente. En definitiva Agnes, su ama de llaves, nunca la hubiera despertado mientras William no estaba, a menos que fuera por algo sumamente importante, y ese día de principios de primavera seguramente sería uno sin incidentes.
Cuando Candy decidió despertarse por completo, salió perezosamente de su amplia y mullida cama, dirigiéndose a la suite de baño para despejarse y cambiarse. Comenzaría con un buen desayuno y se encargaría del rosedal, que lleno de botones, comenzaba a florecer; las rosas eran las únicas flores de las cuales ella personalmente se hacía cargo y solo permitía que William le ayudara.
ーBuenos días, señora ーdijo Agnes, al verla descender por la antigua escalera de madera.
ーBuenos días, Agnes.
ーSu desayuno está listo y también ha llegado correspondencia para usted.
ー¿De verdad? ¿Algo desde los Estados Unidos? ーpreguntó Candy, con anticipación.
ーSí señora, la dejé sobre su escritorio.
Candy contuvo un poco la respiración deseando que fueran buenas noticias; esas últimas semanas desde que se había enterado de la enfermedad de la señorita Pony, lo único que había podido hacer era rezar por su pronta recuperación. Así que sin pensarlo, se dirigió directamente a la sala de estar en lugar de al desayunador.
ーSeñora, su desayuno.
ーGracias Agnes, pero no puedo. Necesito leer primero la carta.
ーSeñora, por favor. Usted sabe que no le hace bien estar en ayunas, sobre todo ahora que...
ーTienes razón ーinterrumpió Candyー. ¿Y dices que ya está listo?
ーSí, lo serviré de inmediato.
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Siempre te esperé
Fanfiction¿Qué pasaría si Candy le confiesa su amor a un Albert recién recuperado? Albert ha sido el salvador de Candy en más de una ocasión, aunque ella solo recuerda una de esas veces. Años después de esto, durante la Primera Guerra Mundial, Albert sufre un...
