Capítulo 26

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ー¡Candy!... ¿Estás bien, qué te pasa?

William corrió por fin hacía ella e hincándose a su lado la tomó de un hombro para ayudarla. Sus dedos sintieron la suavidad de su piel que tanto había extrañado, quería abrazarla, quería atraerla a él, besarla, pero podía ver que Candy era una maraña de sentimientos encontrados y no quería empeorar las cosas, tenía que irse con calma, tenía que ser paciente.

Candy aún temblaba como una hoja y tuvo que sostenerse de sus brazos para no desplomarse por completo.

ーMe sentí débil de repente... ーle contestó cuando por fin pudo encontrar su voz. 

ーCandy...

ーAlbert, yo... jamás habría imaginado que tú pudieras ser el tío William... ¿Por qué no me has dicho nada?... ¿Por qué?!

«¿Acaso ya habías recuperado la memoria cuando te besé en la Casa Magnolia!?... ¡Espero que haya sucedido mucho después de haber compartido todos esos besos contigo!... ¿Qué pasará ahora con nosotros?... Seguramente las cosas habrán cambiado por completo, seguramente por eso te fuiste dejándome solamente una carta seca de despedida... ¿Y ese dinero?... ¡Ese dinero, ahora lo entiendo todo!»

Candy quería hacerle todas esas preguntas pero no se atrevió, no sabía si quería saber la verdad, tal vez aún no... Y lo único que William pudo contestarle en ese momento fue:

ーLo siento mucho Candy, tenía mis motivos...

Candy comenzaba a entender cómo era que él siempre había estado en los momentos que ella más lo necesitaba, él siempre había sido tan amable...

«Me salvaste de morir ahogada después de caer de la cascada, ahí fue cuando nos encontramos por primera vez, ese día que pasamos juntos en la cabaña del bosque. Después me adoptaste y todos los días siguientes fui tan feliz, me parecía vivir en un sueño, fueron días hermosos los que viví con Anthony, Stair y Archie aquí en Lakewood. Aún cuando Anthony murió, fuiste tú quien me infundió el valor para continuar. Igual cuando murió Stair, cuando me separé de Terry, has sido tú quien ha estado siempre junto a mí; tú siempre me has protegido, has sido mi amigo, mi paño de lágrimas, mi confidente, mi hogar... Albert».

«Y ahora no solo eres Albert, eres el tío William, el hombre que me ha salvado de una vida de labores forzadas en México, el hombre que ha cumplido mi sueño de ser adoptada, quien me ha comprado tantos vestidos sabiendo mi talla a la perfección, quien me dio la mejor habitación en la Villa de Lakewood y después en el Colegio San Pablo, quien me ha apoyado en todas mis decisiones... Tú, tú eres todo para mí, pero a la vez, no sé exactamente qué eres ahora... ¿Cómo llamarte, cómo comportarme contigo?»

ー¿Por qué te fuiste de la Casa Magnolia sin despedirte, sin decirme nada?!... ¡Creo que he envejecido de golpe por tu culpa! ーle gritó Candy, aún con las mejillas húmedas.

William sonrió y poniéndose un poco serio le dijo con un dejo de coquetería:

ーPrefiero que parezcas un poco mayor a que te confundan con mi hermanita pequeña.

Candy se quedó sin saber qué contestar y William pudo ver que se le tiñeron las mejillas de rojo, así que decidió pararse a preparar el té, dejándola aún sobre la alfombra a que terminara de recuperarse y de procesar sus sentimientos.

ー¿Te sientes mejor? ーle preguntó desde la mesaー Prepararé el té, estoy seguro que te vendrá bien tomar algo.

ーEh... No, no, déjame, lo haré yo ーle dijo Candy, trastabillando al pararse y haciendo que las tazas golpearan unas con las otras cuando trató de sostenerlas; era obvio que no podía calmarseー. Yo, creo que aún no me recupero, mi corazón sigue latiendo muy rápido y... escucha, yo, ¿puedo por favor hablarte como al tío William?ー le preguntó mientras se acercaba a él y unía sus manos como en señal de súplica, para agradecerle.

Siempre te esperéDonde viven las historias. Descúbrelo ahora